A solo 5 kilómetros en línea recta y sobre una loma (“Tel” en hebreo) de 710 metros de altura de lo que fue la frontera entre el Estado de Israel y la República del Líbano se encuentra la Fortaleza de Beaufort construida en 1137 dentro del entonces denominado Reino de Jerusalem.
Recordemos que éste fue el estado cruzado más importante que existió en Tierra Santa por casi 200 años (1099 al 1291) con capital primero en Jerusalem y luego en Acre, sitio donde convivían, ortodoxos, judíos y musulmanes, ocupaba el reino toda la franja costera de Israel, Palestina, sur de Líbano y oeste de Jordania, o sea lo que ahora está precisamente en disputa por el Estado de Israel.
El fuerte fue construido en 1137 para vigilar la ruta de Damasco hacia Sidón, Tiro, Baalbek y lo que era Beirut, existen otras construcciones en ruinas como Montfort, Kerak y Belvoir. El ejército de élite del Reino estaba integrado por Templarios y Hospitalarios quienes por cierto no obedecían al Rey que desde su fundación por Godofredo de Bouillon fue francés y que era además el idioma oficial hasta que Carlos I de España se quedó con el territorio y desde entonces el Monarca hispano es Rey de España y Rey de Jerusalem.
Hoy día es territorio israelí a partir del 31 de mayo de 2026 cuando Netanyahu lo tomó durante su ofensiva terrestre contra Hezbolá (“el partido de Dios, en árabe, fundado en 1982) lo calificó de “un giro decisivo” refiriéndose a que en 1982 lo habían ya conquistado. Protegido como patrimonio mundial por la UNESCO, representa un avance que ha traído cerca de 1.2 millones de desplazados y que Irán ha utilizado como punto a negociar para lograr un acuerdo de paz.
El conflicto entre ambos países no es nuevo, va para 80 años cuando por resolución de la ONU en mayo de 1948 fue creado el Estado de Israel. De esa fecha a la actual ha habido enfrentamientos bélicos en 1978, 1982, 2000, 2006 y el iniciado en 2023 con los ataques en la franja de Gaza y que en el caso del Líbano fue hasta septiembre de 2024 con un primer ataque para empujar a Hezbolá al norte del río Litani y utilizarlo en un futuro este como nueva línea fronteriza entre los dos territorios y que se puedan volver a sus asentamientos cerca de 60 000 israelíes.
Hezbolá es la milicia terrorista chiita libanesa financiada por Irán y cuyo ejército y recursos económicos y bélicos son superiores a los del país, que por cierto no los reconoce y trata de solo tolerarlo diciendo que son parte de la “resistencia”.
Líbano en los años sesenta y setenta era todo un paraíso turístico, el “Paris de Oriente”, en su avenida Corniche a la orilla del mar Mediterráneo se ubicaban lujosos hoteles, restaurantes y hasta sucursales del Lido de París y del célebre Crazy Horse, “Beirut era una fiesta” (como la gran obra que Heminway escribió el día de la liberación de Paris del yugo nazi), todo eso cambió a partir de 1978, un gran número de libaneses salieron con sus capitales y Líbano ya no ha sido lo mismo y ni siquiera vive del “recuerdo”, los cedros se han ido secando.
Esta tragedia de tres actores (Israel, Líbano y Hezbolá) financiado por dos directores (EEUU e Irán) no han permitido que se firme la paz desde 1948 y siguen en guerra. La frontera de la ONU llamada “Línea Azul” ya ni se acuerdan por donde pasa. Hezbolá tiene 15 diputados en el Parlamento libanés y controla políticamente todo el sur, recibe cerca de 800 millones de USCY al año, su líder desde 2024 es el extremista chiita Naim Qassem quien goza de un gran apoyo civil por la ayuda social que da a la población.
Hoy el sur del Líbano ha sido abandonado por más del 80 % de la población, es una zona devastada y de ciudades fantasma, sin caminos, sin letreros, sin gente y hasta sin perros hambrientos: Navabatiye, Bint Jbeil, Khiam y hasta el otrora milenario puerto de Tiro. La poca gente que vive ahí son ancianos y lisiados abrazados a sus escasas pertenencias. a sus recuerdos y debido también a que les pagan por servir de “escudo” a los constantes ataques.
Israel está decidido a seguir avanzando, a blindar la región y mudar a 60,000 familias a la zona para organizar los “kibutzin” necesarios para trabajar el campo y ganadería con un esquema urbano distinto, no nos “detendrán” a pesar de las desavenencias ya manifiestas con el presidente Trump y sus calificativos y hasta regaños. Israel quiere convertirse territorialmente en lo que fue el Reino de Jerusalem hace 800 años.
Como bien decía el paciente Job cuando Dios lo visitaba dentro de su desgracia y con una piedra se quitaba los bichos de sus sangrantes llagas:
Yaveh, mi Señor: “No hay nada nuevo bajo el sol”.
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