Era Covid: Un par de enseñanzas de las muchas posibles

Al 2020 lo recordaremos como un año aciago, aunque si sabemos sacarle provecho, también podemos recibir grandes enseñanzas. Como ejemplo, sólo dos: Reconocer que el control sobre el entorno, los demás y nuestra propia vida es una...

25 de diciembre, 2020

Al 2020 lo recordaremos como un año aciago, aunque si sabemos sacarle provecho, también podemos recibir grandes enseñanzas. Como ejemplo, sólo dos:

Reconocer que el control sobre el entorno, los demás y nuestra propia vida es una ilusión. 

Encontrar maneras distintas de relacionarnos con nosotros mismos, con el entorno y con los demás.

Se termina –por fin– este extraño 2020. Un año que lo recordaremos por los enormes desafíos que nos planteó, y que en gran medida aún no están resueltos. Sin embargo, si sabemos sacarles provecho, pueden transformase en importantes enseñanzas.

Para no abrumar en una fecha como esta, me centraré sólo en dos posibles enseñanzas: 

La primera de ellas consiste en aprender a vivir en la incertidumbre. Nos rodeamos de bienes y de compromisos, hacemos planes y proyectos, nos sumergimos en relaciones poco saludables, saturamos nuestras agendas de tareas y quehaceres creyendo de ese modo tendremos control sobre los demás, sobre las circunstancias y sobre nuestra propia vida. Sin embargo, esa certeza no es otra cosa que una ilusión. No vayamos más lejos; si en la Navidad de hace un año alguien nos hubiese contado lo que ocurría en 2020, lo hubiésemos propuesto como candidato al psiquiátrico. 

Una pandemia, que si la vemos en abstracto es incluso de baja letalidad, nos restregó en la cara lo frágil que es nuestra supuesta vida segura, cómoda y organizada y lo sensible que son nuestras “poderosas” instituciones de salud, nuestros omnipotentes Estados y nuestra adorada sociedad capitalista de consumo. Nos permitió ver a nuestros líderes al desnudo, con sus contradicciones y sus miedos, nos quitó la venda de los ojos acerca de lo inútil y agotador que resulta luchar contra las fuerzas de la naturaleza.  

Ahora bien, todo lo anterior no es producto de un accidente aislado y extraordinario, de un castigo divino, de un “cisne negro” incomprensible que trastocó a la civilización humana, a la manera de las películas apocalípticas donde una invasión extraterrestre, un fenómeno natural imposible o un meteorito gigante destruye la paz mundial, hasta que la sagacidad, el valor y los talentos extraordinarios de Bruce Willis “desfacen el entuerto”. Lo ocurrido en 2020 no es equivalente al inverosímil escenario en el que se funda, por ejemplo, la serie de televisión The Walking Dead, donde de pronto, sin razón aparente –o cuando menos no desvelada aún hasta la temporada 8– los seres humanos que mueren, “resucitan” como zombies con la extravagante misión de morder a todos los humanos posibles con la intención de convertirlos también en zombies. 

Nada de eso tiene semejanza alguna con la aparición del SARS-CoV-2. Más allá de su origen, se trata simplemente de un nuevo virus, como han aparecido infinidad de ellos a lo largo de la historia humana, situación que da cuenta de la naturaleza cambiante, evolutiva y versátil de nuestro planeta, naturaleza mutable que, por cierto, permitió que de una remota bacteria unicelular pudiésemos devenir los seres humanos. 

Ése es el planeta en que vivimos, en el que hemos vivido siempre; un mundo incierto, imprevisto, uno donde la vida se abre camino sin que en ocasiones parezca importarle demasiado las reglas de la estadística y la probabilidad. 

Lo que nos enseña lo vivido en el 2020 es que la certeza que tanto añoramos es ilusoria y que la verdadera realidad planetaria está inmersa en el cambio, la transformación y la incertidumbre. Y con todo, para nada se trata de una enseñanza novedosa. Ya Heráclito, filósofo nacido en Éfeso en el siglo VI a.C., dejó cuenta de este conocimiento con su famosa conclusión de que jamás nos bañamos dos veces en el mismo río, haciendo referencia a que todo cambia, a que la realidad está inserta en un devenir en permanente transformación del que los seres humanos no tenemos el menor control. 

Si nos lo permitimos, la pandemia por Covid 19 nos puede enseñar que si bien el dominio de nuestro entorno y de nuestro devenir es imposible –y, por lo tanto, la certeza ilusoria–, no se trata de un castigo sino de una manera más profunda de entender la naturaleza del mundo que habitamos. 

La incertidumbre no es una anomalía sino una condición existencial inevitable y si asumimos nuestro papel de humanidad adulta y la aceptamos como es, vivir en lo incierto puede convertirse en una manera novedosa y creativa de contactar con la esencia más profunda de la realidad. 

Aprender a vivir y a confiar en los procesos evolutivos, escuchar a nuestro cuerpo y a quienes nos rodean, poner atención a las pequeñas señales que nos da la vida pueden ser brújulas más precisas y eficaces que el espejismo de pretender controlarlo todo a partir de nuestra visión limitada y parcial. 

Otra de las grandes lecciones que nos ha dejado la pandemia a partir de las restricciones y el confinamiento obligado está en la necesidad de abordar de manera distinta nuestra forma de relacionarnos, tanto con nosotros mismos, con el entorno y con los demás.

Si bien es cierto que hemos tenido que restringir y modificar nuestro modo de contacto con los demás tanto en el entrono laboral, como social, personal y familiar en aras de evitar contagios y reducir la propagación del virus, lo peor que podría pasarnos sería salir de esta crisis asumiendo al “otro” como una amenaza. 

No debemos olvidar que ese “otro” que nos rodea, que viaja a nuestro lado en el transporte público, que camina por la nuestra misma acera, que está en la mesa de junto en el restaurante, vive el mismo dilema y experimenta la misma vulnerabilidad y frustración que nosotros. Ese “otro” también tiene una familia que quiere proteger y tiene tanto miedo a enfermar, morir o contagiar a los suyos como lo tenemos cualquiera. 

Asumir nuevas formas de socialización, que velen por la seguridad y la salud, pero que al mismo tiempo contemplen maneras aceptables de convivencia y vinculación verdadera es un imperativo central. Ante este escenario la propuesta es buscar una “convivencia consciente”, que implica tomar las medidas apropiadas para reducir al máximo el riesgo de contagio, pero también cuidar de nosotros en todos los aspectos que nos componen: en lo físico, pero también en lo emocional, en lo mental, en lo psicológico, en lo energético y en lo relacional. Esta intención nos exige mantenernos presentes, informados y cuidadosos, pero también proactivos, empáticos y responsables. 

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Hoy, por fortuna tuvimos un regreso a clases en el que podemos observar que: -La mayoría de los alumnos se muestran felices, seguros y confiados ante el nuevo ciclo. -Ellos, desde su pensamiento mágico, han podido superar la crisis, mostrar su resiliencia y caminar, sin miedo hacia adelante. -Gran parte de la población adulta y joven ya está vacunada y los menores están en vías de hacerlo. -Las instituciones educativas estamos mejor preparadas, contamos con protocolos ya probados y nos hemos enfocado a diseñar estrategias para enfrentar el rezago educativo. -Cada vez oímos menos o nada sobre contagios en nuestros círculos cercanos de amigos y familia. -Las desventajas de la educación online quedaron atrás y hoy la educación presencial, además de fortalecer los aspectos socioemocionales, puede beneficiarse del aprendizaje tecnológico que se logró durante los años pasados.  -Los alumnos y adultos que han logrado ya interiorizar esta actitud de optimismo ante el futuro, tienen el poder de “jalar” y motivar a los que aún no lo han logrado.  Los retos y las áreas de oportunidad: ¿ansiedad, nervios, miedo? A pesar de eso, aunque la mayoría de nosotros estemos felices de regresar a convivir, compartir y aprender juntos, es innegable que el sentimiento de vulnerabilidad e incertidumbre sigue presente en muchos y, en este sentido, uno de los aspectos más importantes a considerar en el retorno a clases es la ansiedad y otros trastornos que impiden a algunos (por fortuna una clara minoría) alumnos, padres y maestros, abrazar por completo este nuevo comienzo y sentirse tranquilos para poder abordar el proceso de enseñanza-aprendizaje de la mejor manera. Causas y manifestaciones en niños y jóvenes Lo que podemos observar en estos casos (que venturosamente están muy focalizados) es:
  1. Al haber vivido tan de cerca o de manera tan contundente los cambios y la incertidumbre a la que nos sometió el 2021-2022, más los muchos contagios a final del ciclo anterior, la imagen sigue fresca y presente y el miedo de que el escenario se repita es muy fuerte para ellos.
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  1. Es importante poner especial atención ante cualquier signo de un ataque de pánico (antes vistos casi exclusivamente en adultos y ahora más comunes en niños). 
¿Qué hacer y cómo ayudar a nuestros hijos y alumnos? Algunas de las estrategias que nos pueden servir en caso de que nuestros hijos o alguien cercano a nosotros muestre signos de alerta son: Al inicio del ciclo:
  1. Darles fortaleza para que tengan la certeza de que van y están en un lugar seguro, que hay protocolos bien establecidos y que en la mayoría de las escuelas hay muchos ya vacunados.
  2. Ayudarles a vivir la separación con tranquilidad, mostrándoles todo lo positivo que hay en el regreso a la “normalidad”.
Estrategias permanentes:
  1. Que reconozcan y expresen sus sentimientos y sepan que éstos siempre son válidos.
  2. Hablar desde la realidad y con información clara.
  3. Promover los pensamientos positivos
  4. Establecer rutinas.
  5. Enfocarse sólo en lo que es posible controlar.
  6. Fomentar la salud física y emocional en general (deporte, alimentación, actividades artísticas, etc.).
  7. Practicar actividades para reducir el estrés.
  8. Permitir que los niños creen su propia confianza en las relaciones sociales que establecen.
  9. De ser necesario, buscar ayuda profesional adecuada.
Ante una crisis o ataque de pánico en casa o colegio:
  1. Ayudar a regularizar la respiración y buscar que esta sea lo más profunda posible.
  2. Dar palabras de aliento y tranquilizarlos.
  3. Colocar hielo en cuello, muñecas y manos de ser posible.
  4. Mantener contacto visual y físico.
Despacio que llevo prisa: el aprendizaje sólo sucede cuando hay bienestar emocional Un niño que no está bien emocionalmente no puede aprender y, de la misma forma sucede con los adultos en cuanto su desempeño profesional o personal. Por ello, si bien es cierto que las instituciones educativas deben ahora enfocar sus esfuerzos en retomar los hábitos, la estructura y los aprendizajes académicos, también lo es que aún nos queda mucho camino por andar en cuanto al fortalecimiento de la parte socioemocional de los alumnos e, incluso de los docentes y padres de familia. La buena noticia es que hoy el panorama educativo se ve prometedor, positivo y lleno de posibilidades. Aprovechemos que de las dos caras de la moneda en este regreso a clases, la que más pesa es la del optimismo, la resiliencia y la fortaleza de espíritu, y aprovechemos lo bueno que sí tenemos y los aprendizajes que hemos adquirido, para sacar adelante a nuestros niños y jóvenes: por nosotros, por ellos, por la educación, por nuestro país y por el mundo. Conócenos y descubre un colegio con verdadero sentido humano en la educación para fortalecer la mente y el corazón de tus hijos y de tu familia." ["post_title"]=> string(72) "Alegría y ansiedad: las dos caras de la moneda en este regreso a clases" ["post_excerpt"]=> string(62) "Un niño que no está bien emocionalmente no puede aprender. 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Me parece increíble el paso del tiempo. Han pasado tres semanas desde mi última intervención en este espacio y los días transcurridos no han sido miel sobre hojuelas, aunque se han teñido de un sentimiento de esperanza con el inicio del nuevo ciclo escolar de mi hijo, lo cual marca un antes y un después no solo en términos pandémicos sino en lo que hemos sido capaces de construir los dos como familia aunque seamos solo él y yo. Así que, en ese sentido, el inicio de una nueva etapa para él, en realidad marca el inicio de un nuevo estilo de vida como si de una hoja en blanco se tratara sobre la cual podemos escribir una nueva historia. En el mismo orden de ideas he estado reflexionando sobre el acto de abrir y cerrar puertas y se me ocurrió entonces que pasamos la vida abriendo y cerrando puertas: las de casa, en el trabajo, en los consultorios médicos, en un sanitario, las del auto, las del cuarto en que nos hospedamos o las de la casa que dejamos para ocupar otro lugar. Es decir, nuestros días transcurren entre las puertas que abrimos y las que cerramos o bien, entre las que nos cierran y las que nos abren.  Lo anterior fue motivado por mi formación como comunicóloga y el interés por los signos y símbolos (semiología). Así que pensar en puertas va más allá del acto común de cerrar o abrir una de ellas.  Por definición, la puerta es un espacio hueco que se usa para entrar y salir de un sitio. Existen puertas famosas como la que abrió Alicia para entrar en el país de las maravillas después de reducir su tamaño o la puerta de Alcalá. También se dice de las organizaciones de puertas abiertas, refiriéndose al estilo empresarial que permite la cercanía entre los puestos directivos y los colaboradores, con menos protocolo y de manera inmediata. Recordemos también el refrán “Cuando una puerta se cierra, otra se abre”, refiriéndose a las experiencias que nos llevan a perder o terminar algo y enfrentarnos a una nueva oportunidad.  Digo que las puertas han ocupado mi pensamiento en las últimas semanas porque están presentes por todas partes de forma física y metafórica también. En la escuela abren la puerta para el acceso de los estudiantes pero la cierran puntualmente por respeto al horario establecido. En el transporte existe la regla de no recargarse en las puertas y no obstruir el cierre de las mismas y así, el día transcurre entre un cotidiano abrir y cerrar de puertas.  Hace doce años cerré la puerta del que era mi apartamento para mudarme al que habito actualmente. Me pareció que la vida debería ser tan sencilla como cerrar una puerta y dar el paso a lo que sigue; sin embargo, no siempre ocurre así porque se necesita valor para ser quien cierra la puerta y mucha seguridad para abrir una nueva. Hay mucho trabajo que hacer para dejar atrás lo que queda al cerrar la puerta. ¿Y qué tienen que ver las puertas con el inicio del ciclo escolar en plena antesala a lo que será el último trimestre del año? Pues que de forma particular y general, empiezan a abrirse nuevas puertas como oportunidades pese a todo el contexto deprimente que permea el ambiente socioeconómico y político en el mundo y porque parece que es necesario cerrar muchas de las puertas que tenemos frente a nosotros para avanzar o cambiar de dirección en la vida, descubrir qué hay más allá. Ojalá tuviéramos el valor de cerrar más puertas y descubrir el placer que otorga abrir una nueva y desconocida como en ese juego de cataficcia que existía en un desaparecido programa dominical, en el que era posible cambiar el premio, aunque al final se perdiera lo que se había ganado por una mala elección.  Así que mi divagación semanal me llevó al descubrimiento de que algo cotidiano como abrir y cerrar puertas es también parte de #laspequeñascosas de la vida que pasan desapercibidas por cotidianas pero que encierran una gran metáfora y significado de vida, sí y solo sí nos permitimos profundizar en el pensamiento y particularmente, en un tiempo que nos exige pensar muy bien antes de actuar. A manera de colofón: el mundo cinematográfico infantil está lleno de referencias aunque a veces no somos capaces de descubrirlas todas a la primera. 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  6. Fomentar la salud física y emocional en general (deporte, alimentación, actividades artísticas, etc.).
  7. Practicar actividades para reducir el estrés.
  8. Permitir que los niños creen su propia confianza en las relaciones sociales que establecen.
  9. De ser necesario, buscar ayuda profesional adecuada.
Ante una crisis o ataque de pánico en casa o colegio:
  1. Ayudar a regularizar la respiración y buscar que esta sea lo más profunda posible.
  2. Dar palabras de aliento y tranquilizarlos.
  3. Colocar hielo en cuello, muñecas y manos de ser posible.
  4. Mantener contacto visual y físico.
Despacio que llevo prisa: el aprendizaje sólo sucede cuando hay bienestar emocional Un niño que no está bien emocionalmente no puede aprender y, de la misma forma sucede con los adultos en cuanto su desempeño profesional o personal. Por ello, si bien es cierto que las instituciones educativas deben ahora enfocar sus esfuerzos en retomar los hábitos, la estructura y los aprendizajes académicos, también lo es que aún nos queda mucho camino por andar en cuanto al fortalecimiento de la parte socioemocional de los alumnos e, incluso de los docentes y padres de familia. La buena noticia es que hoy el panorama educativo se ve prometedor, positivo y lleno de posibilidades. Aprovechemos que de las dos caras de la moneda en este regreso a clases, la que más pesa es la del optimismo, la resiliencia y la fortaleza de espíritu, y aprovechemos lo bueno que sí tenemos y los aprendizajes que hemos adquirido, para sacar adelante a nuestros niños y jóvenes: por nosotros, por ellos, por la educación, por nuestro país y por el mundo. Conócenos y descubre un colegio con verdadero sentido humano en la educación para fortalecer la mente y el corazón de tus hijos y de tu familia." ["post_title"]=> string(72) "Alegría y ansiedad: las dos caras de la moneda en este regreso a clases" ["post_excerpt"]=> string(62) "Un niño que no está bien emocionalmente no puede aprender. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(70) "alegria-y-ansiedad-las-dos-caras-de-la-moneda-en-este-regreso-a-clases" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-09-02 10:25:14" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-09-02 15:25:14" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=82886" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(18) ["max_num_pages"]=> float(9) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "94dbeae7aae2ec08e377f75439256409" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Alegría y ansiedad: las dos caras de la moneda en este regreso a clases

Un niño que no está bien emocionalmente no puede aprender.

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