Lucio, ¡te luciste! (Nothing personal, just business)

​“Sólo se destruye lo que se sustituye” (Errico Malatesta) “Sólo se destruye lo que se sustituye” (Errico Malatesta) El filósofo y analista –ése sí- italiano, no podría haber heredado mejor apellido. Lo entiendo como “Mala-Cabeza”; a veces,...

27 de agosto, 2018
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​“Sólo se destruye lo que se sustituye” (Errico Malatesta)

“Sólo se destruye lo que se sustituye” (Errico Malatesta)

El filósofo y analista –ése sí- italiano, no podría haber heredado mejor apellido. Lo entiendo como “Mala-Cabeza”; a veces, no hay como pensar mal para acertar.

“Cada vez que me emborracho, juro no volverlo a hacer… qué juramentos ¡tan firmes!, los que me hice antier y ayer”, (Del Cercado Propio)

Lo anterior viene al caso por las recientes expresiones de nuestro ínclito Director, Eduardo Ruiz–Healy –responsable de “El único noticiero que permite que sus oídos le abran los ojos”-. Cito y recito: “La llamada encuesta sobre la viabilidad del nuevo aeropuerto para la Cedemequis, es una estupidez…”, en el sentido de que no es muy “brillante” intentar “saber” sobre algo, preguntándole a quien no sabe. Es el caso clásico del forastero quien al preguntar a un lugareño sobre determinado sitio, recibe por respuesta la de “…ahí nomás, tras lomita…”. El interrogado responde algo indeterminado, con tal de que no se le tome por ignorante: “Vox Populi, Vox Diabolicum”.

Permítame El Respetable interpelar (por alusiones) a Don Eduardo, desde esta columna, “la única, la auténtica, la original que “permite que sus ojos le abran la boca” “:




Respecto a la viabilidad del nuevo aeródromo parece que “alguien” o “álguienes” quieren “chamaquearnos” o “darnos el avión” (“El labión, el labión”). ¡De lengua, me como un plato!

Parecería que lo mismo sucede con el tan manido tema sobre la “legalización” (Sic. y Re-sic.) de las drogas.

Foros por aquí, foros por allá con la concurrencia de “expertos”, “pachecos” y “público conocedor” sobre todo producto y subproducto factible de introducirse entre pecho y espalda. 

Por todos lados surgen notables conocedores respecto a “las sustancias de los sueños”. Cómo pasar por alto la Obra inapreciable de mi Maestro Simón Brailowsky, Q.E.P.D., y que lleva ese título, quien irónicamente, falleciera en un accidente automovilístico transportando “cerebros” que había recogido unos minutos antes precisamente en el “aeropuerto juarista”. Órganos a los que dedicó buena parte de su vida para estudiar y analizar. Brailowsky sí que sabía las diferencias abismales entre los efectos que tienen unas y otras sustancias sobre el cerebro. Y por lo tanto, sobre la psique de los individuos. No es lo mismo “Chana que Juana”, como tampoco “alcohol y marihuana”. Sólo por citar dos muy básicos productos démodé.

Algunos aferrados superficiales no dejan de intentar comparar el consumo de “alcohol” (Bebidas alcohólicas; “etanol en dilusión” del 2% al 55% en volumen; apto para consumo humano, con efectos “depresores del Sistema Nervioso Central”. Ley General de Salud de los Estados Unidos Mexicanos. Dixit) y el consumo y efectos de la “Canabis Sátiva” (a) Marihuana, Mota, Martuchita, Pelos de Elote; Sin Semilla; Acapulco-Golden; hierba santa y anexas.

Y que si la “Época de la Prohibición” (Ley Volstead, 1929) “demostró” que “prohibir” es ¡tan contraproducente! como lo “demuestra” prohibir la pederastía. Sería como afirmar que, debido a la “prohibición” o rechazo de que adultos hagan de “las suyas” con niñas y niños, han surgido tantos abusadores de menores. Y que si el “alcohol” (no el de farmacia, ni el del 96 grados, ni el de las lociones o el destinado para friegas: If you please es tan “peligroso” que debería prohibirse.  Y que “el alcohol” y “el tabaco” han matado y matan a más personas por segundo que los aniquilados por la fiebre española en el siglo XIX… “etecé y eteasí…”. Y así entre otras tesis, antítesis y síntesis demenciales que rondan en los linderos de confundir “la velocidad con el tocino”.

El caso es que la superficialidad y la estupidez se fueron al campo un día; y más pudo la estupidez y la superficialidad sobre la razón que la razón tenía. (Parodia sobre un versito cursi que algún día escuché).

Eso de ponerse a “preguntarle” a estas alturas a “la masiosare” si “habemus aeropuerto o no habemus aeropuerto”, resulta tan perverso como lo que se pretende en torno a los desvaríos sobre el “uso de sustancias” para “fundamentar” ¡políticas públicas de salud! MY FKNG DOG! ¿Qué dice y qué quiere “el pueblo bueno” y “el pueblo malo”…? ¿Ponerse hasta su matrix…? ¡Que lo diga!

Si ya en Colorado, Ohio y anexas está siendo ¡todo un éxito! ponerse hasta las manitas “legalmente”, y ¡hasta las finanzas públicas han remontado! Chúpele pa’fuera y sóplele pa’dentro. Odiamos a los gringos, pero ¡AY! cómo queremos ser como ellos.

Vámonos entendiendo: No todo lo que te metes te prende igual. Ni es lo mismo un chupe, que un “toque”. Ni todo lo que se te ocurra, va a resultar. Por mucho que lo digan “algunos” sesudos pseudo “intelectuales”

Seguimos siendo el país de las “ocurrencias”. Que si la criminalidad está desatada… ¡Ah!, es que ¡se están matando por la prohibición! ¿Os Cae? “La causa, son las desigualdades sociales”. Una vez abolida la “prohibición”, los lobos se volverán corderos. Una vez dentro de la “legalidad”, todos dejarán de estar al “margen de la Ley”, pues ya no habrá Ley que prohíba cosa alguna. ¡Pactemos! y todos conviviremos en Santa Paz y armonía.

¿No será por “la falta de gobernabilidad” que “democráticamente” aspiramos al “auto-gobierno”? Es la falacia de las “auto-defensas”. Si no hay quien me defienda, pues me defenderé a mi forma y a mi modo. “Nomás con “legalizar” la producción, comercialización, distribución y consumo de “motita”, “amapolita” y derivados, la cosecha criminal seguro se acaba…”. En el momento en que constituyamos la CONACOES: “Compañía Nacional para el Consumo de Estupefacientes” todo se normalizará. Ahora que llegue la “hermandad” regulatoria de la morena castidad, las drogas y sus derivados no existirán más. ¡Al margen de la Ley, nada; por encima de la Ley, nadie! ¡Voooy! No mameyes en época de aguacates.

¿Habrá quien tenga la capacidad de “analizar” la Historia de la evolución que ha tenido el “uso de sustancias”?

“Gringolandia” el más odiado, pero más aspiracional estilo de vida para buena parte de los mexicanos, ha sido el ejemplo a seguir. ¡Sigamos!

Por décadas, el término “Drugs” (Drogas) fue el término común para referirse a todo aquello que se comercializaba en las conocidas “drugstores” o “farmacias”. Pero cuando cayeron en la cuenta de que no era “lo mismo” que “lo mesmo” y que “jurídicamente” habían caído en una contradicción, tuvieron que recular y cambiar regulatoriamente el término de “drugstores” por el de “pharmacies” Esto es, de “droguerías” a “farmacias”. ¡No todo lo que puedas encontrar en el mostrador es para que te lo metas, como te lo metas o cuando te venga en gana introducírtelo! Una cosa es “la sustancia” y muy otra, para qué o cómo la usas. Si lo que quieres es conseguir “algo” que “te alivie”, es una cosa; si lo que quieres es “ponerte hasta tu madre”, ése es otro departamento y “consulta a tu médico”.

¿Qué pa’ donde voy? ¡Ahí voy! Nomás ténganme paciencia.

Hay “sustancias” productos y subproductos que la Señora Humanidad ha descubierto, desarrollado y asimilado en su vida cotidiana de muy diversas formas. Durante más de DOCE MIL AÑOS DE INETERACCIÓN. Entre otras, el cultivo de semillas y frutos y su fermentación. I. Est. Cebada (Cerveza) uvas (Vino) y etc, etc. “Milenios” después. “destilación” (aguardientes como el ron, whiskey, vodka, etc) Esos –entre otros, como el té, y el café- los ha integrado a su forma de vida y convivencia. Durante centurias. Tanto el té, el café, la cerveza y los “vinos”, la Humanidad los integró a sus “usos y costumbres”. Incluidos rituales religiosos y sociales. De ahí se desprende que el consumo de buena parte de las “Bebidas con Alcohol” –NO ALCOHOL per-sé- la Humanidad las ha integrado a sus formas de vida y “convivencia social”. NO para “ponerse hasta la madre”, sino simplemente para “convivir”. Y hasta para “acompañar” a su alimentación. De ahí los “sibaritas” lo “somelieres” entre otros “diletantes” del “buen comer” y de quienes gustan de disfrutar de un producto sin afán de “intoxicarse”. Uso y costumbre muy arraigados entre quienes no pretenden el “efecto patada” de determinada sustancia.

Hechos incontrovertibles y muy diferentes de quienes –al consumir determinada sustancia- “pretendemos” alterar o modificar la “psique” o “percepción de la realidad”.

De ahí que los “gringos”, esos para muchos, tan “malévolos y degenerados” cayeron en la cuenta de que en su sistema reglamentario, tuviesen que incluir el concepto jurídico de “UNDER THE INFLUENCE” (Bajo la Influencia), lo que implica diferenciar si alguien se encuentra, o no, bajo “la influencia” de determinada sustancia. Así surgió el conocido D.U.I. (Driving Under The Influence) o “conducir un vehículo bajo la influencia de determinada sustancia”. Acto “gravísimo” que puede modificar jurídicamente un hecho de lo “imprudencial” a lo “criminal”. No es “lo que te metiste”, sino “cómo, porqué razón, cuando y/o para qué te lo metiste”.

La gran diferencia entre “consumir” una “bebida alcohólica” sin llegar al punto de “intoxicación” o consumirla por el hecho de “acompañar” los alimentos puede hacer la diferencia entre la libertad o la cárcel.

En el caso del “uso y abuso de otras sustancias” es que por ejemplo, en el caso del consumo de “bebidas con alcohol” alguien puede consumirlas sin llegar al estado de “intoxicación”. Mientras que en el caso de la “marihuana” y otro tipo de sustancias similares, lo que se “pretende” busca o provoca, es estar precisamente “bajo la influencia”. Es decir “intoxicado”.

Si yo no me puedo explicar –como es mi caso- tal vez para iniciados, Séneca lo haga mejor:

Dice Lucio, luciendo su lucidez: “…lo que es la ira (diferente) a la irascibilidad: entre ambas existe la misma diferencia que entre la embriaguez y la propensión a la misma… el irascible, no siempre está dominado por la ira, como el propenso a la embriaguez, no siempre está borracho…”.

“Bajo lo influencia” de Séneca podemos encontrar toda una cátedra sobre la diferencia entre el “consumo inocuo” y el “efecto patada” de las sustancias, dejando claro que hay sustancias cuyo consumo “puede” resultar ¡sin efectos secundarios! Y otras, cuyo “beneficio” sólo se logra a partir de sus “efectos secundarios”. De ahí que hay quienes consumen vino, cerveza, café, o té, pero evitan y rechazan su “efecto secundario” por mínimo que sea. No sucede igual, con “otras sustancias”; que se consumen con la intención inicial de alcanzar un “efecto secundario” o “efecto patada”. Por ello, la Señora Humanidad –que puede ser todo lo vieja y anacrónica que se quiera, menos estúpida- ha “aculturizado” ¡durante milenios!; asimilado e integrado a las formas de convivencia social pacífica determinados productos y no otros.

Hoy, los urgiditos e histéricos; ávidos de los “resultados” para antier. Los y “las” incapaces de “controlar” la demanda de las “zonas de recompensa” de nuestro cerebro para alcanzar “compensación de sensaciones de necesidad” o “saciedad” aún antes de que se presenten, somos tan proclives al desarrollo de adicciones. Esto es, la necesidad de recurrir a determinado efecto, para “ilusoriamente” prevenir la “carencia” del mismo. Esto es, el “síndrome de supresión” o “necesidad” de determinada dosis para lograr un “efecto” antes alcanzado. Algo que tiene mucho que ver con nuestra incapacidad para “aplazar” determinado estado de satisfacción.

En palabras de cualquier demagogo o populista: “Deja de prohibir lo prohibido”, que así es como “te permitirás lo permitido”. Es el mismo santo remedio que han venido promoviendo los defensores de la proliferación de armas: “Permite que todos se armen hasta los dientes, para ¡evitar! que alguien se atreva a sacar y disparar primero su arma”.

A falta de capacidad para darnos “Orden y Progreso” –como reza el acertado precepto de la Bandera Brasileira- parecería ser que buscamos una sociedad “Montessori-Light” (Con todo respeto a los verdaderos Montessorianos) “No hay cosa más buena y más sana, que cada quien haga lo que le da su retiznada gana…”. ¡Voooy!

Pero ¡quién es este tecleador de “El Viene Viene”! para darnos clases de moral con la bragueta abierta. Mejor atendamos –guan mor taim- a la lucidez de Lucho:

“…es más fácil expulsar un mal principio que gobernarlo; más fácil no admitirlo que moderarlo después de admitido. Una vez que ha tomado posesión es más fuerte que el alma poseída, no conoce límite ni restricción… la razón misma, a la que entregáis las riendas, no sabría conservarlas a no divorciarse de las pasiones; mancillada por su alianza con estas, no puede contener lo que antes le era fácil excluir. El alma, una vez quebrantada y fuera de su asiento, no obedece más que al impulso recibido… un hombre que se ha arrojado al abismo, ya no es dueño de sí; no puede volver atrás ni detenerse en su caída hasta llegar al fondo…”

Si creemos que la “ausencia de control” será la solución para dejar de “descontrolarnos”, por eso estamos como estamos.

Viviendo en “el gabacho” –sociedad bastante proclive al libertinaje- he podido reflexionar –de esquina en esquina y de banqueta en banqueta- sobre lo que me dicta una pinchurrienta señal de ¡STOP! Y que yo ociosamente he desdoblado como sigue: “Silence; Think; Observe; Proceed” ¡Cállate, Piensa, Observa y Procede! Sin policías ni cámaras de foto-multas a la vista, el letrerito sólo me previene: “Sigue mis instrucciones para no darte en la madre”.  

No es que en los Estados Unidos de América no se dé la transgresión, ni la incivilidad, ni la corrupción. Lo que sí se percibe es que, al menos en lo fundamental de la “convivencia social” el que se lleva, se aguanta. Y si te agarran, ¡te cuesta! No hay mucha ciencia ni filosofía de por medio. “Nothing Personal, Just Business!

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El universo humano es cada vez más complejo y cambiante, lo que lo hace progresivamente impredecible. Día con día crecen exponencialmente el número de variables potenciales y también la imposibilidad de controlarlas. Por ello el líder necesita aprender a gestionarse en la incertidumbre, otra de las caras ineludibles de la auténtica “nueva normalidad”.  En los últimos artículos hemos especulado acerca de qué características debe tener un líder para encarar los retos a los que nos somete el siglo XXI. Un líder1 de la Era Covid y Post-Covid, sin despreciar las propiedades de los liderazgos tradicionales, requiere además cuatro características que para los tiempos por venir lucen indispensables:  1.- Comprensión profunda del carácter global de la civilización humana.  2.- Capacidad de cambio, adaptación y rectificación. 3.- Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto.  4.- Consciencia de Ejemplaridad.  Hoy toca el turno a la tercera: Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto Desconocemos el futuro, pero es posible intuir algunas de sus potenciales características si ponemos atención en los antecedentes que nos ofrece el pasado y las tendencias en que están inmersos los acontecimientos del presente.  Como bien apunta Daniel Innerarity, en su libro Pandemocracia: “Esta crisis no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo. Lo que se acaba (se acabó hace tiempo y no terminamos de aceptar su fallecimiento) es el mundo de las certezas, el de los seres invulnerables y el de la autosuficiencia. Entramos en un espacio desconocido, común y frágil, es decir un mundo que tiene que ser pensado sistémicamente y con una mayor aceptación de nuestra ignorancia irreductible2 …”. El universo humano, más allá del mero crecimiento demográfico de la población, es cada vez más complejo, cada vez más dinámico, más inestable y más cambiante, pero sobre todo, cada vez más impredecible. Esta tendencia se ha sostenido constante a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI no ha hecho otra cosa que acentuarse y acelerarse. La propia pandemia, con sus cambios y mutaciones, se ha ceñido a las características de los tiempos. Por ello no hay motivo para suponer que esta propensión a un devenir impredecible no continuará en el futuro. No se trata de un autoengaño sin fundamento. Conforme el escenario humano se amplía y se complejiza, crecen exponencialmente el número de variables posibles, pero también, ante la emergencia de nuevas tecnologías, de transformaciones sociales, éticas y culturales, crecen también las posibilidades potenciales de cada una. Pensemos en tres jóvenes de veinte años, nacidos en París, Londres, Nueva York o la Ciudad de México. Los tres habitan un entorno urbano y gozan de las posibilidades para cursar la educación estándar de su tiempo. Ahora imaginemos que uno nació en 1800, otro en 1900 y el tercero en el año 2000. Los tres son humanos biológicamente idénticos, nacieron en el mismo planeta y en la misma ciudad; sin embargo, los tres habitan mundos objetivamente distintos en todos los ámbitos lo que conlleva experiencias existenciales radicalmente distintas.  Mientras el chico nacido en 1800 tiene prácticamente definido el entorno donde habrá de desarrollarse: conoce con enorme certeza sus posibles actividades profesionales que está habilitado por sus capacidades, orígenes familiares y circunstancias específicas, tiene muy claro cómo y dónde relacionarse con sus pares, tiene tatuado en el ADN social cómo, cuándo y dónde buscar a la pareja con que deberá fundar una familia, etcétera. Resumiendo, el chico nacido en 1800, con todo y sus escasos veinte años, puede determinar con una certeza muy alta cómo se desarrollará el resto de su vida.  En el caso del chico nacido en 1900, aun cuando el escenario es relativamente semejante al anterior, desciende significativamente el nivel de certidumbre. La posibilidad de viajar en automóvil en vez de carreta de caballos, de que la luz eléctrica le transforme la vida, de encontrar nuevas profesiones, de alterar, así fuera ligeramente, el modelo familiar en uso haría que sus posibilidades potenciales fuesen más amplias y diversas que las de su predecesor de 1800. Se trata de posibilidades objetivamente nuevas que unas décadas atrás simplemente no existían. El mundo de 1900 era mucho más dinámico y complejo que un siglo atrás.  Ahora veamos el escenario de futuro para un chico de veinte años, nacido en el año 2000 en una gran ciudad de occidente. El incremento de variables en todos los ámbitos de su existencia es delirante. Mientras su predecesor de 1800 apenas tenía un puñado de opciones y el de 1900 quizá 10 o 15 posibles carreras universitarias para escoger, el chico del año 2000 tiene decenas, quizá centenas si sumamos especialidades y variantes específicas en cada caso. El chico nacido en el año 2000 puede, desde Ciudad de México, trabajar en cualquier parte del mundo. Qué decir de la tecnología. El mundo del año 2020 es objetivamente más complejo, más diverso, más cambiante, con un sin número de variables que emergen y desaparecen a cada momento y con infinitas posibilidades de combinación entre ellas. Y este campo inmenso de posibilidades, potencialidades y riqueza sin límites se experimenta como un mundo concreto, donde cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Campos profesionales emergen mientras otros desaparecen de un día a otro. Mientras que el chico nacido en el año 2000 no tendría idea de en qué consiste la labor de un ascensorista, de una secretaria mecanógrafa, de un fogonero de ferrocarril o de un operador telegráfico, no habría manera de que éste les explicara a sus pares del pasado lo que hace un influencer, un desarrollador de software, un coach de vida, un community mannager, un ingeniero en nanotecnología o un analista de internet.  También en el campo de la ética y de las costumbres las cosas son muy distintas para los tres. Mientras que en los primero dos casos existían sólo dos géneros posibles y una sola combinación aceptable, para el último existe una gama inmensa de posibilidades. Mientras para los primeros dos chicos los roles sociales y de pareja estaban plenamente establecidos, para el nacido en el año 2000 requieren una construcción personal y dinámica. Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con la evolución humana: cada vez hay más variables económicas, sociales, culturales, políticas, tecnológicas, etc., en interacción permanente y, por lo tanto, resulta cada vez más difícil pronosticar con precisión hacia dónde nos dirigimos. Desde luego que esta dinámica, absolutamente real y objetiva, si produce algo, es incertidumbre, siempre escoltada por sus compañeras inseparables: angustia y ansiedad.  Es con esto con lo que hay que lidiar tanto en lo individual como en lo colectivo y asumir la incertidumbre como una compañera cotidiana es una de las tareas más difíciles y a la vez indispensables para ejercer el liderazgos en el siglo XXI. Es, entonces, la incertidumbre otra de las caras ineludibles de la auténtica <nueva normalidad>.    En la siguiente entrega abordaremos las últimas de las propiedades indispensables para los liderazgos que aspiren a gestionar con éxito la esperada Era Post-Covid: consciencia de Ejemplaridad.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo “el”, no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Innerarity, Daniel, Pandemocracia. 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Por ello, el INEGI informó que hubo una caída en el PIB de 8.2% en 2020 y es lógico cuando los comercios cerraron y el turismo se detuvo.  Sentimos esperanza cuando llegaron las vacunas a México porque vimos la luz al final del túnel, pero también descubrimos que como sociedad nos falta mucho por mejorar, ya que la vacunación se politizó. 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El universo humano es cada vez más complejo y cambiante, lo que lo hace progresivamente impredecible. Día con día crecen exponencialmente el número de variables potenciales y también la imposibilidad de controlarlas. Por ello el líder necesita aprender a gestionarse en la incertidumbre, otra de las caras ineludibles de la auténtica “nueva normalidad”.  En los últimos artículos hemos especulado acerca de qué características debe tener un líder para encarar los retos a los que nos somete el siglo XXI. Un líder1 de la Era Covid y Post-Covid, sin despreciar las propiedades de los liderazgos tradicionales, requiere además cuatro características que para los tiempos por venir lucen indispensables:  1.- Comprensión profunda del carácter global de la civilización humana.  2.- Capacidad de cambio, adaptación y rectificación. 3.- Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto.  4.- Consciencia de Ejemplaridad.  Hoy toca el turno a la tercera: Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto Desconocemos el futuro, pero es posible intuir algunas de sus potenciales características si ponemos atención en los antecedentes que nos ofrece el pasado y las tendencias en que están inmersos los acontecimientos del presente.  Como bien apunta Daniel Innerarity, en su libro Pandemocracia: “Esta crisis no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo. 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Conforme el escenario humano se amplía y se complejiza, crecen exponencialmente el número de variables posibles, pero también, ante la emergencia de nuevas tecnologías, de transformaciones sociales, éticas y culturales, crecen también las posibilidades potenciales de cada una. Pensemos en tres jóvenes de veinte años, nacidos en París, Londres, Nueva York o la Ciudad de México. Los tres habitan un entorno urbano y gozan de las posibilidades para cursar la educación estándar de su tiempo. Ahora imaginemos que uno nació en 1800, otro en 1900 y el tercero en el año 2000. Los tres son humanos biológicamente idénticos, nacieron en el mismo planeta y en la misma ciudad; sin embargo, los tres habitan mundos objetivamente distintos en todos los ámbitos lo que conlleva experiencias existenciales radicalmente distintas.  Mientras el chico nacido en 1800 tiene prácticamente definido el entorno donde habrá de desarrollarse: conoce con enorme certeza sus posibles actividades profesionales que está habilitado por sus capacidades, orígenes familiares y circunstancias específicas, tiene muy claro cómo y dónde relacionarse con sus pares, tiene tatuado en el ADN social cómo, cuándo y dónde buscar a la pareja con que deberá fundar una familia, etcétera. Resumiendo, el chico nacido en 1800, con todo y sus escasos veinte años, puede determinar con una certeza muy alta cómo se desarrollará el resto de su vida.  En el caso del chico nacido en 1900, aun cuando el escenario es relativamente semejante al anterior, desciende significativamente el nivel de certidumbre. La posibilidad de viajar en automóvil en vez de carreta de caballos, de que la luz eléctrica le transforme la vida, de encontrar nuevas profesiones, de alterar, así fuera ligeramente, el modelo familiar en uso haría que sus posibilidades potenciales fuesen más amplias y diversas que las de su predecesor de 1800. Se trata de posibilidades objetivamente nuevas que unas décadas atrás simplemente no existían. El mundo de 1900 era mucho más dinámico y complejo que un siglo atrás.  Ahora veamos el escenario de futuro para un chico de veinte años, nacido en el año 2000 en una gran ciudad de occidente. El incremento de variables en todos los ámbitos de su existencia es delirante. Mientras su predecesor de 1800 apenas tenía un puñado de opciones y el de 1900 quizá 10 o 15 posibles carreras universitarias para escoger, el chico del año 2000 tiene decenas, quizá centenas si sumamos especialidades y variantes específicas en cada caso. El chico nacido en el año 2000 puede, desde Ciudad de México, trabajar en cualquier parte del mundo. Qué decir de la tecnología. El mundo del año 2020 es objetivamente más complejo, más diverso, más cambiante, con un sin número de variables que emergen y desaparecen a cada momento y con infinitas posibilidades de combinación entre ellas. Y este campo inmenso de posibilidades, potencialidades y riqueza sin límites se experimenta como un mundo concreto, donde cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Campos profesionales emergen mientras otros desaparecen de un día a otro. Mientras que el chico nacido en el año 2000 no tendría idea de en qué consiste la labor de un ascensorista, de una secretaria mecanógrafa, de un fogonero de ferrocarril o de un operador telegráfico, no habría manera de que éste les explicara a sus pares del pasado lo que hace un influencer, un desarrollador de software, un coach de vida, un community mannager, un ingeniero en nanotecnología o un analista de internet.  También en el campo de la ética y de las costumbres las cosas son muy distintas para los tres. Mientras que en los primero dos casos existían sólo dos géneros posibles y una sola combinación aceptable, para el último existe una gama inmensa de posibilidades. Mientras para los primeros dos chicos los roles sociales y de pareja estaban plenamente establecidos, para el nacido en el año 2000 requieren una construcción personal y dinámica. Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con la evolución humana: cada vez hay más variables económicas, sociales, culturales, políticas, tecnológicas, etc., en interacción permanente y, por lo tanto, resulta cada vez más difícil pronosticar con precisión hacia dónde nos dirigimos. Desde luego que esta dinámica, absolutamente real y objetiva, si produce algo, es incertidumbre, siempre escoltada por sus compañeras inseparables: angustia y ansiedad.  Es con esto con lo que hay que lidiar tanto en lo individual como en lo colectivo y asumir la incertidumbre como una compañera cotidiana es una de las tareas más difíciles y a la vez indispensables para ejercer el liderazgos en el siglo XXI. 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