Camila Parker y la reivindicación de las mujeres que aman demasiado

“Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis”. -Sor Juana Inés de La Cruz (1648-1695).

27 de septiembre, 2022

“Las mujeres que aman demasiado”, vaya título para un libro. Sin duda, cinco palabras que engloban el contenido total del tratado escrito por Robin Norwood en 1985. Recuerdo haberlo leído en 1999, cuando estaba embarazada de mi primogénita. Por alguna razón decidí leer este libro y no alguno sobre maternidad efectiva, dietas y consejos de las abuelas (no menos importantes). Cuántas respuestas dio a mi vida esta lectura, después de tantos años siguen vigentes todas sus primicias, como cuán importante es según el texto no anteponer el amor a la pareja antes que la propia vida. Muchas mujeres no logran entenderlo nunca. Camila no lo entendió jamás.

Camila Parker Bowles no ha tenido siquiera la oportunidad de recuperar su nombre original. Sigue siendo llamada, después de 27 años de haberse divorciado, por el nombre que se le asignó al casarse a los 26 años con su entonces marido. Pocos conocen su verdadero nombre, mucho menos su origen, ni saben sobre sus estudios en literatura y su trabajo incansable en pro de la alfabetización y promoción de la lectura y empoderamiento de la mujer.

Camila tuvo la mala suerte de conocer al príncipe Carlos cuando ella tenía 23 años y enamorarse perdidamente de él, tener que renunciar a su anhelo genuino de ser su esposa y formar una familia por ser Católica y no Anglicana como el heredero a la corona y verlo partir a hacer su servicio Naval. Camila intentó también hacer una vida en pareja sabiendo siempre que no podría hacerlo con el hombre que amaba más allá que a su propia vida. Camila Rosemary Sand, hija de un comandante del ejército Británico, esposa de un Aristócrata que la volvería a bautizar con su nombre de casada, anulando así cualquier historia o esencia que ella pudiese tener y madre de dos hijos, fue por treinta años la amante del príncipe Carlos. Pasará a la historia como “La Otra”, como la mujer que arruinó el matrimonio de Carlos y Diana, como la tercera persona, la bruja y la mala de la historia.

No estoy de ninguna manera a favor de la infidelidad, no defiendo ni acusó la moralidad de otras personas que además son completamente ajenas a mi realidad. No soy una experta en monarquía, mucho menos en farándula, solo pienso en Camila como una mujer que amó demasiado y que encontró el veneno y la cura en la misma persona. Desconozco y sería incapaz de emitir un juicio de valor en contra de la Princesa Diana, mucho menos me interesa conocer a profundidad los chismes y los escándalos sociales de la realeza británica ni de ninguna otra.

Hoy solo pienso que amar a un hombre en un palacio, siendo aclamada y amada por haber nacido con una gran belleza física y una carismática personalidad, que ser idolatrada por un pueblo cada que sonríes y ves de soslayo a tu esposo, sosteniendo un delicado bouquet de flores, portando las  más exquisitas joyas, los más finos trajes de diseñador confeccionados para ti, sabiendo que tus hijos son príncipes desde el momento justo de ser concebidos, que uno de ellos será el rey del Reino Unido, que accederán a una educación especial, que jamás padecerán por tener que esperar o trabajar para comer, que cada día de sus vidas serán asistidos, cuidados y venerados por nacer con el derecho divino que significa ser parte de la nobleza. Que tú y tu familia tendrán siempre acceso a los máximos lujos, a la mejor atención médica del mundo, a la vida más cómoda, superior a cualquier cuento de hadas que hayas escuchado en toda tu vida, amar así no debe ser tan difícil.

Amar desde la sombra, siendo señalada siempre, repudiada, criticada, vituperada, caricaturizada, porque sin duda el máximo pecado que cometió Camila no fue ser la amante de un hombre, su peor pecado fue no ser hermosa y joven, porque si ella hubiese competido en belleza y gracia con la princesa, otra historia contaríamos todos los que sin conocerla la hemos juzgado.

Ella no tuvo más remedio que amarlo con todo el mundo en contra, sin nada a su favor, con la infinita desolación de las mujeres que aman demasiado, sin razón, son lógica, sin defensa. Ella lo ha amado sin corona, en la salud y en la enfermedad, en la juventud y ahora en la madurez, sin condiciones y sin esperar nada a cambio.

Ahora ella por voluntad de la Reina Isabel ll es la nueva reina consorte, pero sigue siendo llamada por el nombre de un matrimonio que terminó hace casi treinta años. Aguantó nueve años más y lleva casada con él ahora monarca Carlos lll diecisiete años. Nunca dejó de ser la mala, sus hijos, hijos de su primer matrimonio no tienen relación con la monarquía, llevan una vida normal, estudiaron y trabajan, hacen su vida como cualquier ciudadano que vive del fruto de su esfuerzo.

Ella no tuvo la boda más vista de la historia, no llegó al altar flotando entre seda y pétalos de flor, no vivió el cuento de princesas que también escuchó de niña.

Ella solo lo amó más allá de sus propias fuerzas.

Ella es Thais y vivirá siempre a la sombra de la bella Lucrecia.

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Sobre el diálogo

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