Cero tolerancia a “vagoneros”: ¿Un fracaso más?

El mexicano que nunca se haya subido al metro de la caótica Ciudad de México no es mexicano, es una humilde percepción que decimos muchos,… El mexicano que nunca se haya subido al metro de la caótica...

17 de agosto, 2015
RHT
vagonero

El mexicano que nunca se haya subido al metro de la caótica Ciudad de México no es mexicano, es una humilde percepción que decimos muchos,…

El mexicano que nunca se haya subido al metro de la caótica Ciudad de México no es mexicano, es una humilde percepción que decimos muchos, casi como un “cliché”. Entrar al inframundo en un sentido literal, el subir y bajar escaleras, andenes muchas veces eternos, aroma a urbanidad, el naranja intenso de sus característicos vagones, gente y más gente, intentos de hacer “interesantes” las estaciones con expresiones mallogradas de arte y cultura, quizás con intención de asemejarse a las maravillosas estaciones de metro de Moscú o el de Santiago de Chile. Y no es que desprecie lo nacional, pero soy de la idea que si se va a hacer algo mal, mejor no hacer nada.

Hay situaciones inherentes al sistema de transporte colectivo metro, -¿en qué están pensando?- ¡Si, acertaron! la enorme cantidad de representantes del comercio informal deambulando por doquier, palanquetas, pulseritas, libros, lapiceros, cangureras, audífonos –son artículos de los que me voy acordando que he observado- no obstante, hay quienes se destacan de entre todos ellos una vez que abordas el tren: los llamados “bocineros” o “vagoneros”, que con sus bocinas y demás aparatos de reproducción de música a cuestas cual caracol, “amenizan” el viaje del usuario con el fin de vender sus discos de origen apócrifo, aunque, a decir verdad, en la mayoría de los casos, son más molestos que agradables.

Esta mañana, escuchaba las noticias mientras me preparaba para ir al trabajo, hablaban de este sub-sector de la enorme comunidad de comerciantes informales en este país, pero sobretodo, de nuestra ciudad capital. Me refiero a la nota que seguramente muchos de ustedes escucharon acerca de Jorge Gaviño, el nuevo director del metro y su operativo de cero tolerancia para los bocineros, que ha entrado en vigor precisamente hoy, lunes 17 de agosto.

Recordemos que, en febrero del 2014, el gobierno del Distrito Federal a cargo del cada vez más impopular Miguel Ángel Mancera, puso en marcha el "Programa para la integración a la economía formal de los comerciantes al interior del sistema de transporte colectivo metro”, parece trabalenguas; pues bien, sin sorpresa alguna, fracasó.

Pero … ¿qué estoy diciendo? de acuerdo a la absurda moda de la clase política ante los medios de comunicación de cambiar los nombres de las cosas para que al oído del ciudadano no se escuche tan “feo” y de acuerdo a una nota extraída del periódico milenio del 17 de julio del 2014 titulado “Deserción, no fracaso en instrucción a ‘vagoneros’: GDF” a sólo 5 meses de operación del programa, no es que hubiera fallas, sino que, las cerca de 1 mil quinientas personas que se inscribieron fueron abandonando la capacitación concluyendo sólo la tercera parte aproximadamente; los políticos que declaren lo que quieran, que los ciudadanos les creamos, es otro asunto.




Por lo tanto, la situación de la economía informal en instalaciones del metro sigue siendo un problema socio-económico serio, pero, ¿a caso prohibirles a estos individuos vender sus artículos en los pasillos y/o vagones soluciona algo? La gente tiene que comer, van al día, es la única manera con la que se pueden ganar la vida ante el competido mercado laboral y la ineptitud de las autoridades para crear fuentes de trabajo dignas. Me queda claro que, el consumir piratería, ayuda al fortalecimiento del crimen organizado en todas sus modalidades, es toda una cadena delictiva, pero, ¿será inteligente esta medida? ¿terminará con el problema de raíz? Yo, no lo creo, por el contrario, al limitarles esa forma de subsistencia que ciertamente es ilegal, los arrojan a los brazos de las ligas mayores de la delincuencia organizada: secuestro, extorsión, trata, pornografía infantil etc.

Cuando menos yo, prefiero escuchar un rato música escandalosa que no se acerque ni remotamente a mis gustos, que ser asaltada a la entrada de la estación.

Fuentes:

http://www.milenio.com/df/vagoneros_del_Metro-ambulantres_en_el_metro-capacitacion_vagoneros_0_337166542.html

http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2015/08/12/1039788

 

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