Daños colaterales

Esta es la historia de Nayeli. Obviamente cambié el nombre, conocí su historia recientemente y no puedo dejar de pensar en ella, con tristeza, con rabia pero sobre todo con impotencia. Ella al día de hoy tiene...

5 de mayo, 2026 Black-and-white close-up of vertical iron bars forming a grid, like a jail cell window, with dirty, textured panels in the background.

Esta es la historia de Nayeli. Obviamente cambié el nombre, conocí su historia recientemente y no puedo dejar de pensar en ella, con tristeza, con rabia pero sobre todo con impotencia. Ella al día de hoy tiene 19 años, es hija de dos personas que no tenían ni la madurez ni el amor ni las ganas que se necesitan para ser padres, aun así irresponsablemente pensaron que alimentándola y mandándola a la escuela cumplían, personas rotas que rompieron a su hija, adictos y enojados con la vida descargaron su frustración con la niña. Me cuentan que era una niña muy dulce, que le echaba muchas ganas a la escuela y también me cuentan que a los 14 años empezó a consumir drogas. Nadie se dio cuenta hasta que dejó la escuela y la casa paterna, cansada de los maltratos y la violencia, de la violencia física de un padre adicto que creía eso de que “con sangre la letra entra”, que con castigos, gritos y bofetadas lograría que Nayeli no buscará calle como lo hizo su mamá.

Muchos refugios y muchas compañías encontró esta chica, niñas perdidas que tuvieron que volverse adultas. Tarde su familia entendió el error y a cinturonazos quisieron regresarla al buen camino.

Fue demasiado tarde. Hoy Nayeli está presa, se juntó con una banda de robacoches, seguramente por compañía, seguramente a cambio de alguna droga y de un lugar en donde dormir, seguramente por llamar la atención, una atención que ahora que esta privada de la libertad y a punto de ser sentenciada a por lo menos 10 años de prisión si tiene, porque ahora su familia sufre y se lamenta. Busca soluciones, se culpan entre sí. Sin duda tienen una gran tristeza, pero no la tristeza que tiene ella. Porque ellos sufren en lo que creen que es lo que más quieren y lo viven como si fuera algo personal pero al final del día llevan su condena en libertad, en sus casas, con la certeza de que sufrirán pero podrán distraerse y olvidar su dolor en alguna fiesta, en su trabajo, en sus pasatiempos, seguramente la visitarán en Navidad y en su cumpleaños y sufrirán, regresarán a casa sintiéndose culpables y miserables, pero después lo olvidarán y tarde o temprano terminarán por pensar que ella se lo buscó.

Para Nayeli la vida no será tan amable, no habrá nuevas oportunidades, el mundo como ella lo conoce ya no existirá cuando salga, ya no será joven ni podrá aunque quiera poder tener un buen futuro. Se conformará con fotos y relatos sobre el mundo y las formas de vivirlo pero para ella solo existirán las cuatro reducidas paredes de su espantosa celda y las opciones limitadas que el penal le ofrezca.

¿En dónde estuvieron quienes la tenían que cuidar? ¿En dónde estuvimos todos como sociedad que no cuida a sus infancias?

Que las olvida, que solo las recuerda cuando ya es demasiado tarde y las llora sí, pero jamás será suficiente porque la que está pagando la factura de que los demás tirarán su basura sobre ella es ella.

Los errores deberían ser pagados en carne propia, los culpables no son los niños ni los jóvenes; los culpables somos los adultos, somos la sociedad, somos los indiferentes egoístas, que rómpenos almas, inocencias, destinos. Los que tendríamos que proteger y no supimos cómo, los que sí, lloraremos con el corazón desgarrado pero nunca lo suficiente, nunca alcanzará para reparar los daños colaterales de no haber sabido ser adultos responsables de las vidas que traemos a este mundo. Pero a quién culpar cuando la sociedad se compone de una cadena de errores, de adultos que fueron niños heridos criando a nuevos niños y reflejando en ellos sus heridas.

Buenas noches Nayeli y perdón por la tristeza, este país, este mundo te quedó a deber, este mundo no fue bueno para ti, este mundo no te cuidó y te dejó sola después de herirte. Tú no tenías la culpa. Así es la vida, supongo, injusta, cruel, más parecida a una serie de televisión de la que quisiera fueras un personaje ficticio y no que fuera tu realidad.

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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