La austeridad mal entendida deja 23 muertos. Las trampas de la 4T

La política de austeridad generalizada puede provocar situaciones de negligencia criminal en materia de salud, transporte y seguridad, tal como ha ocurrido en varias ocasiones en esta administración en el Metro de la Ciudad de México. El...

6 de mayo, 2021

La política de austeridad generalizada puede provocar situaciones de negligencia criminal en materia de salud, transporte y seguridad, tal como ha ocurrido en varias ocasiones en esta administración en el Metro de la Ciudad de México.

El 11 de marzo de 2020, un choque entre dos trenes en la estación Tacubaya de la Línea 1 dejó un muerto y al menos 41 personas lesionadas. Esto ocurrió alrededor de las 23:30 horas de ese día, cuando el tren número 33 impactó contra el convoy número 38 sobre la vía dirección Observatorio. El tren que impactó al otro convoy se quedó sin control de mandos y se deslizó hacia atrás, explicó el 11 de marzo Fernando Espino, líder del Sindicato de Trabajadores del Metro.

El 9 de enero, un incendio afectó un edificio del Metro, ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc. Debido a esto, se suspendió el servicio en las líneas 1, 2, 3, 4, 5 y 6 del transporte. El siniestro ocurrió alrededor de las 5:40 horas del sábado en el centro de control 1 del Metro, en la calle Delicias. Esto afectó la subestación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El incendio dejó atrapadas a 60 personas que se refugiaron en el quinto piso y la azotea del lugar. Al menos 29 de ellas fueron trasladadas a hospitales debido a que presentaron intoxicación por humo.

En este campo, la austeridad no es una solución, al contrario, posterga y agudiza el problema. Se explica más como una reacción visceral, superficial y de incompetencia a situaciones complejas e incomprensibles para quien está al frente de un gobierno o administración.

La política de austeridad es una manifestación hipócrita cuando no hay límite de recursos para proyectos como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el infame gasto de al menos 200 mil millones de pesos para clausurar el Aeropuerto de Texcoco, más la construcción superflua de 2700 sucursales del Banco de Bienestar. ¡Ya nadie construye sucursales de bancos…!

 

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Nuestra sociedad, tiene entre otras características la exclusión, la inequidad, el racismo, la marginación y pareciera que estas condiciones no son un episodio coyuntural sino más bien estructural, tienen lamentablemente raíces culturales y son inevitablemente parte de nuestra dinámica social. Esta mezcla de factores aparejados a la pobreza y a la violencia doméstica se convierten en un círculo perverso difícil de romper. Si aceptamos que el 10% de la población tiene algún tipo de discapacidad, entonces estamos reconociendo que al menos 12.6 millones de personas se ven limitadas en su potencial para salir adelante. Las ciudades distan mucho de estar preparadas para incluirlas en una dinámica, lamentablemente, construida por y para personas que gozan razonablemente de sus facultades a nivel general. Por ende enfrentan problemas para interactuar, convivir y desarrollarse adecuadamente. Formas más comunes de discapacidad:
  • Motriz. (que impide o limita la capacidad para caminar, subir, bajar…)
  • Visual
  • Auditiva
  • Del habla
  • Múltiple (discapacidad que impide en forma parcial o total valerse por uno mismo)
  • Intelectual (aprendizaje)
  • Mental (limitado funcionamiento del sistema neuronal)
Barreras más comunes que enfrentan en la vida urbana:
  • La movilidad: Desplazarse en nuestras ciudades en silla de ruedas puede ser lo más parecido al viacrucis. Banquetas llenas de obstáculos, desniveladas, muy dañadas, sin rampas para el ascenso o descenso. Banquetas que por angostas no permiten la movilidad al peatón, menos a una persona que utilice andadera, bastón o silla de ruedas. Hasta hace no mucho tiempo circular por el arroyo vehicular era una opción de alto riesgo, opción al fin hoy con las ciclovías con sus obstáculos a base de bolardos se complica aún más su movilidad.
  • Subirse al transporté público… ¿cómo ? El Metrobús es la única opción…
La vivienda y sus limitaciones Quienes tienen el infortunio de vivir en zona de alta marginación, logran sobrevivir en condiciones de una precariedad terrible. Quienes los ven como un estorbo al interior de la vivienda dado que no aportan económicamente acaban destruyendo su autoestima y su propia existencia. Los más afortunados que viven en áreas urbanas de tipo popular o medio, enfrentan condiciones igualmente difíciles, porque si la vivienda con escaleras angostas, sin sanitarios diseñados para su uso con sillas de ruedas, ni puertas con un ancho suficiente,  viven en condiciones mínimas de confort. Así, los distintos tipos de discapacidad o minusvalía al carecer en la vivienda de satisfactores elementales, obligan a las familias a hacer costosas adaptaciones para hacer que sus vidas gocen de más autonomía y mejor calidad. La posibilidad en su caso de coexistir con animales adiestrados conocidos como perros de asistencia, implica de igual forma que en la vivienda se pueda disponer de un pequeño espacio para satisfacer esa necesidad. El reto ante el espacio público El reto de subir y bajar, desplazarse, superar barreras físicas y emocionales es enorme para aquellos cuya discapacidad fue resultante de un evento y no de nacimiento, pues estas últimas desarrollan habilidades naturalmente y en ese proceso sus potencialidades les permiten una mejor participación social. En tanto quienes al perder capacidades producto de una enfermedad o accidente, superar su nueva condición resulta mucho más difícil. Acceder al espacio público, nunca diseñado o construido para permitir su gozo a personas con discapacidad, se vuelven en la mayoría de los casos imposibles de transitar o disfrutar. Para los débiles visuales o ciegos que acuden sin su perro de asistencia o sin compañía de otra persona, el espacio público es simplemente inaccesible. Es esta discapacidad la más importante en México y estamos entre los 20 países con mayor número de personas que la sufren. Acceso a la educación y planteles escolares El 23% de la población con alguna discapacidad no tiene algún nivel de escolaridad. Es decir, casi 3 millones de personas de 15 años o más están en esa condición (“0” escolaridad). De nueva cuenta ni las escuelas públicas ni las privadas (salvo algunas excepciones) incluyen en su arquitectura medios para dotar de autonomía a los alumnos cuya dignidad por ese efecto se ve vulnerada. Servicios de salud pública para personas con alguna discapacidad El gobierno reconoce que 5 de cada 10 personas en esa condición son adultos mayores. Esta condición las vuelve doblemente vulnerables lo que favorece su exclusión social y su nula o muy escasa participación en la vida comunitaria. La desaparición por decreto del Seguro Popular simplemente redujo o canceló su acceso a medicamentos y apoyos para aparatos auditivos, anteojos, andaderas, sillas de ruedas… Un dato significativo es que hasta el 2018, del total de personas de más de 5 años de edad con discapacidad el 88.7% contaba con servicio médico, de ese total el 53.3% está afiliada a una institución de servicios médicos como el IMSS o ISSSTE y el 48.7% simplemente perdió el servicio al depender del seguro popular erróneamente cancelado y que el INSABI simplemente no recuperó. Un número enorme de mexicanos padece discapacidad de algún tipo. Ahora que tanto hablamos de inclusión, equidad de género, de eliminar la discriminación y erradicar la marginación, es tiempo de replantear su difícil condición, no solo legislando sino actuando en su favor en todos los ámbitos para que todos sin excepción puedan ser vistos como iguales en nuestra convulsionada y crispada sociedad." 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Quizá el azar, o lo que nosotros entendemos como tal, ni siquiera exista y sea tan solo una forma de interpretar los acontecimientos desde la perspectiva limitada de la Totalidad que tenemos como seres humanos, desde la cual no podemos ver muchos de los patrones cósmicos; sin embargo, sea como sean las cosas a esos niveles, es verdad que nuestra percepción nos hace experimentar un potente factor de impredictibilidad que muchas veces llega hasta lo misterioso.     Lo cierto es que esa comprensión de que somos producto caprichoso del azar y del tiempo, de que tras una concatenación de casualidades inexplicables apareció la vida que conocemos y con ella finalmente los humanos, quienes vivimos corroídos por la ansiedad y la angustia, en medio de un cosmos inmenso, inerte, incierto y vacío tampoco termina por convencer del todo y es en este nivel donde la reflexión acerca del sinsentido del azar, tiene cabida.  Una cosa es que exista un espacio de indeterminación donde entran en juego patrones estadísticos que se nos escapan y otra que el azar sea realmente la propiedad cósmica preponderante.  Sin embargo, en el otro extremo del espectro es necesario reconocer que el hecho de que deseemos un cosmos lleno de sentido y armonía, cuya evolución tenga un propósito y una razón, y que además nosotros seamos capaces de decidir voluntariamente aquello que experimentamos no es suficiente para que las cosas de verdad ocurran de ese modo, o para que, si lo son, podamos observarlas en su justa dimensión. 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