En un interesante artículo del gran periódico EL ECONOMISTA, Antía Dominguez publicó recientemente el artículo “2026 no será el año del colapso demográfico; ¿qué ha pasado realmente con la población mundial?”. Nos indica que la población mundial, según datos de la ONU a febrero de este año somos 8,300 millones de habitantes, el doble que se registraba en 1960, denominada por los demógrafos, sociólogos y antropólogos como “transición demográfica” (proceso histórico por el cual las poblaciones pasan de tener altas tasas de natalidad y mortandad a bajas tasas de ambos conceptos; esto debido a un descenso en la mortalidad (avances médicos y sanitarios) y reducción de la natalidad (retraso del matrimonio, los DINK -double income, no kids-, las mascotas -perrijos en España- métodos de control natal) y la cual está por abajo del umbral de reemplazo -nacimientos insuficientes para compensar defunciones, 2,1 hijos por mujer-, muy cercano a lo que Tomás Malthus indicó en su teoría de que la población crece en progresión geométrica, mientras que los recursos lo hacen aritméticamente.
Si el crecimiento anual es de 0.84 % anual (69 millones más por año), se espera que para 2037 se alcancen los 9,000 millones y para fines del siglo XXI sea de 10,300 y ahí se pronostica pueda llegar a bajar. India, China, Estados Unidos, Indonesia y Pakistán suman 3,800 millones de seres, México terminará el 2026 con 133 millones de habitantes (1.60 % de la población mundial), seríamos un millón más de no haber muerto por el COVID y por las fallas del absurdo “abrazos no balazos”.
Gandhi afirmaba “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, gran reflejo de su pensamiento filosófico y pacifista. Pero la realidad es otra y muy distinta, no dudo en afirmar que los 8,300 millones de habitantes que poblamos la tierra (más los acumulados en 20 días) somos simples observadores de los acontecimientos y que nada tenemos que ver y mucho menos influir en su devenir y que un grupo, cuando mucho de 1000 o 1500 personas tienen al mundo en una constante situación de incertidumbre y temor.
De estos 8,300, el 12 % (670 millones) son de ingreso bajo y viven con menos de los $ 2,25 USCY al día, el nivel mediano bajo es un 23 %, el nivel mediano alto un 25 % y el de ingreso alto 40 %, todo esto según el Banco Mundial,
Las consecuencias vuelven a casa ya que la población total del mundo, independientemente del nivel de ingreso que logre estamos en un periodo de deterioro en nuestros niveles de vida, sufriendo primero incertidumbre, aumento de precios en nuestro consumo derivado del alza paulatina de los precios derivados del petróleo y es que gran parte de lo que nos rodea en la vida diaria su materia prima inicial deriva del hidrocarburo, las energías renovables no han crecido en proporción, los “pactos climáticos” y “soluciones ambientales” que se discuten en lugares privilegiados donde se llevan a cabo las reuniones del COP, de las conferencias alternativas y demás eventos que se suceden en la agenda mundial hoy deberían de haber tenido soluciones alternas al problema que nos aqueja.
Sí, ya las consecuencias han vuelto a casa y entrado por la puerta principal y sin avisar, los ingresos cada vez son menores en cuanto al poder de compra e incremento de costos, esto ya se convirtió en un fenómeno mundial que los dirigentes no ven y aun menos sienten.
El mundo cambió su rumbo en cuanto al futuro a partir del silencio urbano y social que fue el COVID y luego la invasión de Ucrania, y los ataques en Gaza, y los conflictos entre Afganistán y Pakistán y ahora la guerra contra los persas de Irán.
Los jinetes ya han iniciado sus cabalgatas, aunque no los veamos, el del Caballo Blanco que representa la conquista, del caballo rojo la guerra, el caballo negro el hambre y la escasez y cierra el Caballo Pálido y escuálido con la muerte y la destrucción, aquellas visiones que tuvo Juan el Evangelista desde la Isla de Patmos en el primer siglo de nuestra Era y que describió en el libro del Apocalipsis que es el último de la Biblia Cristiana, esperemos no llegar a lo consignado en el Capítulo 7, versículo 16: “Y no llorarán más, ni tendrán hambre, ni tendrán más sed, ni el sol ni el calor los afligirá”.
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