El Meollo del Asunto | Migrantes

Por su situación geográfica, México es uno de los principales receptores de migrantes que buscan ir a EEUU. Este fenómeno es uno de los retos más significativos que ha afrontado nuestro país en las últimas décadas.

21 de septiembre, 2021 migracion segun daniel valles

Los últimos cuatro o cinco años han estado marcados por un aumento desmedido de arribo de migrantes a las ciudades fronterizas de toda la franja al norte de México. Por supuesto que esto se ha visto igualmente reflejado desde la frontera sur, Chiapas y las rutas conocidas que atraviesan en el país. 

“La Bestia” tal vez sea la que más se usa por lo rápida y familiar. 2500 km es la distancia que deben de cruzar en un peligroso viaje que puede durar un mes. Miles de migrantes la usan y llegan a su destino.

Se tiene documentada una cantidad que llega casi al medio millón de migrantes que cruzan el país, para llegar a la frontera. En el proceso se detienen en diferentes lugares. No es la regla; llegar a la frontera sí lo es. Pero las situaciones que enfrentarán son tan diversas como viajantes toman el tren. Otros miles lo harán por autobús y algunos en avión.

Los números de migrantes y las rutas han variado a lo largo del tiempo. Ciudades como Guadalajara, que no veían tantos migrantes, han aumentado respecto al número de migrantes desde hace casi una década. Debido a una matanza ocurrida en Tamaulipas, en un lugar llamado San Fernando, en 2010, es que las rutas cambiaron.  Los migrantes deciden usar la ruta del Pacífico. Es más larga, pero más segura. Decían.

Sea como fuera, en todas las ciudades mexicanas que hacen frontera con EEUU, el número de migrantes se ha visto en aumento en estos años. Inició con la llegada de gente de Haití, cuando se decía que el entonces presidente Trump, abriría las fronteras. Durante toda la administración de Donald Trump, las fronteras se llenaron de migrantes que pensaron que sería fácil que los admitieran. No fue así y creo que así seguirá.

 Miles llegaron a Tijuana y Mexicali. No tantos a las ciudades de la frontera de Chihuahua y Tamaulipas. Hacinados en cuarterías o edificios abandonados, se integraron a esas comunidades, ya que la frontera no se abrió sino para unos cuantos. Cabe destacar que los que se quedaron desarrollaron negocios y hasta hubo quienes ingresaron a las escuelas de la localidad, como la Universidad de Baja California.

Este fin de semana han llegado miles de haitianos, cerca de 20 mil, a Acuña, en Coahuila, frontera con Del Río, Texas; tema que merece comentario aparte. El hecho de llegar como migrante, no es sinónimo de miseria en todos los casos, sólo en la mayoría.

Llegan personas que, de no poder cruzar, pueden, con voluntad, integrarse a la comunidad donde se establecen. Por desgracia no se trata de todos los casos, ni de todas las nacionalidades. Pero esas son las historias de éxito o las que tienen una buena cara. No son todas, por desgracia, ni las más.

Quienes hemos vivido en la frontera toda la vida sabemos bien que la política norteamericana, sin importar el partido que esté gobernando en la presidencia o tenga mayoría en el congreso, no relajarán medida alguna. Republicanos y demócratas son igualmente duros con esta política. Tendrán o no razón, eso es algo que no sabemos desde este lado de la frontera. 

Lo que sí sabemos es que diariamente llegan por decenas a las ciudades fronterizas, recientemente por centenas. Llegan por dos sitios principales: por el sur y por el norte. Los primeros llegan con la esperanza de poder cruzar la frontera porque piensan que será sencillo, ya que traen documentos que notifican de un caso de injusticia o de persecución en su país de origen. Les han dicho que no es tan difícil lograr el asilo que requieren, lo que la mayoría de las veces es solo un cuento que les narran.

Los que llegan por el norte, en cambio, vienen con una gran depresión a cuestas, sin dinero, hambrientos, sucios, harapientos y con la gran interrogante de qué va a suceder ahora que han sido deportados y llegan a un país que no es el suyo y sin conocer a nadie.

De acuerdo con el estudio denominado Matriz de Seguimiento de Desplazamiento “DTM Retornados a México bajo Título 42”, realizado por la OIM, Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas, entre los principales obstáculos de quienes son expulsados se encuentra la detención en Estados Unidos, en un 15%, debido a la falta de alimentos, la falta de servicios de salud, la confiscación de pertenencias, la retención de documentos, el maltrato que aseguran sufrir y la separación familiar, informó Alex Rigol, coordinador en Ciudad Juárez.

Una amplia nota que aparece de Hérika Martínez en El Diario de Juárez da pormenores de todo lo que han declarado estas organizaciones que tratan de aliviar el estado de los migrantes, tanto de los que llegan por el sur, como los que llegan deportados por el norte. Siempre son muy difíciles las condiciones de estas personas.

En Ciudad Juárez como en muchas otras ciudades de la frontera, existen organizaciones que tratan de mitigar las penurias de estas personas, de los migrantes, cuyo único delito sería tratar de buscar una mejor vida. La Casa del Migrante, el Hotel Filtro y varias iglesias evangélicas, se han dado a la tarea de ayudar a estas personas que pasan por Ciudad Juárez. Las necesidades son grandes y van en aumento. Los presupuestos del gobierno, tanto federal como estatal o municipal no son suficientes, porque no son grandes. Y creo que la necesidad siempre los superaría.

La situación de la migración no va a detenerse, sino todo lo contrario. Y ahora, con la llegada del otoño y del invierno, las cosas empeorarán para quienes viven en zonas donde jamás han sentido el frío.

El problema migratorio data de siglos y los gobiernos nunca han podido resolverlo. No hay una solución sencilla, a pesar de reuniones como la de la Celac, celebrada este fin de semana en México y que ha sido tanto o más conflictiva que el problema de los migrantes. Ahí el Meollo del Asunto

Fuente: https://diario.mx/juarez/expulsion-de-eu-termina-con-su-sueno-20210919-1843098.html

 

Comentarios
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Lo invectivo del mensaje en este sentido es lo que ofende, pues la otra parte, con cuestionar o con no estar de acuerdo no ofende. Pero quien escucha el desacuerdo se ofende porque no tolera que no se esté de acuerdo con lo que éste dice. Don presidente ha llamado ladrones a los empresarios. Pero no ha presentado pruebas de ello. Solo sus dichos y sus apreciaciones. Y no tiene derecho a llevarlos a la palestra de la manera que lo hace. El contraejemplo suyo cunde y sus incondicionales secretarios, como Rocío Nahle, lo imitan. En su conferencia del lunes pasado, don presidente López Obrador dijo que “su iniciativa de reforma constitucional garantizará el 46% del mercado eléctrico para la iniciativa privada y el 54% para la CFE”. Esta afirmación puede ser muy sincera. Como el promocional que dice que la electricidad era nuestra y nos la van a regresar. Pero no se está en lo correcto, por lo que es una imprecisión, una mentira. El presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó que su iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica busque la expropiación de empresas privadas. Quienes están en ese negocio con todas las de la ley dicen lo contrario, luego de haber leído la iniciativa. Ambos pueden ser muy sinceros pero estar equivocados y no ser correctos. Eso en sí mismo genera un conflicto de intereses en las partes, pero es ahí donde se sientan a negociar con base en los contratos previos y arreglarían el diferendo. Ah, pero donde cala, donde ofende, donde muestra la incapacidad es cuando don presidente insulta, ofende, lastima. Les dijo, de manera sincera que la contrarreforma buscará que tengan ganancias razonables, pero agrega el epíteto: “a robar a otro lado”. 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Se trata del mayor reto que ha enfrentado la humanidad como especie y, sin embargo, no parece interesar demasiado a nadie. El último antecedente de una posible extinción humana tuvo lugar en el periodo de la Guerra Fría, –en especial entre el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la caída del Muro de Berlín en 1989– cuando por algunos años se cernió sobre nosotros la amenaza global de la autodestrucción. Pero a diferencia de ese episodio, donde era fácil identificar los bandos en conflicto, las ideologías que defendían cada uno y donde era relativamente obvio que, de desatarse, sería una guerra que perderíamos todos, en la actual crisis climática las causas, consecuencias y medidas a tomar no son tan claras. 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Sin embargo, conforme avanza el siglo XXI descubrimos que nada de lo que hoy es realmente importante puede agruparse en esas históricas categorías, que si bien poseen cierto valor, son ahora desafiadas por una nueva premisa que nos ubica en otro nivel de comprensión: los seres humanos somos una sola especie y si no nos salvamos todos –a pesar de nuestras diferencias– no se salvará nadie.   Por momentos pareciera que la humanidad en pleno padece una especie de “fastidio ciego” que nos impide ver y aceptar tal como es la realidad en que estamos atrapados y, lejos de arrancarnos el antifaz y encarar los hechos que nos rodean en su auténtica dimensión de complejidad, optamos por dejarnos mimar por un tsunami de estímulos artificiales que insensibilizan y aturden nuestro entendimiento.  Al tratarse de verdades sistémicas y complejas no resulta sencillo construir un relato atrayente que describa los problemas más graves de la humanidad de tal modo que el individuo común se sienta identificado con ellos. 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En su poderoso texto El jinete pálido. 1918: La epidemia que cambió el mundo, Laura Spinney, argumenta lo complejo que es crear narrativas que conmuevan, que produzcan conexión emocional y nos lleven a la acción cuando la trama de dicho relato no está claramente delimitada y el individuo no es capaz de sentirse proyectado e influido por ella.    Spinney, para su análisis, compara dos acontecimientos históricos que tuvieron lugar simultáneamente: por un lado la pandemia iniciada desde principios de 1918, conocida como Gripe Española y por el otro, la Primera Guerra Mundial, que tuvo lugar entre julio de 1914 y noviembre de 1918.  Al respecto, dice la autora:  “Dicho de otro modo, la guerra tenía un foco geográfico y una narrativa que se desarrollaba en el tiempo. La gripe española, en cambio, invadió todo el planeta en un abrir y cerrar de ojos. La mayoría de las muertes se produjeron en sólo trece semanas, desde septiembre hasta mediados de diciembre de 1918. 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Saber que una persona es sincera en lo que comunica, en lo que dice, en lo que habla o en lo que escribe, es importante, pero insuficiente para confiar plenamente. Es una ventaja, claro. Pero hace falta “un poco de gracia y otra cosita” como dice la canción.  Obvio que la sinceridad es fundamental, pero para confiar plenamente uno debe de saber que la persona que comunica, que dice algo, que escribe, que comenta, que informa, está en lo correcto; que sus fuentes, datos o bases son igualmente confiables. De otra forma la persona corre el riesgo de estar sinceramente equivocada. O como decía mi papá, el periodista bajacaliforniano Daniel Valles Moreno, la persona está “perfectamente mal”. Actualmente vivimos en el país una situación que en los siguientes meses puede traer o no una serie de situaciones anómalas, delicadas, que quizá repercutan en la economía y en la forma como hemos vivido en las últimas décadas.  El motivo principal no tiene que ver con las políticas que el gobierno federal implementa en materia de salud, de energía, de economía, de desarrollo social, pero sí tiene que ver con ellas.  ¿Entonces? ¿Tiene o no tiene que ver con esas cuestiones? Sí y no. Sí. Porque son la materia de las diferencias que se comentan. Sí porque ha provocado una polarización entre la población en general. Sí porque ésta se torna invectiva. Sí porque por lo mismo el nivel de confrontamiento escala. Sobre todo, el que se vive y se ve en las calles, en los congresos de los estados, en el de la unión, en los cafés donde se habla de política, entre los empresarios y las personas que ocupan una función de gobierno. No. Porque el concepto que afecta todo lo anterior es un ingrediente diferente. La desconfianza en quienes hablan, entre quienes comunican.  La que es producto no solo de lo que puede ser una evidente falta de transparencia o de insinceridad, sino de la certeza que tienen de que su contraparte no está en lo correcto. Que no sabe de lo que se habla. De lo que se comunica. De lo que se informa. Para confiar no solo se debe saber que quien comunica algo, habla o hace es sincero, sino que está en lo correcto. Repito: se puede estar sinceramente equivocado. La contra reforma eléctrica ha polarizado a gobierno y empresas mucho más que cualquier otra medida que el actual régimen ha tomado en el tiempo que lleva en el poder. Independientemente de las cuestiones técnicas, administrativas y hasta las políticas, lo que está calando y de manera grave es que se insulte a quienes no están de acuerdo con la iniciativa y se les tache de ladrones, sin presentar las pruebas del latrocinio. Lo invectivo del mensaje en este sentido es lo que ofende, pues la otra parte, con cuestionar o con no estar de acuerdo no ofende. Pero quien escucha el desacuerdo se ofende porque no tolera que no se esté de acuerdo con lo que éste dice. Don presidente ha llamado ladrones a los empresarios. Pero no ha presentado pruebas de ello. Solo sus dichos y sus apreciaciones. Y no tiene derecho a llevarlos a la palestra de la manera que lo hace. El contraejemplo suyo cunde y sus incondicionales secretarios, como Rocío Nahle, lo imitan. En su conferencia del lunes pasado, don presidente López Obrador dijo que “su iniciativa de reforma constitucional garantizará el 46% del mercado eléctrico para la iniciativa privada y el 54% para la CFE”. Esta afirmación puede ser muy sincera. Como el promocional que dice que la electricidad era nuestra y nos la van a regresar. Pero no se está en lo correcto, por lo que es una imprecisión, una mentira. El presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó que su iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica busque la expropiación de empresas privadas. Quienes están en ese negocio con todas las de la ley dicen lo contrario, luego de haber leído la iniciativa. Ambos pueden ser muy sinceros pero estar equivocados y no ser correctos. Eso en sí mismo genera un conflicto de intereses en las partes, pero es ahí donde se sientan a negociar con base en los contratos previos y arreglarían el diferendo. Ah, pero donde cala, donde ofende, donde muestra la incapacidad es cuando don presidente insulta, ofende, lastima. Les dijo, de manera sincera que la contrarreforma buscará que tengan ganancias razonables, pero agrega el epíteto: “a robar a otro lado”. Esto es lo que crispa y lo que divide, lo que de manera intrínseca lleva la autorización para que sus incondicionales ofendan, descalifiquen y para sentar la base para que el conflicto social escale.  Hay más de 15 millones de personas que votaron por don presidente que no le entienden a la política, a la ideología, y otros 10 millones que no terminan de convencerse y confían en don presidente. Esperan que todo mejore porque saben que, en parte, es cierto lo que dice don presidente. Los empresarios en el pasado han lucrado con las facilidades que les han dado los antecesores del actual. Pero el modo de imposición don presidente, no es el de arreglar las cosas. Puede actuar con mucha sinceridad, pero sin estar en lo correcto.  Eso genera un conflicto que pronto puede escalar. ¿Se podrá llevar sin que se salga de los límites de la estabilidad y la paz social? Ahí El Meollo del Asunto.  " ["post_title"]=> string(40) "El Meollo del Asunto | En quién confiar" ["post_excerpt"]=> string(177) "La contrarreforma eléctrica ha dividido al gobierno y al sector privado. Cada uno tiene una perspectiva muy distinta de esta iniciativa. ¿En cuál perspectiva debemos confiar?" 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