El presidente Nayib Bukele goza de una aceptación en su país que (si exageración alguna) roza el 100%, el cual me consta. Tuve la oportunidad de viajar al país centroamericano en 2023 con la curiosidad de ver por mí mismo su tan sonado proceso de cambio. Durante el viaje tuve el privilegio de hacerle una entrevista a la ministra de turismo de El Salvador, dado que la licenciatura que estudié, y por ende mi formación, tienen mucho que ver con la actividad turística, al haber nacido y crecido, además, en Acapulco.
Ahí pude platicar con todo tipo de gente: taxistas, gente al azar de a pie, empresarios, empleados del sector turístico, y hasta (como ya dije) entrevistarme con la ministra del presidente Bukele en esa cartera. Bien, hace escasos días Nayib Bukele sugirió un símil entre El Salvador y México en cuanto al flagelo de la inseguridad. No puede haber algo tan disparatado: El Salvador (el país más pequeño de la América continental) tiene seis millones de habitantes, y la inmensa mayoría concentrada en la mancha urbana de su capital, San Salvador, lo cual hace que Bukele esté más cerca de ser un gobernador de uno de los 32 estados mexicanos, cuando no que de plano de un Alcalde de una de las ciudades grandes de México.
Otra de las inmensas diferencias es la naturaleza de las actividades ilícitas de los grupos vandàlicos que tuvieron por muchos años a El Salvador siendo un país, de plano, inhabitable, con los de México: en el país azteca hay en juego miles de millones de dólares por el bestial consumo y demanda de drogas ilícitas del vecino con el que se comparte una de las fronteras más grandes del planeta, los Estados Unidos, mismo hecho que hace que los grupos criminales tengan acceso a todo tipo de armamento, al ser los Estados Unidos, también, el mayor fabricante y vendedor de armamento en la historia de la humanidad.
Nunca, por cierto, hay que obviar el que Bukele y sus medidas draconianas, hicieron una especie de milagro, donde hoy en El Salvador florece su economía (en todos sectores) y que su gente de bien puede volver a trabajar sin miedo, a salir en familia a disfrutar de momentos de sano esparcimiento. Pero comparar El Salvador con México es absurdo y lo que le sigue, porque además, en el país de Centroamérica las actividades de sus grupos eran propias de pandilleros de bajísima ralea, en donde su mayor fuente de ingresos era el de sustraer buena parte de las rentas de la inmensa mayoría de su población, sin siquiera generarle divisa alguna al país.
Por todo lo anterior y más, Bukele debiera acercarse a México, como hermanos que somos, para intercambiar experiencias al más ya alto nivel, ya que fuimos (en los hechos) en tres distintos periodos y estatus jurídicos un país mismo: el imperio mexica, la Nueva España, y el imperio de Agustín de Iturbide. Compartimos muchísimo más en cultura, que con los (siempre interesados y veleidosos) Estados Unidos de Norteamérica.
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