Cuando en redes sociales vemos a tantos mexicanos de todas las edades, géneros y condición socioeconómica tener como una figura a vanagloriar la de Ricardo Salinas Pliego, no puede sino resultar un muy desolador fenómeno: un magnate que ha construido su imperio al margen de la ley, sin pagar a proveedores, sin pagar por igual, prácticamente nada en impuestos, favoreciéndose de licitaciones a modo con el fin de beneficiarse de una estructura que (asegura él) odia, como lo es el Estado, con juicios en otros países y toda clase de abusos, que han sido tema de libros enteros, no puede uno sino ser pesimista.
Se critica mucho a la música que prevalece en México hoy en día, que (en efecto) hace apología de la violencia y enaltece a los capos del crimen organizado, pero me parece que el fenómeno de idolatrar a un criminal de cuello blanco de ese tamaño provoca desolación, desesperanza; aún sabiendo el daño que ese personaje ha propinado y lo sigue haciendo a su propio país, llevando de paso su prestigio por los suelos en el extranjero no puede llamarnos sino a que algo se está haciendo muy mal en México, desde la familia, la escuela (o colegios), las universidades (públicas y privadas) la iniciativa privada, los medios de comunicación, las iglesias, y por supuesto, el gobierno.
La problemática en México es, pues, integral. Se tiene una percepción del éxito mayormente retorcida, con la envidia vil reinando sobre la nación mexicana, con la vileza y la infamia recorriendo las venas de la patria; donde debiera haber condena generalizada, hay aplausos y porras; donde debiera haber admiración, hay expresiones de indiferencia, coraje e incluso odio (caso Fátima Bosch y muchos más). Con expresiones de ese tipo, que restan estímulos a los jóvenes mexicanos para irse por el camino recto, con el gobierno(s) como ariete con su pacto de impunidad como su principal blasón y las campañas político/electorales que entre con más dinero sucio se asegure cualquier triunfo para cargos de elección popular, y una forma de vivir y hacer toda actividad de forma retorcida y generalizada en el país, y que el que lo hace o lo intenta hacer bien arranca ya en franca desventaja, este país no lleva un derrotero, pero ni de lejos, digno.
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