Si busca el secreto de la felicidad, no lea libros de autoayuda

Autor: Luis Valero Aguayo Catedrático del Depto. Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Málaga Los libros de autoayuda están de moda desde hace muchos años y llenan las estanterías de los grandes almacenes, pero últimamente también...

25 de abril, 2024 Qué leer y escuchar esta Semana Santa

Autor: Luis Valero Aguayo Catedrático del Depto. Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Málaga

Los libros de autoayuda están de moda desde hace muchos años y llenan las estanterías de los grandes almacenes, pero últimamente también están de moda las opiniones en contra de ellos. La pregunta clave es: ¿sirven para algo? ¿Ayudan a alguien? ¿O es una forma barata de ahorrase el psicólogo/a?

Siempre han sido una moda desde Las fábulas de Esopo, porque tienen más éxito y son más vendidos que cualquier otro texto sesudo y académico. Como cualquier otra lectura, supone una experiencia verbal con otro, con un autor que nos habla y recomienda qué hacer con nuestros problemas, incluso con nuestra vida.

Más que hablar con un psicólogo, otro profesional, o con algún amigo, leemos estos libros para no compartir nuestras intimidades con otros. Es cierto que estos manuales pueden ayudar a una persona a encontrar alguna solución, el problema es que, en su mayoría, esas “soluciones” son generalidades, sentido común y vaguedades, incluso muchos de esos libros son una estafa, como lo son las expresiones “si quieres, puedes”, “la búsqueda de la felicidad” o “el secreto de la vida”.

Los libros de autoayuda llevan de moda muchos años y quizás ahora pueda ser también una moda criticarlos porque hemos visto que no sirven para nada. Esta moda se enmarca en la corriente científica de la Psicología y de otras ciencias de la salud que tiende a denunciar las pseudoterapias.

Casi cualquier persona con una mínima cultura podría escribir un libro rescatando frases e ideas de unos y de otros, incluyendo los nombres de muchos filósofos o frases zen, y vivir de ello si el libro tiene éxito en las estanterías. Es mucho más complejo escribir un libro basándose en los tratamientos empíricamente validados, en los estudios científicos publicados y en lo que está comprobado que funciona.

Eso no implica que los psicólogos no utilicen la llamada “biblioterapia”, que no es sino utilizar textos escritos como una ayuda a la terapia regular. Ciertos libros (incluyendo novelas, biografías, filosofía o divulgación de terapias) pueden servir de ayuda al profesional en su labor, de forma que acentúen o sirvan de apoyo a lo trabajado durante las sesiones terapéuticas. Desgraciadamente, esas publicaciones de divulgación psicológica son escasas.

Un lenguaje singular

El tipo de lenguaje que utiliza la autoayuda es característico. No suelen ser estos libros un ensayo sobre la vida o la felicidad, sino que recomiendan prácticas sobre cómo conseguir cosas: tener amigos, dormir bien, librarse del estrés, aumentar la autoestima, ligar más, ser mejor persona, o ser feliz.

En realidad, son libros de instrucciones, pero sin dar instrucciones. Se valen de frases lapidarias atribuidas a grandes personajes que en su mayoría son fake pero, sobre todo, utilizan historias cortas, a manera de cuentos con moraleja, que son fáciles de leer y que en el momento nos suben la moral. Son más fáciles de aceptar y de seguir.

Lo importante es que para que se mantengan tienen que conseguir algo en el mundo real. Estas publicaciones pueden ser un arranque, pero sus efectos duran mientras se lee el libro, porque no suelen tener consecuencias en nuestra vida diaria.

Por otro lado, estos libros utilizan un lenguaje directo hacia el lector, dirigiéndose a él con frases como “tu puedes conseguirlo”, “tu paz interior está en tu mano”, “si quieres, puedes”. Es el tipo de lenguaje menos eficaz para lograr un cambio, pero es muy motivacional de inmediato, por lo que engancha al lector, como si el libro hubiese sido escrito solo para él.

Esta aparente individualización engancha más que un texto neutro, y más si se añaden pequeñas historias de otros que leyeron el libro y “triunfaron en su vida”, “consiguieron sus metas” o “alcanzaron sus sueños”.

El consumo de la felicidad

Gran parte de la crítica a los libros de autoayuda se basa en que promueven una realidad ficticia que no tiene una base científica, sino cultural, donde la máxima es “buscar la felicidad” o “eliminar la ansiedad”, y quien no lo consigue termina aún más frustrado que antes de leerlos.

En este sentido, pueden ser iatrogénicos –el remedio es peor que la enfermedad–, producen entusiasmo y motivación mientras se están leyendo, pero una semana después de leer la última página, se ha olvidado todo.

La crítica a estas publicaciones, y también a cierta concepción psicológica sobre esa felicidad que predican, parte de la realidad de las personas que se chocan contra un muro una y otra vez, intentando ser felices como dicen los manuales.

En realidad, se han convertido en otro bien de consumo, al igual que unas zapatillas nuevas o un nuevo modelo de móvil. Nos resuelven un problema inmediato al rellenar esa insatisfacción constante con nuestra vida, pero en cuanto los hemos usado ya no nos parecen tan atractivos e imprescindibles.

Además, leer cuesta, no es una actividad tan pasiva como ver series, y cuando hemos leído unas cuantas páginas, vamos a saltos buscando la información rápida que nos dé la receta inmediata para sentirnos mejor.

Pero sí, sirven para algo: para rellenar esa insatisfacción personal, o para intentar ser como los demás que se ven tan felices en las fotos de Instagram. Y sí, también servirán para alguien, no cabe duda que alguien cambiará tras leer un libro de autoayuda.

Pues sí, también son una forma barata de ahorrarse el psicólogo/a, pero realmente no resuelven ningún problema, no hay datos empíricos que muestren su eficacia.

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