Señor presidente, Su Alteza Obradorísima, sé que estas son noticias viejas, pero quiero decirle algo: ¡qué bueno que va a terminar con ese chocante, neoliberal, racista, clasista y dañino horario de verano! Me quito el sombrero ante tal decisión, además de que me gustaría decir que sus intenciones me quedan muy claras. Usted ya purificó la vida pública en México, la cual ahora está libre de corrupción tanto física como espiritual. Pero usted, prócer, ha ido todavía más allá en sus ambiciones: no contento con volvernos como Suiza y Dinamarca en un tiempo récord de casi cuatro años (¡ajúa!), ahora su mira está puesta en nuestro bienestar. Le propondría que hiciéramos un brindis por ello, pero eso sería perjudicial para la salud (¡maldito alcohol!). Mejor comamos una tlayuda y un tamal, alimentos ultra saludables y que han sido aprobados por usted, quien es una eminencia, además, en esas ondas nutricionales (¡otra aportación suya digna de reconocimiento, por cierto!).
Espero que la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska (la cual otorga el galardón en el ramo de la Medicina) esté tomando nota, porque pienso que sus recientes acciones en pro de la salud de los mexicanos (como el decreto en el que prohibió los vapeadores y ahora su embestida contra el horario de verano) son dignas de un reconocimiento de tal envergadura. Imagínese estar en el mismo Olimpo del conocimiento junto con Mario Molina, Octavio Paz y Bob Dylan. ¡Yo sí lo veo ahí, matarilerileró!
Me gustaría también decir, Su Alteza Obradorísima, que admiro su fortaleza para ignorar los insultos que le tiran sus adversarios, esos demonios anti patrióticos y egoístas, quienes nomás buscan picarle la cresta al gallo, como dicen. Porque, ¿qué son los llamados a parar la violencia contra las mujeres y los asesinatos de periodistas sino meros distractores? ¿O ese cuento de la inflación desbordada? ¿O la falta de agua, las fallas en el transporte y otras tantas fantasías que nos cuentan a diario? ¡Por favor! Lo importante, como usted lo ha dejado muy claro, es abolir ese pernicioso horario de verano, establecido por acólitos del mismísimo Satanás (o del Innombrable, elija usted). Por supuesto, cualquiera puede caer en la tentación de hacer algún que otro comentario sarcástico o malintencionado acerca de esto, pero sólo puedo decirle que pobre de aquellos que no vean que el horario de verano es más perjudicial para la salud de los mexicanos que unas cuantas balas (o cientos de ellas). No tengo dudas de que usted tiene datos certeros acerca de esto, sus famosos otros datos. Ya sé, ya sé, su palabra debe bastarnos, pero ya ve que hay quienes aún no entienden que usted nunca ha mentido en su vida. ¿Y si tal vez, en sus conferencias, le pide al secretario de Salud, Jorge Alcocer, que muestre cada semana las cifras de víctimas del horario de verano? Así la oposición y los que se atreven a dudar de su palabra (¡herejes!) podrán dejar de decir que todo esto es un mero distractor. Además, por fin entenderían que el horario de verano es responsable de más muertes que los balazos, esos que ya no existen porque usted, y nada más usted, los catafixió (al estilo de Chabelo, amigo de todos los niños) por unos buenos abrazos.
¿Qué le digo, Su Alteza Obradorísima? Ni con la perfección actual en la que vivimos tiene usted contentos a todos. Pobres sujetos de la oposición, a veces me dan lástima: no saben reconocer a un gran líder, quien sería un digno contendiente por el premio Nobel, ni aunque lo tuviesen en frente de ellos.
Aunque eso sí, creo que Jorge Alcocer sí se pasó un poquitín con eso del “Reloj de Dios”. Y no lo digo por eso del Estado Laico (¿eso qué es, de todas formas?) sino porque son palabras que los herejes (aquellos que todavía viven fuera de la Iglesia de la Cuarta Transformación) no entenderán. Sí, no entienden que usted y su gabinetazo se codean con los meros meros, con los iluminados, y por eso pueden darse el lujo de acuñar frases llenas de divinidad. Eso sólo queda entre nosotros, ¡oh maravilloso líder!, quienes sí podemos verlo a usted como lo que es, como ese ser que camina sobre las aguas de las fake news y convierte el refresco en tlayudas y guajolotas.
Así que, para que no sientan ñáñaras aquellos que le tienen tirria a las connotaciones divinas, usemos otro término para el nuevo horario, ese que quedará después de abolir el de verano. Y por eso grito, a todo pulmón, ¡viva el Horario del Bienestar!
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