Desde que inició el actual régimen político-ideológico ha habido una serie de reformas legales en cuanto a la relación de dos de los factores de la producción, a saber: capital y trabajo. La actividad legislativa respecto al tema ha sido pródiga y aceptando (en ocasiones “sin cambiarle ni una coma”) las propuestas del Ejecutivo federal, tales como: aumento del salario mínimo, aumento de días de vacaciones con su prima vacacional ( de 6 a 12 días), eliminación del “outsourcing” o del esquema de subcontratación, modificación al alza en el sistema de pensiones, trabajo del género femenino y de infantes, legitimación de contratos colectivos, ratificación del Convenio 190 de la OIT (marco para prevenir y eliminar la violencia o el acoso en el trabajo), normas para regular el teletrabajo y de plataformas de transporte y entrega a domicilio y recientemente lo publicado en el DOF el 3 de marzo de 2026 respecto las reformas de las fracciones IV y XI del artículo 123 sobre la reducción de la jornada laboral, la cual será de 40 horas (reduciendo 2 cada año hasta el 2030), con un día de descanso después de 6 de trabajo, y “abono del 100 % cuando por circunstancias extraordinarias deban aumentarse la jornada de trabajo al horario ordinario mismo que no excederá de 12 horas a la semana, las cuales podrán distribuirse en hasta 4 horas diarias, en un máximo de 4 días en el período” si este se supera será el pago de 200 % más del salario percibido, a excepción de los menores de 18 años quienes no podrán laborar tiempo extra.
Nuestro país entra así al grupo de más de 40 naciones con estas horas de trabajo.
El sector empresarial a través de sus organizaciones camarales estuvo de acuerdo (no así un porcentaje de MIPYMES), en lo personal como empresario que he sido toda mi vida laboral estoy convencido (y así lo hice en las empresas de la familia) que un salario digno, adecuado y pactado mediante un contrato es lo correcto, de esta manera se cumple con el “objetivo social” de la empresa.
Cuando fui dirigente empresarial al presidir CANACINTRA y participar como vicepresidente de CONCAMIN y miembro del CCE siempre apoyé las iniciativas al respecto y sobre todo cuando nos reuníamos los tres sectores (gobierno, empresa y sindicatos) para las firmas de los Pactos de Solidaridad en el período presidencial de Carlos Salinas de Gortari.
Además, siempre sostuve que todo incremento en las percepciones salariales debía ir acompañado por el aumento de la productividad, aspecto que ha sido rebasado ahora por la tecnología, la robotización de las operaciones y más con la programación a través de la inteligencia artificial, la cual no sustituye la presencia de la humana, pero sí la complementa.
La productividad está estrechamente relacionada con la competitividad y se refiere a la capacidad de un individuo, empresa (y país) para producir bienes y servicios de alta calidad a precios comparativos favorables. Dependiendo de la productividad, entendida como la “eficiencia con la que se utilizan los recursos para producir bienes y servicios” siempre observando la ecuación de que a mayor productividad mejor competitividad.
Al empresario corresponde establecer metas claras y alcanzables, priorizar tareas, mejorar la comunicación, capacitación y desarrollo, reconocer y recompensar, mejorará el ambiente laboral, implementar tecnología, fomentar la colaboración, monitorear y evaluar.
La fórmula es: Productividad = Eficiencia x Eficacia / Tiempo; donde eficiencia es la utilización óptima de recursos y tiempo, eficacia el logro de objetivos y metas y tiempo el dedicado a tareas y actividades productivas.
Estos conceptos los expresé hace unos 30 años en la Convención de la AMIA, organización de fabricantes de automóviles, sector en el que participé durante la etapa de mi labor empresarial. Cada organización es única, por lo que es importante adaptar las estrategias a sus necesidades, recursos y objetivos específicos.
Ahora ya no funciona aquel concepto errático que decía “hago como que trabajo porque mi patrón hace como que me paga”, gracias a todas esas reformas el nivel de ingreso del trabajador y su poder de compra se han elevado de manera favorable, es tiempo entonces que conjuntamente las empresas sean más productivas y por tanto más competitivas.
Steve Jobs afirmaba “La productividad no se trata de trabajar más, es trabajar de manera más inteligente”, y Joseph Schumpeter concluía “La competitividad es simplemente el motor que nos mueve hacía el progreso”.
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