Creer como principio y fin, como último recurso y como única forma de entender la vida, los seres humanos siempre desde el principio de los tiempos hemos creído mucho más que comprobar.
Estudios recientes revelan algo alarmante: el 60% de las personas creen en limpias y remedios alternativos, el 53% confía en la fe como la principal vía de buena fortuna, salud y bienestar, el 23% tiene un numero de buena suerte, el 30% cree firmemente en que hay personas psíquicas con poderes sobre naturales y capacidades de adivinación y curación que no tienen que ver con la medicina y la ciencia.
Por alguna razón hoy amanecí pensando en las creencias que defendemos a pesar de que suelen ser incluso irrisorias, las supersticiones que obedecemos y respetamos aunque no sabemos ni de dónde vienen; los rituales que muchas veces disfrazamos llamándoles oración y religión pero que, seamos sinceros, son de lo mas flexible y conveniente. Y es que para eso los seres humanos nos pintamos solos, para creer y moldear la fe a como nos acomoda y somos tan “devotoflexibles” que estamos convencidos de que las cosas que pasan y que creemos que son un destino que nos da la divinidad sea cual sea en la que creamos, desde un Dios omnipotente a un santo de moda es milagro pero lo que proviene de algo que consideramos profano es brujería o charlatanería y para eso también solemos ser los más creativos y acomodaticios.
Cuando estudié religión en la escuela, recuerdo muy bien lo estricto que era el tema en que solo se debía creer en un solo Dios y su poder y decisión sobre nuestro destino; sin embargo, casi puedo asegurar no conocer a ninguna persona que crea en alguna religión derivada del concepto judeocristiano que no crea en adivinadoras, limpias, rituales, amuletos y cuanta cosa les prometa suerte en el amor y el dinero principalmente, que por cierto suelen ser los dos temas mas recurridos y buscados por la superstición (claro que también está la salud y las buenas relaciones familiares y laborales pero ya muy atrás en el ranking).
Los seres humanos queremos tener amor y abundancia material y para eso al no sentirnos lo suficientemente capaces ni merecedores recurrimos al último recurso: la magia y la buena suerte. Ninguna de las cosas que creemos o hacemos tiene el mas mínimo sustento lógico mucho menos científico, pero eso que nos importa, nosotros lejos de creer en la acción y la reacción como base de todo lo que nos pasa creemos que si usamos ropa interior roja en año nuevo, comemos uvas y lentejas y guardamos un billete de dólar en la cartera, tenemos la batalla ganada.
Creencias las hay de todo tipo, la mayoría fundamentadas en el desconocimiento y el miedo, desde la mala fortuna por pasar debajo de una escalera, romper un espejo, derramar la sal, encontrarse de frente con un gato negro a creer que si cargamos un amuleto como un trébol, una herradura en la puerta, una pulsera de ojos, una medallita de alguna divinidad, un hilo rojo en la muñeca, una pata de conejo estaremos protegidos de cualquier desgracia. Pero viéndolo desde fuera, todo se ve bastante absurdo y hay veces que parece inofensivo pero puede llegar a ser una obsesión o un TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) como rezar por horas y sentir que si uno deja de hacerlo o no cumple con alguna manda la desgracia caerá sobre la persona o su familia y que se acerca ya a un padecimiento mental. Pero vuelvo al principio básico de que todo si es religioso está bien, es bueno y será recompensado en un futuro.
Pensándolo bien, nadie está exento de creer en algo no científico o tener alguna superstición, hasta la persona más escéptica del mundo tiene un numero de la suerte y cree que ver una estrella fugaz es pronostico de que algo bueno sucederá. Lo que sí entendí ya es que la creencia está implícita en el ser y que desde que caminamos por la tierra y cumplíamos ciertos rituales para salir a cazar o sentir que nuestro hogar estaba protegido por fuerzas supremas y desconocidas hasta hoy que decidimos no usar collares de perlas en nuestra boda para evitar lágrimas en el futuro o tememos a las mariposas negras como sinónimo de muerte y nos santiguamos cuando los perros aúllan. Siempre, y no importa el conocimiento al que tengamos acceso, necesitamos creer en lo que no podemos entender, aunque carezca de lógica mejor por si las dudas no vaya a ser la de malas nos ponemos algo al revés para evitar envidias y si nos zumban los oídos es porque seguro alguien está hablando mal de nosotros.
Cuéntame tu ritual o dame tu mejor consejo aprendido de tu abuelita para que todo te salga bien y, ojo, contestar: Trabajar y potarse bien no es opción.
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