Hacinamiento, asesinatos, fugas, celdas de lujo, drogas, alcohol… las cárceles son concentradoras de lo peor que nuestra sociedad puede ofrecer y, además, suelen ser escuelas de perfeccionamiento para delincuentes.
El pasado 14 de enero, Saskia Niño de Rivera, presidenta de la asociación Reinserta, denunció que el cuerpo de un bebé había sido encontrado en un basurero del Centro de Reinserción Social de San Miguel, en Puebla. El bebé presentaba una herida en el abdomen y las autoridades penitenciarias registraron su entrada, pero no su salida. ¿No debió eso haber prendido las alarmas para iniciar un protocolo de búsqueda del bebé?
El cuerpo fue encontrado en un basurero por uno de los internos, quien lo reportó a las autoridades. Recientemente, Saskia Niño de Rivera dio a conocer que el bebé fue robado en la Ciudad de México y que tenía una escisión en el abdomen.
El medio estadounidense Vice publicó un reportaje hace un par de días en el que dio a conocer que existe la posibilidad de que el cuerpo del niño haya sido utilizado para introducir drogas al penal. Hay fuentes, como la asociación Reinserta, que indican que el control del penal de San Miguel lo ejerce un grupo de reos que ahora produce drogas dentro del penal, organizan fiestas con trabajadoras sexuales y organizan peleas de perros con apuestas dentro de las instalaciones del penal.
Miguel Barbosa, gobernador de Puebla, se refirió a este tema el lunes pasado diciendo que la fiscalía del estado está realizando investigaciones. Dijo que es un asunto muy serio y que seguramente va a aparecer mucha porquería y que la van a dar a conocer una vez que estén acreditados los hechos.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad que realizó el INEGI en 2016, el 55% de los internos de las cárceles de la Ciudad de México dijeron ser víctimas de la corrupción. De esa cantidad, el 90% entregó sobornos al personal de custodia para poder tener acceso a agua potable, poder salir al patio de visita o ir a los juzgados. Esta encuesta también menciona que uno de los actos de corrupción habituales consiste en cobrarle 10 pesos a cada reo por el pase de lista diario.
A nivel nacional, la encuesta arrojó que tres de cada 10 reos es víctima de la corrupción dentro de los penales, considerando que muchos prefieren no comentarlo por miedo a represalias. La más reciente encuesta del INEGI arroja que la corrupción en penales creció del 10% en 2016 al 17% en 2021, pero más de la mitad de los internos aceptó que pagan para recibir servicios, bienes, beneficios o permisos. Pagan para que les permitan tener aparatos eléctricos, celulares, ser cambiados de celda, tener acceso a agua potable, ir a los servicios médicos, usar el baño y protección, por mencionar algunos.
Casos como el del bebé del penal de San Miguel, en Puebla, causan mucha indignación. Es increíble que nadie haya podido poner orden en las cárceles durante décadas. ¿Habrá algún político que se atreva a hacerlo?
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