El Complicado Regreso a Clases

La Secretaría de Educación Pública (SEP) sigue con el plan de regresar a las aulas el lunes 30 de agosto de 2021. A través de un comunicado oficial que la prensa y los medios dieron a conocer...

23 de julio, 2021

La Secretaría de Educación Pública (SEP) sigue con el plan de regresar a las aulas el lunes 30 de agosto de 2021.

A través de un comunicado oficial que la prensa y los medios dieron a conocer en su oportunidad, se informó que “mantiene la expectativa de que el ciclo escolar 2021-2022 inicie con clases presenciales en todo el país, en aquellos estados que estén un color del semáforo apto para esas actividades, como son verde o amarillo”. 

Sin embargo, eso no es el único motivo que mantiene a la Secretaría de Educación para estar alerta. Hay otro para estarlo: lo que pudiera suceder en lo referente a los libros de texto gratuitos (LTG).

Desde el pasado mes de febrero y marzo, se lanzó una convocatoria pública para rediseñar los libros que serían usados por los educandos en el ciclo escolar que inicia en agosto: el ciclo 2021-22.

El plan no ha estado libre de reclamos, preguntas y comentarios por parte de personas que han estado involucradas en el tema de la educación en el país desde hace décadas.  La inquietud se debe a que la convocatoria despertó muchas inquietudes por la premura con la que se pretendía que se tuviera el rediseño de 18 libros de texto gratuitos y por los puntos en que se convocó.

La fecha para que estuvieran listos los diseños era el 31 de mayo. Quienes fueran nombrados como diseñadores, deberían tener listo todo el material por el que no recibirían pago alguno, es decir, trabajarían a marchas forzadas y, “por puro amor al arte”.

A la convocatoria lanzada por la SEP, respondieron casi 2 mil profesionales que harían el trabajo de rediseñar los 18 libros. Lo que no ha sucedido hasta la fecha. Entre los especialistas en el tema fue donde se han levantado los más controversiales comentarios. Los que se dan tanto al momento de la convocatoria como esta semana que se anuncia se tiene ya, el primero de los dos únicos libros terminados.

El pasado 17 de marzo, cuando faltaban 56 días para la fecha límite de entrega de materiales, Carolina Irene Crowley Rabatté, integrante de MUxED, licenciada en Pedagogía, maestra en Educación y doctora en Ciencias Sociales por la UAM, cuestionó qué evaluación se había realizado para llevar a cabo esta magna tarea y también si era pertinente impulsar dicha renovación en este momento, Calificó de ocurrencia, “con consecuencias graves para los 14 millones de alumnos matriculados en primaria”. Además, evidenció graves inconsistencias en todo el proceso de rediseño. Y no ha sido ella la única persona en hacerlo. 

También la doctora en educación Alma Maldonado, integrante del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), ha advertido que “en los libros se eliminaron apartados como el de divulgación científica y el de signos de interrogación y admiración, que algunas de las ilustraciones son lamentables y que todos los contenidos son más pobres que los anteriores”.

“No hay cuadros de síntesis de conceptos que deban aprender, redujeron temas, es más pobre. Por ejemplo, en el libro de tercer grado, los niños no son tan pequeños para las canciones infantiles que se sugiere que canten” (1).

Lo más interesante del caso.

De los 18 libros que se pretendía estuvieran listo, existe solo el de Tercer Grado, que se conoce como Lengua Materna o español, uno de los dos que consiguió rediseñar el director de Materiales Educativos de la SEP, Marx Arriaga, causó más decepción que la alarma con que se esperaba, pues especialistas en educación lo consideraron tan deficiente que ni siquiera se atreven a plantear que pueda llegar a las escuelas, con tantos errores y con ilustraciones que parecen de amateurs (2).

Por su parte, la doctora en educación Alma Maldonado, integrante del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, pregunta: 

“¿Para qué cambias un libro si el resultado no es mejor ni en diseño, ni en contenido?, ¿cuál es el propósito? Este libro no es mejor que el anterior, ni en calidad ni en contenidos. ¿Vale la pena? ¿para qué?”, plantea Maldonado. (3)

NO APORTA NADA NUEVO

“¿Dónde está todo eso que prometía Marx Arriaga? ¿Dónde está ese discurso que decía ‘ahora sí se van a escuchar las voces marginadas, las voces que estuvieron sometidas’? La verdad es que nada de eso aparece en el libro” (4).

Al respecto, la SEP, a cargo de Delfina Gómez Álvarez, informó al respecto en pasado mes de abril que, “era un proceso transparente y en los tiempos establecidos” y que el rediseño “se llevará a cabo de manera gradual” para el próximo ciclo escolar 2021-2022 que se inicia en agosto, y continuará para los siguientes cursos.

Entonces, ¿qué aporta este libro que no hubiera antes? Nada nuevo. El tiempo se les ha venido encima para el regreso a clases. No habrá libros nuevos y al parecer es ya tarde para hacer la dotación a las escuelas que darían cabida a los alumnos para el ciclo escolar.

Todo el asunto parece un verdadero plan fallido de parte de Marx Arriaga. Quien no es un improvisado. Es un académico, investigador con licencia, de la UACJ. Ahí El Meollo del Asunto.

 

Referencias:

(1). https://www.elvigia.net/general/2021/7/19/nuevo-libro-de-texto-reprobado-374326.html

(2), https://www.elvigia.net/general/2021/7/19/nuevo-libro-de-texto-reprobado-374326.html

(3). Idem anterior

(4).- Idem anterior. 

Comentarios
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la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización para que quepamos todos en aceptable armonía?    La semana anterior decíamos que una creencia es el relato o explicación de un hecho, una idea, una circunstancia que se convierte en un referente para nuestra estructura de pensamiento y opera como organizador de nuestra percepción en aras de darle coherencia, solidez y sentido a nuestra experiencia de estar vivos. De manera coloquial podría decirse que una creencia es la certidumbre irreflexiva que sentimos acerca de algo, aquello que “sabemos”, pero que no sabemos qué sabemos, ni mucho menos cómo lo aprendimos.  ¿Cómo distinguir creencia de conocimiento, creencia de verdad? En contraste con la creencia, un conocimiento, además de acotar con claridad el objeto de análisis y las circunstancias específicas en que tiene lugar –es decir, no es producto de una generalización automática–, puede ser sujeto a una comprobación empírica que se reproduce de forma idéntica siempre que las condiciones originales se repliquen.  Pensemos en un ejemplo: el conocimiento del que disponemos coincide en que la inmensa diversidad de especies que habitan el planeta son producto de un proceso de evolución. Abundan todo tipo de estudios que confirman que los especímenes más aptos de una especie sobreviven, mientras que los menos aptos perecen, en especial cuando hay cambios mayores en las condiciones del ecosistema. Hasta aquí el conocimiento. Y a partir de él hay una vertiente de pensadores que “cree” que sobrevive el más fuerte y otra vertiente que “cree” que sobrevive el que mejor se adapta y el que mejor coopera. La diferencia parece menor, pero si llevamos estas posibilidades a la evolución humana, tendremos dos mundos muy distintos. Si pensamos que sólo sobrevive el más fuerte, el que más recursos acapara, el que se impone sobre los demás, las cosas serán de una manera muy distinta a que si estamos convencidos de que la adaptación y la cooperación son la llave para evolucionar. Se trata de dos sistemas de creencias que, si bien parten del mismo cuerpo de conocimiento, se manifestarán con distintas éticas, distintos modos de entender la economía, el Estado, la relación comunitaria, etcétera, y promoverán conductas muy distintas entre los individuos.  El cambio climático es un desafío global inminente que pone en riesgo la viabilidad del ser humano como especie. Si queremos sobrevivir habrá que tomar medidas concretas y de carácter general. Si el camino para hacerlo es que las naciones más poderosas impongan criterios y a partir de su fuerza –y toda suerte de sanciones económicas, políticas y militares– busquen someter al resto exigiendo cambios desproporcionados, dará un resultado muy diferente que si cada nación adopta compromisos de cooperación y mejora según sus posibilidades y condiciones concretas. En este caso, las naciones más poderosas tendrían que adaptarse, adquirir compromisos mayores y cooperar más. Aún cuando librásemos el problema climático, el resultado serían dos mundos muy distintos. Es así que las creencias, de forma subrepticia, se manifiestan y moldean la realidad concreta.          Los seres humanos, tanto en lo individual como en lo colectivo construimos, mediante el lenguaje, infinidad de relatos, historias, narraciones que plasman nuestra manera de entender el mundo y la existencia.  De ningún modo se trata de algo inédito o novedoso. Pensemos como ejemplo en la obra de tres autores, entre la infinidad que podrían ser citados, cuyas creencias convertidas en relato acabaron por cambiarle la faz al mundo, cada uno a su modo: Karl Marx, Sigmund Freud y Aristóteles.    Esas narraciones no llegan de la nada, sino que emergen de una combinación de los contextos en que estamos inmersos y la interpretación particular –a partir de nuestras vivencias, conocimientos, referencias, etc.– que hacemos de ese mundo al que pertenecemos y que nos moldea.  En esa interacción con la existencia, con nuestra gente querida, con las experiencias que tenemos día con día, con aquello que leemos, vemos en la televisión, el cine, los diarios… nos “enseña” en qué creer, que dar por verdadero, que suponer incuestionable.  Las creencias nos habilitan o deshabilitan para hacer o no ciertas cosas. Por eso, para que, por ejemplo, pueda haber un sistema de cooperación entre naciones, primero necesitamos creer, mediante un relato que lo confirme, que es posible, porque de lo contrario no lo será. Y para que esto suceda es indispensable construir conscientemente narrativas que lo retraten, que lo imaginen posible, que especulen sobre lo que resultaría de una realidad así.  No necesitamos creer que el sol habrá de salir cada mañana, porque éste es un hecho probado científica y empíricamente, pero sí necesitamos creer que ciertas habilidades están en nuestra “caja de herramientas” individual y colectivamente para que podamos echar mano de ellas cuando el desarrollo humano lo requiera. Desarrollar creencias a la medida de nuestras necesidades y posibilidades no es un acto de magia, sino una acción consciente y racional que nos pondría en camino en un cierto objetivo deseable. Si dentro de un programa computacional no están consideradas ciertas acciones, la computadora no podrá ejecutarlas. El programa (software) es la “narrativa” del hardware y lo posibilita para llevar a cabo acciones muy concretas. Con los humanos sucede lo mismo, si dentro de nuestro programa existencial está grabado a fuego que “la gente no es digna de confianza”, cuando llevemos a cabo acciones, cuando iniciemos interacciones con los demás, la confianza en el otro no será una herramienta que podamos usar.  Para cambiar al mundo se necesitan relatos “creíbles” que den marco a lo que deseamos que suceda. Sin las narrativas conscientes esto no será posible. Muchas de las cosas que resultaban inimaginables o imposibles, como, por ejemplo, detener la economía, la Era covid nos ha demostrado que no lo eran tanto. Como ésta hay muchas más cosas –reducir la emisión de gases contaminantes o la violencia por cuestiones de género– que sí son posibles si nos lo proponemos de manera consciente y tomamos acciones en esa dirección. Pero sin pensarlo y sin creerlo, será prácticamente imposible que suceda.  Muchas de las narrativas deseables son rechazadas de antemano por considerarlas ingenuas. Pero es posible hacer un bypass al prejuicio de la “ingenuidad”, asumiéndola como una condición habilitante, como un acto de protesta contra la autolimitación, como una manera de abrirse a lo posible, aun cuando en principio parezca absurdo e inalcanzable. En vez de interpretar esa “ingenuidad” como candidez, inocencia o tontería, la propuesta es entenderla deliberadamente como una demoledora de muros, como una disipadora de brumas que nos impiden ver más allá y abren ante nosotros panoramas extensos y nuevos. En su libro Ingenuidad aprendida1, el filósofo español Javier Gomá Lanzón rescata ésta, la ingenuidad, como una actitud susceptible de ser asumida de forma consciente y que lejos de convertirse en contratiempo, resulta en una herramienta invaluable para forzar las fronteras de lo que nuestros prejuicios consideran imposible.  Mi propósito consiste en aventurar la invitación a que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino, más allá de su practicidad o realismo, las narrativas necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. Se trata de diseñar nuevas utopías que respondan a la pregunta: ¿cómo tiene que ser el mundo y la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización humana para que quepamos todos en aceptable armonía?  Esas son las narrativas que tenemos que construir, aquellas que nos pongan en camino del sitio al que queremos llegar, pero teniendo como premisa central la autoexigencia de que se trate de un mundo donde quepamos todos, tanto los que comparten nuestras convicciones como los que no.   Puesto que no podemos saberlo todo con certeza, requerimos nuestras convicciones como motor existencial para pasar a la acción. Mediante las creencias decodificamos el mundo; lo hacemos para sobrevivir, interpretamos lo que nos rodea, cada cosa que nos sucede, cada decisión que tomamos, cada persona con la que generamos una interacción y cada trabajo que aceptamos o rechazamos. 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Cada día llegan más personas de países de Centroamérica, de Haití y hasta de países africanos que buscan utilizar a México como puente para ir a los Estados Unidos. Y muchos de ellos al no lograrlo, terminan quedándose donde pueden. HACIA EL CAOS La situación es tan grave que el titular de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), Andrés Ramírez, afirmó en días pasados que están rebasados en su capacidad para poder atender la demanda de solicitudes de migrantes porque se triplicó el número de peticiones, debido a la llegada de haitianos por la frontera sur de México. Suman 18 883 solicitudes cuando en el año 2020 solo de Haití había 5957, más los de centro y sudamericanos. Por otra parte, en la entrevista que dio al diario La Razón admitió que en las peticiones de los haitianos no se les puede conceder la condición de refugiados ni de asilados debido a que no llegaron a México por persecución o por violación sistemática de derechos humanos. Esto lleva a que en la Comisión mexicana de Ayuda a Refugiados no se pueda procesar todos los casos porque ha sido rebasada en mucho la capacidad de la institución. Por ello deben de buscarse otras alternativas migratorias para que estas personas puedan tener un cauce de salida. Y las cosas se complican dado que por razones humanitarias no se les puede regresar a su país de origen, ocasionando que los migrantes se desesperen e intenten irse a los Estados Unidos en caravanas.  Este 2021 el número de resoluciones aumentó en relación a los años anteriores. Al corte de julio, se dieron 17 726 resoluciones, en promedio, 2532 mensuales. En 2019 hubo 22 956 resoluciones; un promedio de 1913 casos. En 2020 fueron 17 719; 1477 por mes, rebasando cualquier pronóstico. Esto ocasionará siempre estar rezagados con la cantidad que siguen llegando. La Comar ha sido rebasada, por lo que se hace un llamado a los migrantes caribeños a que tengan paciencia y busquen otras alternativas que tendrán que ser ofrecidas por las autoridades mexicanas, ya que en la Comar se hace lo humanamente posible, apoyado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Secretaría de Gobernación (Segob). Obviamente ante la excesiva llegada de migrantes se requiere aumentar los recursos económicos y humanos para fortalecer la capacidad operativa de la Comar dado que actualmente laboran 400 personas, 100 ubicadas en las sedes de Tapachula y Palenque, Chiapas. Éstas no se dan abasto para atender a los migrantes centroamericanos y caribeños. Hasta el cierre de agosto ocupan el primer lugar los hondureños con 29 699, que casi alcanza la de todo 2019, cuando se tuvieron 30 107; en segundo lugar, los haitianos con 18 883; en tercer lugar los cubanos con 7375; les siguen los salvadoreños con 4813; después los venezolanos con 4179; luego los guatemaltecos con 3308; continúan los chilenos con 2590; los nicaragüenses con 2196; y 1243 brasileños, aunque en este último caso son hijos de haitianos. La ACNUR les apoyará con cuatro tráileres para contar con 16 salas de entrevistas adicionales, cuatro en cada uno de los vehículos. Se contratarán tres traductores más para un total de siete porque los haitianos no hablan español. ¿Y LOS DERECHOS HUMANOS? Como si lo anterior no fuera suficiente, al grave problema del aumento de migrantes se suma ante esta crisis migratoria el tema de los derechos humanos, pues la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) pareciera que no existe. Ante los hechos que se han suscitado en los enfrentamientos entre migrantes y la Guardia Nacional, la CNDH únicamente ha emitido una recomendación en la frontera sur al Instituto Nacional de Migración (INM) y a la Fiscalía General del Estado de Chiapas por la muerte de dos personas migrantes de nacionalidad haitiana y ghanesa, las cuales fallecieron al estar alojadas en las instalaciones de la Estación Migratoria Siglo XXI. La recomendación indica que el INM debía brindar la reparación integral por los daños causados a las familias e inscribirlas en el Registro Nacional de Víctimas, así como dar seguimiento a la queja contra autoridades responsables. Insisto, estimados lectores, como si la CNDH no existiera, y nadie supiera dónde está y qué hace la amiga que López designó como presidenta: Rosario Piedra Ibarra. Ésta no ha emitido ningún estudio o informe especial sobre la situación de los migrantes en México, pese al aumento de personas que buscan cruzar la frontera sur. Llama la atención que la CNDH sí ha elaborado recomendaciones en el caso del Covid-19 en centros penitenciarios o la educación de niñas, niños y adolescentes con discapacidad en México. Pero de trata de personas, defunciones en estaciones migratorias, protección de menores de edad migrantes, así como violaciones a derechos humanos durante operativos, nada. Sin importarle a la CNDH que ha recibido, desde 2010, 604 quejas por acciones y omisiones contra los derechos humanos de personas migrantes y sus familiares en México, concentrándose el 48.5% de ellas, en la frontera sur. Información contenida en el Informe Situacional de los Derechos Humanos 2021: una radiografía estatal, señala que las quejas por estos actos se concentran en Chiapas con 193 y Tabasco con 100 al corte de marzo de 2021. 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Dado que el discurso de López es siempre de no represión, de ayudarlos, y ahora hasta incluye, en el colmo del cinismo, que no se les deja pasar para que no enfrenten los grandes peligros que existen para llegar a EUA,  Mientras tanto, los miles y miles de migrantes siguen quedándose en la frontera sur sin dejar de lado que también muchos logran colarse y desbalagarse en los estados de nuestro país, y si no consiguen llegar a territorio yanqui, simplemente se quedaran en México que, tristemente, no está para seguir sumando más personas. 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De manera coloquial podría decirse que una creencia es la certidumbre irreflexiva que sentimos acerca de algo, aquello que “sabemos”, pero que no sabemos qué sabemos, ni mucho menos cómo lo aprendimos.  ¿Cómo distinguir creencia de conocimiento, creencia de verdad? En contraste con la creencia, un conocimiento, además de acotar con claridad el objeto de análisis y las circunstancias específicas en que tiene lugar –es decir, no es producto de una generalización automática–, puede ser sujeto a una comprobación empírica que se reproduce de forma idéntica siempre que las condiciones originales se repliquen.  Pensemos en un ejemplo: el conocimiento del que disponemos coincide en que la inmensa diversidad de especies que habitan el planeta son producto de un proceso de evolución. Abundan todo tipo de estudios que confirman que los especímenes más aptos de una especie sobreviven, mientras que los menos aptos perecen, en especial cuando hay cambios mayores en las condiciones del ecosistema. Hasta aquí el conocimiento. Y a partir de él hay una vertiente de pensadores que “cree” que sobrevive el más fuerte y otra vertiente que “cree” que sobrevive el que mejor se adapta y el que mejor coopera. La diferencia parece menor, pero si llevamos estas posibilidades a la evolución humana, tendremos dos mundos muy distintos. Si pensamos que sólo sobrevive el más fuerte, el que más recursos acapara, el que se impone sobre los demás, las cosas serán de una manera muy distinta a que si estamos convencidos de que la adaptación y la cooperación son la llave para evolucionar. Se trata de dos sistemas de creencias que, si bien parten del mismo cuerpo de conocimiento, se manifestarán con distintas éticas, distintos modos de entender la economía, el Estado, la relación comunitaria, etcétera, y promoverán conductas muy distintas entre los individuos.  El cambio climático es un desafío global inminente que pone en riesgo la viabilidad del ser humano como especie. Si queremos sobrevivir habrá que tomar medidas concretas y de carácter general. Si el camino para hacerlo es que las naciones más poderosas impongan criterios y a partir de su fuerza –y toda suerte de sanciones económicas, políticas y militares– busquen someter al resto exigiendo cambios desproporcionados, dará un resultado muy diferente que si cada nación adopta compromisos de cooperación y mejora según sus posibilidades y condiciones concretas. En este caso, las naciones más poderosas tendrían que adaptarse, adquirir compromisos mayores y cooperar más. Aún cuando librásemos el problema climático, el resultado serían dos mundos muy distintos. Es así que las creencias, de forma subrepticia, se manifiestan y moldean la realidad concreta.          Los seres humanos, tanto en lo individual como en lo colectivo construimos, mediante el lenguaje, infinidad de relatos, historias, narraciones que plasman nuestra manera de entender el mundo y la existencia.  De ningún modo se trata de algo inédito o novedoso. Pensemos como ejemplo en la obra de tres autores, entre la infinidad que podrían ser citados, cuyas creencias convertidas en relato acabaron por cambiarle la faz al mundo, cada uno a su modo: Karl Marx, Sigmund Freud y Aristóteles.    Esas narraciones no llegan de la nada, sino que emergen de una combinación de los contextos en que estamos inmersos y la interpretación particular –a partir de nuestras vivencias, conocimientos, referencias, etc.– que hacemos de ese mundo al que pertenecemos y que nos moldea.  En esa interacción con la existencia, con nuestra gente querida, con las experiencias que tenemos día con día, con aquello que leemos, vemos en la televisión, el cine, los diarios… nos “enseña” en qué creer, que dar por verdadero, que suponer incuestionable.  Las creencias nos habilitan o deshabilitan para hacer o no ciertas cosas. Por eso, para que, por ejemplo, pueda haber un sistema de cooperación entre naciones, primero necesitamos creer, mediante un relato que lo confirme, que es posible, porque de lo contrario no lo será. Y para que esto suceda es indispensable construir conscientemente narrativas que lo retraten, que lo imaginen posible, que especulen sobre lo que resultaría de una realidad así.  No necesitamos creer que el sol habrá de salir cada mañana, porque éste es un hecho probado científica y empíricamente, pero sí necesitamos creer que ciertas habilidades están en nuestra “caja de herramientas” individual y colectivamente para que podamos echar mano de ellas cuando el desarrollo humano lo requiera. Desarrollar creencias a la medida de nuestras necesidades y posibilidades no es un acto de magia, sino una acción consciente y racional que nos pondría en camino en un cierto objetivo deseable. Si dentro de un programa computacional no están consideradas ciertas acciones, la computadora no podrá ejecutarlas. El programa (software) es la “narrativa” del hardware y lo posibilita para llevar a cabo acciones muy concretas. Con los humanos sucede lo mismo, si dentro de nuestro programa existencial está grabado a fuego que “la gente no es digna de confianza”, cuando llevemos a cabo acciones, cuando iniciemos interacciones con los demás, la confianza en el otro no será una herramienta que podamos usar.  Para cambiar al mundo se necesitan relatos “creíbles” que den marco a lo que deseamos que suceda. Sin las narrativas conscientes esto no será posible. Muchas de las cosas que resultaban inimaginables o imposibles, como, por ejemplo, detener la economía, la Era covid nos ha demostrado que no lo eran tanto. Como ésta hay muchas más cosas –reducir la emisión de gases contaminantes o la violencia por cuestiones de género– que sí son posibles si nos lo proponemos de manera consciente y tomamos acciones en esa dirección. Pero sin pensarlo y sin creerlo, será prácticamente imposible que suceda.  Muchas de las narrativas deseables son rechazadas de antemano por considerarlas ingenuas. Pero es posible hacer un bypass al prejuicio de la “ingenuidad”, asumiéndola como una condición habilitante, como un acto de protesta contra la autolimitación, como una manera de abrirse a lo posible, aun cuando en principio parezca absurdo e inalcanzable. En vez de interpretar esa “ingenuidad” como candidez, inocencia o tontería, la propuesta es entenderla deliberadamente como una demoledora de muros, como una disipadora de brumas que nos impiden ver más allá y abren ante nosotros panoramas extensos y nuevos. En su libro Ingenuidad aprendida1, el filósofo español Javier Gomá Lanzón rescata ésta, la ingenuidad, como una actitud susceptible de ser asumida de forma consciente y que lejos de convertirse en contratiempo, resulta en una herramienta invaluable para forzar las fronteras de lo que nuestros prejuicios consideran imposible.  Mi propósito consiste en aventurar la invitación a que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino, más allá de su practicidad o realismo, las narrativas necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. Se trata de diseñar nuevas utopías que respondan a la pregunta: ¿cómo tiene que ser el mundo y la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización humana para que quepamos todos en aceptable armonía?  Esas son las narrativas que tenemos que construir, aquellas que nos pongan en camino del sitio al que queremos llegar, pero teniendo como premisa central la autoexigencia de que se trate de un mundo donde quepamos todos, tanto los que comparten nuestras convicciones como los que no.   Puesto que no podemos saberlo todo con certeza, requerimos nuestras convicciones como motor existencial para pasar a la acción. Mediante las creencias decodificamos el mundo; lo hacemos para sobrevivir, interpretamos lo que nos rodea, cada cosa que nos sucede, cada decisión que tomamos, cada persona con la que generamos una interacción y cada trabajo que aceptamos o rechazamos. Por conducto de cada uno de nuestros actos, conductas e intenciones se manifiestan nuestras configuraciones subjetivas en el mundo material.  La misión entonces consiste en creer de forma sistemática, lúcida, abierta, vacía de prejuicios, consciente, intencional e ingenua y traducir esa manera de entender la existencia compartida en relatos que articulen una convivencia constructiva, global, cooperativa y enriquecedora, aun cuando cada narrativa sea construida desde su propio espacio cultural, desde su propia visión, desde su propio lenguaje e identidad particular.  El reto es mayúsculo, pero el tiempo apremia… seamos ingenuos y hagámoslo posible.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir 1 Gomá Lanzón, Javier, Ingenuidad aprendida, Primera Edición, España, Galaxia Gutenberg, 2011, Págs. 174  " ["post_title"]=> string(44) "Construyendo creencias que amplíen el mundo" ["post_excerpt"]=> string(136) "Se trata de que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino las necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(43) "construyendo-creencias-que-amplien-el-mundo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-24 11:29:32" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-24 16:29:32" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70827" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "a3e6e89110dcfdd04ea2ac47f8f04c5d" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
Construyendo creencias que amplíen el mundo

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Se trata de que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino las necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. 

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