No es la especie más fuerte la que sobrevive ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio

Los países más avanzados están conduciendo al mundo al desastre, mientras que los pueblos hasta ahora considerados primitivos están tratando de salvar al planeta entero. Y a menos que los países ricos aprendan de los indígenas, estaremos...

1 de octubre, 2020

Los países más avanzados están conduciendo al mundo al desastre, mientras que los pueblos hasta ahora considerados primitivos están tratando de salvar al planeta entero. Y a menos que los países ricos aprendan de los indígenas, estaremos condenados todos a la destrucción.

-Noam Chomsky

 

Creo que es hora de ser realistas. Esta pandemia se prolongará muy probablemente hasta (en el mejor de los casos) mediados o finales de 2021, si es que finalmente se produce una vacuna confiable. Las consecuencias de la pandemia, por desgracia, nos afectaran durante muchos años por venir.

Mientras en los demás países se presentan rebrotes, amenazando nuevamente un lapso de confinamiento, sufrimos las consecuencias de la más dura crisis económica en décadas y los efectos devastadores del cambio climático. China celebra su día nacional con turismo doméstico masivo, es COVID FREE, tiene crecimiento económico y parece ajena a lo que provocó la presunta “fuga” del virus.

Por otra parte, la inestabilidad no es solamente económica, es política, tanto dentro de los países como entre ellos. No podemos emplear nuestras energías en buscar estérilmente a un culpable, hay que seguir adelante; no tenemos alternativa. Es menester utilizar la creatividad para sobrevivir y generar ideas que no solamente nos permitan sobrellevar los estragos en la economía, salud, política nacional e internacional y clima, sino que nos lleven por un nuevo camino hacia un modelo de desarrollo económico sustentable y equilibrado.

No podemos esperar que un milagro ocurra. Se requiere de un compromiso y esfuerzo global. Suena utópico, pero en este momento no podemos permitirnos experimentar mucho. La vida se mueve entre el ensayo y el error, pero, en este caso, cada error cuesta millones de vidas y la esperanza de la subsistencia de otros tantos.




Estoy convencida de que estamos ante la última oportunidad de tomar una verdadera conciencia de lo que hemos hecho para llegar al punto en que nos encontramos. No se puede atribuir este desastre exclusivamente a la pandemia, creo que si somos sinceros, también es una consecuencia del espíritu depredador del modelo económico que rige el mundo en la actualidad. La pandemia solo ha profundizado las terribles diferencias económicas, sociales, raciales e ideológicas de los seres humanos; sin embargo, sus consecuencias nos han afectado a todos. Alejandro Dumas dijo que “El infortunio es necesario también para descubrir ciertas minas misteriosas ocultas en la inteligencia humana”. Tendremos que empezar a explotar esas minas.

Por otro lado, no ha habido solo efectos negativos durante la pandemia. El encierro involuntario nos ha hecho revalorar las cosas que antes dábamos por hecho: la salud, la libertad, la estabilidad emocional y económica, y una clara visión del futuro. Ahora sabemos lo que siempre debió ser evidente para nosotros: nada es para siempre, no somos eternos, no hay garantías, y somos los seres más vulnerables, ahora sí, todos por igual. La pandemia también nos ha demostrado la relatividad del tiempo. Antes era un bien muy escaso, durante el confinamiento era abundante, pero ante la posibilidad real de morir, ahora lo vemos como lo que es: nuestro bien más preciado.

Además de adaptarnos a vivir en esta “nueva normalidad” durante un largo tiempo y empezar a tomar un nuevo rumbo que permita la subsistencia en un futuro, valdría la pena retomar algunas prácticas de preservación del planeta que tenemos en el olvido. No todo es desarrollo tecnológico, no todo es crecimiento económico: tenemos que reconsiderar nuestra relación con el entorno porque no tenemos otro lugar donde vivir. 

Parecería que Gaia, en este momento, nos está haciendo un último llamado de atención, pero todavía hay resistencias de los países y corporaciones que detentan el poder económico y político. La pregunta es…  ¿lo lograremos, aún estamos a tiempo?

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