El cine que veremos con Donald Trump (5ª parte)

“Yo juntaba fotografías familiares y mi primo las pegaba en un rollo de papel, esas fueron nuestras primeras películas”, Yoran … “Yo juntaba fotografías familiares y mi primo las pegaba en un rollo de papel, esas fueron...

17 de enero, 2017
RHT
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“Yo juntaba fotografías familiares y mi primo las pegaba en un rollo de papel, esas fueron nuestras primeras películas”, Yoran …

“Yo juntaba fotografías familiares y mi primo las pegaba en un rollo de papel, esas fueron nuestras primeras películas” – Yoran Goblus

Menahem Golan y Yoram Globus son dos primos israelitas que prácticamente inventaron la industria del cine en su país natal. Cuando la productora inglesa Cannon estaba en quiebra, la compraron y debido al éxito de su producción, Barquillo de limón (Lemon Popsicle, 1978, Boaz Davidson) en todo el mundo, decidieron emigrar a EU para producir cintas. Su política era: “Filma mucho, rápido, con poco presupuesto y gana mucho dinero”. Hicieron prácticamente de todo, desde cintas eróticas, de terror e infantiles, hasta cine de arte. El tren del escape (Runaway train, 1985, Andréi Konchalovski, con un guión de ¡Akira Kurosawa!), la que es considerada la obra maestra de los productores, es su mayor contribución al cine. Otra cosa que llama la atención fue el que hicieron suya la filosofía de Ronald Reagan, y se transformaron, prácticamente en sus voceros. Su epifanía se transformó en Desaparecido en acción (Missing in Action, 1984, Joseph Zito). En ella se narran las acciones de un comando especial enviado a rescatar a unos soldados que quedaron atrapados diez años antes, durante la guerra de Vietnam, obviamente, destruyendo todo a su paso y matando a cuanto vietnamita encuentren a su paso. Fue la primera de varias cintas del tipo, protagonizadas por Chuck Norris, un artemarcialista que hasta hoy es una estrella más en la bandera americana. Muchas son las cintas de este tipo que producirían los israelitas, pero son dos las más recordadas: Fuerza delta (The Delta Force, 1986, Menahem Golan) y sus secuelas, y por supuesto, Invasión a los Estados Unidos (Invasion U.S.A., 1985, también de Zito), en la que Norris salvará, él solito, a la Unión Americana de un ejército de comunistas que entran a su país, aprovechando que todo mundo está dormido. Delirante y violenta, son sólo dos de los miles de adjetivos que pueden usarse para ella. Los primos hebreos transformaron la paranoia en espectáculo y, curiosamente, el declive de su productora comenzó en 1989, un año después de que saliera Ronaldito de la presidencia. Para 1993, su sueño se terminó.

El musical estaba muerto prácticamente, igual que el cine erótico (que no el porno). Lo más destacable fueron Fotloose (1984, Herbert Ross) y Nueve semanas ½ (Nine ½ weeks, 1986, Adrian Lyne). La primera es una fantasía sobre un pueblo en el que está prohibido bailar, que a su vez es una metáfora de los Estados Unidos de Reagan. La segunda, es una especie de remake de El último tango en Paris (Last Tango in Paris, 1972, Bernardo Bertolucci). Aunque prácticamente son un par de “videoclips” gigantescos, importan porque representaban lo que pensaban los jóvenes de esa época, es decir, que sólo el baile y el sexo era los caminos para sentirse libres aunque fuera por un momento.

Reagan dejó un legado oscurísimo. La ley de la calle (Rumble fish, 1984, Francis Ford Coppola) mostraba ese momento. Una juventud que veía todo en blanco y negro y que no encontraba colores más que en unos peces beta. Según “el chico de la moto”, el personaje principal, son animales muy peleoneros en cautiverio porque están enojados, pero en libertad son los más pacíficos que existen, así que hay que liberar a todos para que sean felices.

Al final del mandato de Reagan tomó el poder George H. W. Bush, su vicepresidente y con él se continuaron sus políticas, salvo por dos pequeños detalles ocurridos en 1989: La caída del muro de Berlín, que dividía la parte socialista de Alemania de la capitalista, y la elección de Mijaíl Gorbachov como primer presidente de la URSS, desde 1917. Con eso empezó un proceso de desintegración de la Unión Soviética, que terminaría con el sueño del comunismo. ¿Y ahora quién va a ser el enemigo? Infierno rojo (Red Heat, 1988, Walter Hill) presentaría a Arnold “gobernator” Schwarzenegger como un policía soviético que llega a América a detener a un narcotraficante georgeano y es acompañado por un policía gringo. Fue la primera película filmada en la Plaza Roja de Moscú, el máximo símbolo del socialismo. Acá se puede ver quiénes serían de aquí en adelante los villanos o sea, narcotraficantes, coreanos, árabes, cubanos y cualquier otro opuesto al sistema.




Esto fue la tendencia hasta el arribo de George W. Bush a la Casa Blanca. Pero el hijo del moderado Sr. Bush tuvo que lidiar con el “problema” que cambiaría la historia del mundo occidental. Resulta que 11 de septiembre del 2001, apenas a unos meses de haber comenzado su mandato, dos aviones serían estrellados por terroristas árabes en las “torres gemelas” de Nueva York. La pesadilla recurrente de Reagan se volvió realidad y los superhéroes nunca llegaron. Le tocará a El hombre araña (Spider-Man, 2002, Sam Raimi) inaugurar la nueva tendencia del cine masivo post 9/11. En esta, al ser atacado el superhéroe por el villano “Duende Verde”, hordas de neoyorquinos se van contra él y le gritan: “¡Si atacas a uno de nosotros, nos atacas a todos!”. Los años venideros estarán llenos de superhéroes, adaptaciones de cómics, espectáculos llenos de efectos especiales, trilogías y los valientes documentales de Michael Moore. Y aunque de una u otra manera se intentó infiltrar al cine la política del señor Bush Jr., fue curioso que Hollywood casi lo rechazó en su mayoría, porque después del 9/11 el patriotismo cambió de color, lo cual se demostró con la llegada en 2009, de Barack Obama.

                  En la siguiente entrega, por fin, sabremos de qué lado masca la iguana llamada Donald Trump.

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