Maximiliano y Carlota. Cuento histórico

María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo y Orleáns Borbón-Dos Sicilias y de…   María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo y Orleáns Borbón-Dos Sicilias y de Habsburgo-Lorena, nació en el castillo de...

3 de agosto, 2016
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María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo y Orleáns Borbón-Dos Sicilias y de…

 

María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo y Orleáns Borbón-Dos Sicilias y de Habsburgo-Lorena, nació en el castillo de Laeken, cerca de Bruselas, Bélgica, el 7 de junio de 1840, hija del Rey Leopoldo I y de la Reina Luisa María de Orleáns.

La bella princesa de Bélgica a los diecisiete años se casó el 27 de julio de 1857 con el archiduque de Austria, Maximiliano de Habsburgo, y por ende, archiduquesa. Éste nació en el palacio de Schönbrunn, en Viena, el 6 de julio de 1832. Para tener una idea de los encantos de la joven Carlota, como mayormente se le conoció, tenía “Boca pequeña y graciosa, labios frescos y encarnados, dentadura blanca y menuda, pecho levantado…”

Ese Maximiliano era todo un calculador –de la riqueza de ella y de la familia. De lo que sí estaba consciente era de su propia falta de inteligencia, además de ser un perfecto ególatra. Antes de casarse con Carlotita dijo el muy canalla: “Ella es bajita y yo soy alto, como debe ser. Ella es morena clara y yo soy rubio, un buen detalle también. Ella es muy inteligente, lo que no deja de ser un fastidio, pero sin duda saldré airoso”.

Contrariamente, al tiempo de casados la romántica morenaza recordaba: “¡Oh!, cuando llegaste a Bruselas, con tu uniforme blanco de almirante de la flota austriaca… en tus ojos aleteaban las violetas azules que crecen en las faldas de los Alpes de Tirol”.

El 10 de abril de 1864, la elegante pareja fue coronada en la hoy Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Al avanzar del brazo de su esposo rumbo al altar, el silencio del templo dejaba escuchar el erótico fru fru de sus íntimos azules tules. Los emperadores ocuparon como residencia el majestuoso Castillo de Chapultepec. El pedante Maximiliano era indeciso en sus responsabilidades políticas, además, desde el inicio del matrimonio el emperador se mostró falto de responsabilidad alcobatoria. En el castillo dormían en camas separadas, cada cual en su propia recámara según la costumbre y, se estilaba en esa época que en las noches, sobre todo las de plenilunio, el esposo llamaba a la puerta de la esposa o viceversa.




Muchas noches, la bella Carlota se deslizó entre los taciturnos pasillos del palacio, pero fue en vano, pues el austriaco ya había metido cerrojo perpetuo a su aposento. ¡La puerta de él cerrada y la de ella con cerrojo abierto! El emperadorcillo solía dormir a pierna suelta, mientras en otra alcoba, la convulsa y apiñonada piel de la insomne dama recibió cientos de veces los rayos de la alborada.

Este imperio empezaba a dar algunos frutos, pero en 1866 Francia retiró de México sus tropas debido a la inminente guerra con Prusia. Ante tan crítica situación, el tembloroso emperador le dijo a su esposa: “Meine Frau, Ware es klug, um den Thron zu verzichten”. A lo que la calzonuda Carlotita le replicó: “Nein, mein Mann, nicht aufgeben den Thron”, es decir, “No, esposo mío, no abandonaremos el trono”. Carlota se embarcó en la fragata austriaca “Novara” rumbo a Europa a solicitar apoyo pero se le negó, inclusive pidió ayuda al Papa Pío IX en Roma, mas éste le respondió con vagas promesas.

Tales negativas afectaron gravemente la salud de la emperatriz y empezó a dar muestras de desequilibrio mental, y temiendo que alguien la envenenara, bebía del agua de las fuentes públicas. Se tranquilizaba y volvía su trastorno. También se afirmaba que el origen de su mal fue debido a que, ante la incapacidad de embarazarse acudió a una curandera mexicana que le dio a comer el hongo “teyhuinti”, causante de locura pasajera y, decidió permanecer una temporada en Europa bajo tratamiento médico.

Mientras tanto en México, el 19 de junio de 1867, bajo el mando del presidente Juárez fue fusilado el emperador Maximiliano junto a sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, allá en el Cerro de las Campanas, en Querétaro. Hasta los siete meses, 14 de enero de 1868, Carlota se enteró de lo acontecido a su esposo -al ver que sus restos habían sido trasladados a Europa.

Para ese momento, Tlecóatl, primogénito de la aún sensual ex emperatriz tenía ya un mes de nacido; el mismo nombre del apuesto aborigen azteca que laboraba de repartidor en la pastelería situada en la falda del cerro donde estaba enclavado el Castillo de Chapultepec, la residencia imperial. Se me olvidaba comentar, que a Maximiliano le encantaba realizar largos viajes, pero nunca llevaba a su esposa.

La otrora princesa de Bélgica se recuperó de su mal pero fue desheredada, mas eso de la aristocracia ya no le interesaba, únicamente le importaba cuidar de ese hijo “tez de obsidiana y ojos de esmeraldas”, como reiteradamente lo expresó en las cartas que cruzó con sus amigas; manuscritos actualmente exhibidos en el “Musée de la Ville” en Bruselas, Bélgica.  

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