¿Sembrando vida o deforestando vida?

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11 de marzo, 2021 Sembrando vida

Nuestro país ha sido privilegiado en cuanto a su biodiversidad y no tan privilegiado en cuanto al trato que le hemos dado a esa biodiversidad quienes habitamos en él. México es considerado un país megadiverso con, por lo menos, 5000 especies endémicas de plantas, plantas que solo existen aquí. Para ser considerado megadiverso también es necesario contar con diversidad en especies animales y diversidad de ecosistemas. México es un paraíso de la biodiversidad.

Cuando el presidente López Obrador anunció el programa Sembrando Vida, a muchos nos pareció una buena idea para reforestar las miles de hectáreas que han desaparecido gracias a las actividades agrícolas y ganaderas y, al mismo tiempo, combatir la pobreza que aqueja a las zonas más pobres del país. Pero esta semana se publicó un reporte de World Resources Institute, una ONG sin fines de lucro con sede en Washington, que ha trabajado con el gobierno mexicano en el monitoreo de los resultados del programa Sembrando Vida. De acuerdo con un estudio realizado con imágenes satelitales, la organización estima que el programa Sembrando Vida causó la pérdida de 73 000 hectáreas de bosque durante su primer año de operación, es decir, en 2019.

El programa Sembrando Vida le paga 4500 pesos mensuales a 420 000 agricultores con la finalidad de que planten árboles y la finalidad es reforestar un poco más de un millón de hectáreas para finales de 2021. De acuerdo con el gobierno, se va a cumplir con la meta. De acuerdo con una de las organizaciones encargadas de vigilar el cumplimiento, en 2019 no solo no se avanzó, se retrocedió.

¿Qué es lo que está fallando? De acuerdo con una investigación de Bloomberg, los beneficiarios de este programa están talando lo que les corresponde de selva, que suele ser una hectárea, venden esa madera o la usan para sus casas, y entonces siembran lo que les da el gobierno. Así es como se está deforestando. ¿Cómo se distribuyen esas pérdidas? En Chiapas se han perdido 22 400 hectáreas; en Tabasco 13 400; en Veracruz 13 100; en Quintana Roo 11 500 y en Campeche y Yucatán 5500 hectáreas en cada uno.

Para finales del año pasado había unos 660 millones de plantas y árboles siendo cuidados, pero habría que revisar el costo ecológico que eso ha representado. ¿Cuántos árboles fueron talados para poder plantar las plantas nuevas? ¿No puede funcionar este programa, en algunas ocasiones, como incentivo perverso y provocar justo lo contrario de lo que busca? Y una pregunta final: ¿cómo se piensa garantizar que esas plantas y árboles permanezcan y no se cambien en algún tiempo por algo que les deje más dinero a esos agricultores?

Comentarios
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En otras palabras, el sufrimiento es una pasión que, dependiendo de la relación entre personas, convierte a uno en culpable y a otro en víctima. La distinción es clarísima en situaciones como la señalada anteriormente. El homicida es culpable de causar la muerte de la otra persona y ésta es la víctima. Sin embargo –y este es el punto al que quiero traer la atención del lector– esta situación donde una persona daña a otra no necesita escalar a este grado para percatarnos que diariamente cometemos el mal contra los demás. Muchas veces, sin darnos cuenta. Y en muchas otras ocasiones, con toda la intención de acometerlo –y convencidos de que estamos justificados en hacerlo–. Esta situación, hecho innegable, es uno de los puntos que considero destaca la Semana Santa. Que todos hacemos y haremos el mal. Que nuestra libertad no es absoluta y necesitamos de los demás para construir el bien. 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Hemos de ser fieles a nuestro credo de tolerancia y apertura contemporánea, pues sea uno fiel o sea uno no creyente, simplemente no podemos cerrarnos al diálogo por no querer emplear conceptos válidos por haber sido gestados en un pensamiento que, por alguna razón, no se esté de acuerdo. En segundo lugar, así como hay una indisoluble relación entre la libertad y la responsabilidad, también existe una innegable relación causa-efecto entre el pecado y la culpa.  Existen muchas dimensiones por las cuales se expresa la culpa humana: "temor al castigo, vergüenza pública o privada, contrición por el mal causado o remordimiento por el bien que hemos dejado de hacer"7 . Más adelante, el mismo autor distingue entre el sentimiento de culpa y la conciencia de culpa. Acaba por afirmar que "solo podemos hablar de sentimiento de culpa si presuponemos un mal (un pecado) causado por alguien y reconocido responsablemente por él"8 . Me parece interesante la distinción expuesta por el autor. 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Como afirmó Agustín de Hipona: "¿Acaso no es tentación ininterrumpida la vida humana sobre la tierra?"9 . Sin embargo, así como existe el dolor, también la alegría; así como hay culpas y errores, hay perdón y superación. Este es el punto más importante que nos invita a reflexionar sobre el festejo de Semana Santa. Así que, durante estos días de descanso, me parece que es buen momento para que reflexionemos sobre nuestra vida: logros, metas por cumplir, situaciones por las que estemos agradecidos, así como aquellas donde reconocemos que podemos ser mejores. Más que irnos de viaje –lo cual sería una irresponsabilidad estando en pandemia–, pienso que podemos aprovechar mejor esta Semana Santa buscando cómo mejorar nuestra vida, tanto como personas individuales, como miembros de las diversas comunidades de las que formamos parte –familia, amigos, trabajo, sociedad, etc.–. Hemos de pensar qué queremos de este 2021 y cómo podemos mejorar nuestra situación actual.  1Como da testimonio la icónica frase en el primer libro de Confesiones, "y nuestro corazón permanece inquieto hasta que descanse en ti". San Agustín, Confesiones; segunda edición, trad. de Ángel Custodio Vega, (Madrid: BAC, 2013).  conf. I: 1; 1. 2Concepto que retomo del pensamiento de Charles Taylor. 3San Agustín, De libero arbitrio; quinta edición, trad. de Víctor Capanaga, (Madrid: BAC, 2009). lib. arb. III: 3; 8.  4Cfr. Shaw, Julia, Hacer el mal. Un estudio sobre nuestra infinita capacidad para hacer daño; trad. de Álvaro Robledo; (Barcelona: Planeta, 2019), pp. 61-65.  5Ricoeur, Paul, El mal. Un desafío a la filosofía y a la teología; trad. de Irene Agoff, (Buenos Aires: Amorrortu, 2011), p. 25.  6 Villegas Besora, Manuel, Psicología de los siete pecados capitales, (España: Herder, 2018), p. 9.  7Ídem.  8Ibídem, p. 10.   9conf. X: 28; 39." 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De igual modo atestigüé la primera muerte de una paciente, cuando los recursos médicos no lograron ganarle la carrera a la enfermedad. Ahora bien, con relación al oficio de escribir, sí traigo tinta en la sangre. Esa pasión que experimentaba desde pequeña tenía una causalidad evidente: Mi condición de hija única dentro de un hogar paterno estricto, me llevó a escribir para comunicarme, no tanto con los demás como conmigo misma para que al ver reflejados mis pensamientos, comenzara a desmadejarlos.  En esas primeras etapas sabía poco de la influencia por el lado paterno.  Fue hasta después cuando supe que el abuelo Esteban había sido columnista de El Universal, fundador de una editorial en La Habana, a donde debió escapar cuando su ideología política lo puso en riesgo de muerte. Gracias a su labor editorial publicó diversos libros de correligionarios que, de igual modo tuvieron que exiliarse en la isla de Cuba. Fue cuentista y novelista pero no tuve conocimiento de ello sino hasta mis inicios en el mundo periodístico, por motivos que no vienen al caso. Recuerdo en 1975, cuando me presenté al entonces diario La Opinión en Torreón, con mi primera colaboración, una que nadie me solicitó, pero que yo estaba propuesta a que me la publicaran. Serían unas 450 palabras que, luego de tanta revisión, había aprendido de memoria.  Tal vez les causó gracia a las jefas del rotativo, hijas de su fundador Rosendo Guerrero, que me lo aceptaron sin ponerle peros. Así tal cual, entró.  Fue entonces cuando descubrí el mundo de la palabra escrita, como quien se zambulle por primera vez dentro de una alberca sin límites y se identifica a tal grado con su naturaleza que comienza a convertirse en criatura acuática para el resto de sus días. Digo todo lo anterior, pues descubro, con tristeza, que mis investigaciones no han hallado una fecha en la que se conmemore la creación de la imprenta por Gutenberg en 1450, evento que en definitiva partió en dos la historia, pues amplió de manera exponencial  los alcances del pensamiento alrededor del mundo. De hecho, el término Jikji (que figura en el título de esta columna) fue en realidad el primer sistema de piezas móviles para armar tipos e imprimir. Ello ocurrió en China en el siglo 14, aunque con anterioridad, hacia el siglo nueve de nuestra época, se tienen documentados los primeros tipos de  sistemas de prensas en Oriente, unas a base de arcilla, otras en madera, y finalmente uno de piezas metálicas móviles (Jikji), con el que se imprimió un texto religioso intitulado “El Sutra del diamante”, del cual se conserva un ejemplar en el Museo de la Imprenta en Lyon (Francia). La impresión digital ha dado un brinco enorme en lo que a difusión de novedades se refiere.  Quiero imaginar que la diferencia con el sistema tradicional de impresión en linotipo es tan abismal como sería una litografía de un original: Facilita la difusión, recorta gastos, pero merma su calidad. Tengo presente las primeras veces que entré a la sala de imprenta de algún rotativo, me sentía como quien se introduce, casi de puntillas, a un recinto religioso. Recuerdo los sonidos toscos de las grandes máquinas, contra los musicales de las galeras mientras se iban rellenando con los tipos metálicos a una velocidad de prestidigitador, con los tipos colocados en espejo. Recuerdo el olor de la tinta que sentía entrar por los poros, y la vibrante etapa de impresión, moviendo el papel revolución a toda velocidad mediante una banda que avanzaba de arriba abajo, hasta el área de corte y doblado. Esa magia portentosa que se daba en medio de un barullo interminable de máquinas Remington tecleadas a toda velocidad por los reporteros que entraban y salían de las salas, con el cigarro en mano o entre los labios. Un ámbito que se antoja tan complejo, pero en realidad es tan lógico y ordenado dentro de esa locura auditiva que lo puebla.  Antes de la época de la Internet, la búsqueda de notas históricas mediante microfilm era una tarea más solitaria que la actual en la red. Era desplazar la pantalla de acetato sobre la luz hasta hallar aquel dato que confirmaba o desarmaba nuestro planteamiento. Hay fechas conmemorativas para todo: Especies animales; especies vegetales; comunidades humanas; costumbres; enfermedades; objetos materiales; fechas históricas; deportes. Vaya, hasta “el calcetín perdido” tiene su día, se conmemora cada 9 de mayo.  En cuanto a la palabra escrita hay fecha para la libertad de expresión, para algunos es el 27 de abril, para otros el 7 de junio, para algunos más el 14 de octubre… Pero en realidad, una fecha universal para conmemorar la obra de Johannes Gutenberg que venturosamente partió en dos la historia de la humanidad, no la he hallado. 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Incluso, nuestras leyes y juicios –que están basados en una pretendida neutralidad– son deficientes y fallan. Pensar lo contrario es sencilla y llanamente pura soberbia.  ¿Significa que nuestros esfuerzos son en vano? ¡Todo lo contrario! Nuestras fallas como personas, nuestra imperfección como seres limitados, se auxilian en la unidad de la comunidad y la sociedad. Al menos, mientras exista un espíritu de empatía y solidaridad. Y este es un punto que considero que en esta celebración se pone de manifiesto: el espíritu de perdón y redención. Insisto, aunque no sea uno creyente, estos son valores y virtudes que toda persona consideraría como algo bueno. Ya que, cuando uno acepta el error, da la bienvenida a la posibilidad de cambiar para crecer y mejorar como persona, es decir que el reconocimiento del error es la condición de posibilidad y la señal por excelencia de que la intención quiere ser mejor.    Por último, quisiera resaltar la función del concepto de "pecado" dentro de nuestra sociedad actual en este rápido recorrido del entramado existencial humano. El psicólogo Manuel Villegas se cuestiona lo siguiente: "¿Cómo podemos tratar con el sentimiento de culpa si no reconocemos el concepto de 'pecado'?"6 . En primer lugar, me parece que el reconocimiento de la importancia del concepto de “pecado” para explicar con precisión el sentimiento de culpa por parte de un psicólogo pone de manifiesto que la naturaleza del mal moral no se puede explicar solo con las herramientas de la ciencia moderna-experimental. Hemos de ser fieles a nuestro credo de tolerancia y apertura contemporánea, pues sea uno fiel o sea uno no creyente, simplemente no podemos cerrarnos al diálogo por no querer emplear conceptos válidos por haber sido gestados en un pensamiento que, por alguna razón, no se esté de acuerdo. En segundo lugar, así como hay una indisoluble relación entre la libertad y la responsabilidad, también existe una innegable relación causa-efecto entre el pecado y la culpa.  Existen muchas dimensiones por las cuales se expresa la culpa humana: "temor al castigo, vergüenza pública o privada, contrición por el mal causado o remordimiento por el bien que hemos dejado de hacer"7 . Más adelante, el mismo autor distingue entre el sentimiento de culpa y la conciencia de culpa. Acaba por afirmar que "solo podemos hablar de sentimiento de culpa si presuponemos un mal (un pecado) causado por alguien y reconocido responsablemente por él"8 . Me parece interesante la distinción expuesta por el autor. Incluso, muy acertada, pues quien comete un pecado –una acción con una intención perversa– puede justificar su acción reconociendo que, si bien hizo algo "malo", era la acción más adecuada por ser la única posible –bajo su perspectiva–. Será la decisión de quienes juzguen todo el contexto, validar si esta alternativa empata con el alegato que hace la persona en cuestión. Si la persona solo se justifica, existe una "conciencia de la culpa". Si la persona se siente responsable por el mal –el sufrimiento– que causó, entonces existe un "sentimiento de culpa" que es, a mi parecer, una reflexión de segundo grado donde la persona acepta la responsabilidad de su actuar. De tal manera que, con esta rápida pincelada de todo lo que implica nuestra libertad cotidianamente, es posible afirmar que estamos en un constante vaivén de alegrías y dolores, de triunfos y de pérdidas. Por lo que no es ninguna sorpresa que cometamos muchos errores durante nuestra vida. Como afirmó Agustín de Hipona: "¿Acaso no es tentación ininterrumpida la vida humana sobre la tierra?"9 . Sin embargo, así como existe el dolor, también la alegría; así como hay culpas y errores, hay perdón y superación. Este es el punto más importante que nos invita a reflexionar sobre el festejo de Semana Santa. Así que, durante estos días de descanso, me parece que es buen momento para que reflexionemos sobre nuestra vida: logros, metas por cumplir, situaciones por las que estemos agradecidos, así como aquellas donde reconocemos que podemos ser mejores. Más que irnos de viaje –lo cual sería una irresponsabilidad estando en pandemia–, pienso que podemos aprovechar mejor esta Semana Santa buscando cómo mejorar nuestra vida, tanto como personas individuales, como miembros de las diversas comunidades de las que formamos parte –familia, amigos, trabajo, sociedad, etc.–. Hemos de pensar qué queremos de este 2021 y cómo podemos mejorar nuestra situación actual.  1Como da testimonio la icónica frase en el primer libro de Confesiones, "y nuestro corazón permanece inquieto hasta que descanse en ti". San Agustín, Confesiones; segunda edición, trad. de Ángel Custodio Vega, (Madrid: BAC, 2013).  conf. I: 1; 1. 2Concepto que retomo del pensamiento de Charles Taylor. 3San Agustín, De libero arbitrio; quinta edición, trad. de Víctor Capanaga, (Madrid: BAC, 2009). lib. arb. III: 3; 8.  4Cfr. Shaw, Julia, Hacer el mal. Un estudio sobre nuestra infinita capacidad para hacer daño; trad. de Álvaro Robledo; (Barcelona: Planeta, 2019), pp. 61-65.  5Ricoeur, Paul, El mal. Un desafío a la filosofía y a la teología; trad. de Irene Agoff, (Buenos Aires: Amorrortu, 2011), p. 25.  6 Villegas Besora, Manuel, Psicología de los siete pecados capitales, (España: Herder, 2018), p. 9.  7Ídem.  8Ibídem, p. 10.   9conf. X: 28; 39." 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