La maldición del avión presidencial

El presidente López Obrador realizó su conferencia matutina del lunes 27 de julio en el hangar presidencial. Como fondo, ni más ni menos, el avión que, en su momento, compró el gobierno de Felipe Calderón y que...

28 de julio, 2020

El presidente López Obrador realizó su conferencia matutina del lunes 27 de julio en el hangar presidencial. Como fondo, ni más ni menos, el avión que, en su momento, compró el gobierno de Felipe Calderón y que posteriormente usara Enrique Peña Nieto, su familia, sus amigos y su gabinete. En esa conferencia, AMLO mostró el avión como evidencia de los malos gobiernos del período neoliberal. Hasta se dio el lujo de sugerir que en lugar de llamarse “José María Morelos y Pavón”, personaje que, según López Obrador, predicaba humildad y austeridad, el avión debería recibir el nombre de “Iturbide”, “Santa Anna”, “Porfirio Díaz” o “Carlos Salinas de Gortari”, y así el nombre de la aeronave estaría más cercano a la realidad.

Mucha gente no se explica por qué López Obrador siente tanto desprecio por ese avión. Podría parecer hasta una actitud irracional. Yo creo que no lo es porque ese avión es símbolo del presidencialismo corrupto que AMLO dice combatir. Por eso nunca lo va a usar.

El avión tiene un gran problema: nadie lo quiere, ahora sí que ni en rifa. Hasta la fecha, no ha habido un comprador dispuesto a hacerse  con el avión por el precio que pide el gobierno. Ello ha causado una enorme erogación al Estado Mexicano, que ha tenido que pagar millones de dólares para que el aparato estuviera resguardado en un hangar en California (Estados Unidos). Ya está de vuelta en México.

No seamos inocentes: los gobiernos anteriores abusaron hasta límites inimaginables. Sus altos funcionarios –detesto decir “altos” funcionarios, porque muchos de ellos fueron “bajos” y ruines– gozaron de privilegios que, vistos en retrospectiva, ofenden, lastiman y constituyen un grave insulto al pueblo de México, particularmente a los más pobres. 

Se puede criticar al actual gobierno por muchos motivos –y vaya que sobran–, pero no se puede criticar al actual gobierno bajo el supuesto de que venimos de una era de justicia y desarrollo; no se puede criticar al gobierno haciendo defensa de un abominable avión presidencial. Los opositores de AMLO no son capaces de ver que en la medida en que más se aferren y defiendan ese avión, más provecho político sacará el presidente de ello. Que los opositores critiquen y hasta insulten a AMLO por motivo de ese avión, es algo que siempre fortalecerá al presidente. Defender ese avión equivale a justificar los excesos del pasado; la oposición, en su anquilosamiento, es incapaz de darse cuenta.

Si hacemos una lectura verdaderamente crítica de la historia de México –una lectura sin prejuicios, sin filias ni fobias, sin discurso emotivo–, saltará a la vista que desde 1934 a la fecha –digamos, la historia reciente–, no ha habido en México un solo presidente que, al final de su sexenio, no haya causado mayor mal que bien. Todos, sin excepción, han dado pobres resultados, algunos peores que otros, algunos verdaderamente terribles, y ninguno de ellos se salva. La prueba está a la vista: un país superrico, pero inmoralmente pobre y desigual: más de 60 millones de pobres es la evidencia incontestable del fracaso de todos los gobiernos. Hagamos pase de lista y usted diga quién de los siguientes presidentes, ya no digamos erradicó, sino al menos combatió efectivamente la corrupción, o sacó a millones de la pobreza y logró un periodo de justicia, paz y bienestar para la gran mayoría de los mexicanos: ¿Lázaro Cárdenas, Ávila Camacho, Miguel Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos, Díaz Ordaz, Luis Echevarría, López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto… López Obrador? Si usted de verdad piensa que alguno de ellos fue verdaderamente bueno y eficaz, permítame discrepar y decirle que está usted en el mundo de la fantasía.




El avión “José María Morelos y Pavón” simboliza a todos estos presidentes; simboliza a este presidencialismo brutal y nocivo. El proyecto político de los mexicanos no debería ser una Cuarta Transformación en la que se ensalza al presidente y se le hace apoteosis estando en funciones –lo cual es ridículo–, sino la erradicación de ese presidencialismo abusivo y salvaje que tanto daño ha causado a México, y sustituirlo por un régimen parlamentario en el que prevalezca no la fuerza desproporcionada de uno, sino la voz de todos, el imperio de la ley y el orden de las instituciones. Pero ese es otro tema.

Volviendo al punto, entiendo que AMLO ni siquiera se suba a ese avión. Por mucho que algunos le tengan animadversión al presidente, eso no quita que el avión sea un símbolo lacerante de la frivolidad, soberbia y prepotencia con la que se gobernaba este país. Quizá a la hora de hacer cuentas, en la ecuación que mida lo pernicioso del avión-símbolo versus el oneroso costo de almacenaje y mantenimiento, resulte claro que lo mejor sería usar esa nave. Pero yo creo que si López Obrador llegara a usarla, estaría escupiéndole a la cara a los 60 millones de pobres de este país y a los 30 millones que votaron por él, como les escupieron a la cara Calderón y Peña, y todos los demás.

La cuestión de la rifa del avión presidencial es una cosa tan poco seria que no voy a hablar de ella. Solo me atrevo a pronosticar que no será exitosa. Se supone que se llevará a cabo el 15 de septiembre. Estamos a mes y medio de esa fecha y de los 6 millones de cachitos, apenas se ha vendido poco más del 20%.  

Es verdad que el presidente López Obrador se aferra a ciertos temas, como este avión, en momentos que, uno diría, hay asuntos muy importantes. Hay un huracán y está causando estragos en Tamaulipas y en Nuevo León; esta semana, si la tendencia sigue, nos convertiremos en el tercer país a nivel mundial con mayor número de muertes por Covid-19, una verdadera tragedia; la inseguridad en el país es cada vez peor y la prueba es que el número de muertos por homicidio doloso es mucho más alto que las cifras que dejaron Calderón y Peña Nieto, cifras que ya eran sumamente malas; la economía enfrenta el mayor reto desde la Revolución y si llega el PIB a caer alrededor de 10 puntos, como muchos analistas prevén, al final del sexenio, la economía mexicana estaría lejos de alcanzar el nivel que tenía en el último año del periodo de Peña Nieto. Pero parece que todo esto no es tan importante como el avión. 

Y para terminar, volviendo a la sugerencia sarcástica del presidente de llamar al avión “Iturbide”, “Santa Anna”, “Porfirio Díaz” o “Carlos Salinas de Gortari”, en lugar de “José María Morelos y Pavón”, hay una cuestión que, creo, muestra el mal gobierno de nuestros presidentes. ¿Se imagina usted un avión presidencial o un aeropuerto “López Portillo”, “Salinas de Gortari” o “Vicente Fox”? Por supuesto que no; yo tampoco los imagino. ¿Por qué? Porque en el fondo pensamos que son nombres indignos. En Estados Unidos hay un aeropuerto Ronald Reagan (Washington DC), un aeropuerto George Bush (Houston), un aeropuerto Gerald Ford (Grand Rapids) y un aeropuerto Hilary and William Clinton (Little Rock), por mencionar aeropuertos con nombres de presidentes recientes. En México eso sería impensable, y ello revela mucho de nuestra realidad. Cuando un presidente acaba su sexenio, sale desacreditado, desprestigiado, en muchos casos odiado, vilipendiado, rechazado, maldecido. Sin excepción, por lo menos de Díaz Ordaz a la fecha. Eso sí, con los bolsillos llenos para varias generaciones. A juzgar por lo que se ha visto hasta el momento, no veo que en el futuro cercano podamos nombrar una nave oficial o un aeropuerto con el nombre de Andrés Manuel López Obrador. ¿O sí?

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Es simplemente un ejercicio de libertad y de realismo: hace un año, el 23 de abril de 2020, el presidente López Obrador emitió un “Decreto” con medidas para sortear la pandemia. El numeral IX del “Decreto” establecía la creación de 2 millones de empleos para antes del 31 de diciembre de 2020. ¿Qué pasó? ¿Se cumplió el “Decreto”? En aquella ocasión yo señalé que los empleos no se crean por “Decreto” presidencial. La inmensa mayoría de empleos son creados por empresarios y emprendedores de todos los tamaños, desde el gigante que domina el mercado de telecomunicaciones hasta la modesta dueña de una miscelánea. Hace un año dije que 2 millones de empleos no los crea ni Obama, parafraseando la célebre frase de Obrador sobre el “avión presidencial”. Y señalé que a mi leal saber y entender, el “Decreto” era poco serio y no conseguiría ese objetivo. 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Así pues, utilicé la estadística de empleos del IMSS. Al frente de este instituto está una de las personas de mayor confianza de Obrador, Zoé Robledo, de modo que no podrían objetarse de origen los números que ellos han dado a conocer oficialmente. En suma, no bajo mi apreciación subjetiva, sino comparando datos fidedignos y oficiales publicados por una institución bajo el control de la así llamada “Cuarta Transformación”, el Instituto Mexicano de Seguridad Social, se aprecia con facilidad que el “Decreto” presidencial del 23 de abril de 2020 fue una vacilada en materia de generación de empleos. Al 31 de diciembre de 2019, el IMSS registraba 20 421 442 empleos (casi 20 millones y medio). Un año después, y a pesar del “Decretazo” salvador, el IMSS registró, al 31 de diciembre de 2020, la cantidad de 19 773 772 empleos. Así que, según datos oficiales del propio López Obrador, no solo no se crearon los “decretados” 2 millones de empleos, sino que se perdieron casi 650 mil. Insisto, esto no es la apreciación subjetiva y falible –y para algunos, tendenciosa– de un servidor, sino la comparación de los números oficiales de 2019 y 2020 publicados por el IMSS. O sea, el “Decreto” no sumó ni un solo empleo a los que se registraban en el IMSS en diciembre de 2019. No soy más que un simple observador de la realidad. No tengo filias ni fobias. Me baso en estadística oficial. No soy ni pesimista ni optimista; trato siempre de ser realista, supongo que a veces lo logro y a veces no. Lo que sí es un hecho incontrovertible es que todos los políticos mienten, incluidos los políticos que dicen que no mienten (eso en sí mismo ya implica una gran mentira). Por fortuna la estadística ni se emociona ni se apasiona, es fría como un iceberg, y como iceberg en ocasiones hunde barcos.  De verdad deseo que el actual régimen empiece pronto a cosechar éxitos en materia de generación de empleo. Hasta el momento no ha tenido éxito en ello. 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Estado Solidario es aquel que se preocupa por sus integrantes sin importar sus diferencias. Su función consiste en cerrar la brecha entre sus miembros, no con demagogia y polarización, sino con transparencia y políticas públicas equitativas, más allá de intereses personales e ideologías.  En naciones como México las diferencias entre ciudadanos son abismales en todos sentidos: manera de entender el mundo, costumbres, modos de vestir, platillos típicos, tradiciones y un largo etcétera. Pero las diferencias más significativas, las más dolorosas son aquellas que limitan las oportunidades, que privan de educación y salud, aquellas que lastran el desarrollo y la libertad del individuo. Son éstas últimas y no las primeras a las que un Estado Solidario debe dedicar sus esfuerzos para erradicarlas. Al convocar una participación activa del Estado, no es para asignarle tareas de intromisión en los ámbitos privados. 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En principio de lo que se trata es justo de eso: de tener claro el rumbo al que queremos encaminarnos y que las instituciones que habrán de operar dicho cambio sean fortalecidas con las herramientas necesarias para ese tipo de Estado donde, más que el individuo que gobierna, lo que importa de verdad es la eficacia de los sistemas, los protocolos y la transparencia con que las instituciones del Estado habrán de operar para conseguir sus fines. No se trata de hacer un cambio de un día para otro, una transformación mágica por decreto, sino una renovación paulatina mediante un proceso donde uno de los primeros pasos tendría que incluir un “nuevo pacto” entre ambos integrantes de la dualidad indisociable Estado-contribuyente que tendría como propósito cimentar una confianza mutua, hoy inexistente. 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No hay mayor valor, mayor activo en una nación que su gente y por ello no existe mejor inversión que facilitar la formación y emergencia de mejores ciudadanos. Si la población de un país está más sana, mejor alimentada, acostumbrada a condiciones de vida dignas, y con mejores perspectivas de desarrollo y crecimiento para el futuro, estará más motivada en sus ámbitos de trabajo, será más productiva y podrá tener un mejor desempeño en los profesional y lo personal. Además, será naturalmente más crítica, fijará la vista más alto a la hora de escoger líderes y será más exigente con sus instituciones, lo que favorecerá para perfeccionarlas.  Lo cierto es que la solidaridad es una carretera de doble vía: exige asumir responsabilidades. Por alguna causa tanto individuos comprometidos con su comunidad como organismos de la sociedad civil centran su lucha en la obtención de derechos. 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Si bien el Estado Solidario tendría que centrarse en fomentar el desarrollo y la libertad del individuo y las estructuras colectivas, también los individuos y las colectividades, tendríamos que asumir nuestra responsabilidad en todos los ámbitos, tendríamos que colaborar activamente para construir y fortalecer ese sistema solidario del que el Estado sería garante.  La Era Covid es un tiempo de maduración, un tiempo en que las sociedades humanas debemos pasar de la adolescencia caprichosa y dependiente de que “papá gobierno” nos provea –quien por su parte disfruta de tratarnos con condescendencia infantil–, a una condición de “humanidad adulta y solidaria” donde, tanto individuos como colectivos exigimos enérgicamente nuestros derechos a partir de cumplir con nuestras responsabilidades y obligaciones en todos los ámbitos –ecológico, fiscal, cívico, profesional, familiar, etc–, permitiendo así que el sistema total funcione y se fortalezca.      Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir  " ["post_title"]=> string(47) "Era Covid: El nacimiento de un Estado Solidario" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(46) "era-covid-el-nacimiento-de-un-estado-solidario" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-07 08:26:57" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-07 13:26:57" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65058" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18647 (24) { ["ID"]=> int(64483) ["post_author"]=> string(2) "59" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-24 08:45:53" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-24 13:45:53" ["post_content"]=> string(6117) "No es que uno sea pesimista o critique al régimen actual con afán de desprestigiarlo. 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Hice esta predicción no porque tuviera yo mala fe o porque deseara el mal del país o porque el presidente no me simpatizara –Obrador me simpatiza, dicho sea de paso–, y aun así, la gente que apoya al régimen se molestó conmigo y algunos hasta me insultaron (https://ruizhealytimes.com/venus/dos-millones-de-empleos-en-nueve-meses-no-los-crea-ni-obama/). Un año después, con la cabeza fría y los números oficiales en la mano, quisiera que mi predicción hubiese fallado y que el presidente me hubiese callado mi maledicente boca, pero desgraciadamente no es así. La realidad se ha impuesto: no solo no se crearon esos 2 millones de empleos, sino que se perdieron cientos de miles.   El presidente Obrador no tiene confianza en los organismos autónomos porque cree que son agencias del neoliberalismo conservador. Y como el INEGI es un organismo autónomo del cual el presidente recela, no utilicé las estadísticas que ha publicado para evitar que sean objetadas de origen. Así pues, utilicé la estadística de empleos del IMSS. Al frente de este instituto está una de las personas de mayor confianza de Obrador, Zoé Robledo, de modo que no podrían objetarse de origen los números que ellos han dado a conocer oficialmente. En suma, no bajo mi apreciación subjetiva, sino comparando datos fidedignos y oficiales publicados por una institución bajo el control de la así llamada “Cuarta Transformación”, el Instituto Mexicano de Seguridad Social, se aprecia con facilidad que el “Decreto” presidencial del 23 de abril de 2020 fue una vacilada en materia de generación de empleos. Al 31 de diciembre de 2019, el IMSS registraba 20 421 442 empleos (casi 20 millones y medio). Un año después, y a pesar del “Decretazo” salvador, el IMSS registró, al 31 de diciembre de 2020, la cantidad de 19 773 772 empleos. Así que, según datos oficiales del propio López Obrador, no solo no se crearon los “decretados” 2 millones de empleos, sino que se perdieron casi 650 mil. Insisto, esto no es la apreciación subjetiva y falible –y para algunos, tendenciosa– de un servidor, sino la comparación de los números oficiales de 2019 y 2020 publicados por el IMSS. O sea, el “Decreto” no sumó ni un solo empleo a los que se registraban en el IMSS en diciembre de 2019. No soy más que un simple observador de la realidad. No tengo filias ni fobias. Me baso en estadística oficial. No soy ni pesimista ni optimista; trato siempre de ser realista, supongo que a veces lo logro y a veces no. Lo que sí es un hecho incontrovertible es que todos los políticos mienten, incluidos los políticos que dicen que no mienten (eso en sí mismo ya implica una gran mentira). Por fortuna la estadística ni se emociona ni se apasiona, es fría como un iceberg, y como iceberg en ocasiones hunde barcos.  De verdad deseo que el actual régimen empiece pronto a cosechar éxitos en materia de generación de empleo. Hasta el momento no ha tenido éxito en ello. Claro, entiendo que nos barrió la pandemia, pero también entiendo que se emitió un “Decretazo salvador” para superarla, y el “Decretazo” no ha funcionado todavía. Y claro que no iba a funcionar porque los empleos no se crean por “Decreto”, ni de dios, ni mucho menos de un presidente de un país latinoamericano que no tiene respeto por la ley. Van a justificarse el presidente y los ideólogos de la 4T alegando que no se crearon los 2 millones de empleos por culpa de los pérfidos conservadores neoliberales. Pero no nos hagamos tontos. El presidente emitió el decreto teniendo en consideración que existen fuerzas opositoras “malvadas”, y bajo esa circunstancia, si uno lee el texto publicado en el Diario Oficial de la Federación, la fuerza que creía tener Obrador y el optimismo que lo engullía no dejan duda para sostener que: a) él se pensaba por encima de cualquier obstáculo, moral y político –y eso lo dice todos los días: su supuesta superioridad moral y legitimidad política–; y b) que él mismo y sus millones de seguidores se creyeron que de verdad iba a crear por “decreto” los 2 millones de empleos, a pesar de todos los pesares. Tarde o temprano llega el momento en el que las justificaciones de siempre dejan de tener efecto. Tarde o temprano llega el momento en que la realidad te explota en la cara." ["post_title"]=> string(96) "Hace un año se iban a crear 2 millones de empleos por “decreto” presidencial. ¿Qué pasó?" 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