Acabemos con la corrupción

El “Mesías Tropical”, en un acto de humildad que promueve su nueva imagen, acepta la ventaja que le dan las encuestas, a desdén de la… El “Mesías Tropical”, en un acto de humildad que promueve su nueva...

15 de febrero, 2018 captura_de_pantalla_2018-02-15_13

El “Mesías Tropical”, en un acto de humildad que promueve su nueva imagen, acepta la ventaja que le dan las encuestas, a desdén de la…

El “Mesías Tropical”, en un acto de humildad que promueve su nueva imagen, acepta la ventaja que le dan las encuestas, a desdén de la opinión negativa que les dio en las anteriores elecciones, con la diferencia de que ahora asume la personalidad de presidente electo; muestra el autoritarismo con el cual piensa gobernar, dispone la manera en la que quiere que se lleve a cabo el cambio, anuncia la distribución de futuros puestos, la suspensión de obras y venta de bienes, la amnistía a sus delincuentes, y la lista es demasiado larga.

Olvida el señor que “del plato a la boca, a veces se cae la sopa”.

Caballo que alcanza gana, en esta carrera se alinearán en el arrancadero cinco corceles más, no se puede descartar una sorpresa, Hillary Clinton tenía también las encuestas a su favor, falta suficiente tiempo para que se designe al ganador, apenas llevamos la precampaña y los temas de campaña serán las propuestas que permitirán a los hoy indecisos inclinar la balanza en un sentido diferente.

En el momento de aterrizar los sueños e intentar proponer beneficios para el país, la corriente morenista se apoya en el dinero que supone pondrá a disposición del gobierno la supresión de la corrupción, nunca ha dicho la manera en la que se va a recaudar ese dinero incorrupto que generará el movimiento anticorrupción; considera, y así vende la idea, que por el hecho de ocupar la primera magistratura y gracias a su carisma los corruptos dejarán de robar y depositarán en una cuenta del gobierno el monto de lo que hubiera sido su latrocinio.

Suena mucho mas lógico preguntar si Calderón les hubiera invitado un cafecito a los narcos para que dejaran el negocio hubiese tenido mejores resultados que los que tuvo con la guerra que los que se obtendrían con este sistema.

¿Será el señor López quien guíe al país para acabar con la corrupción?

Revisemos sus dichos y sus hechos: la experiencia nos muestra su incapacidad para vigilar y controlar a sus subordinados, Ponce, Bejarano, Imaz y Eva Cadena por citar los más conocidos, nos dejaron ver sus corruptos métodos de financiamiento, antes y ahora; en Ayotzinapa, Abarca y compañía salieron indemnes y a pesar de su intervención para colocar a Abarca en la alcaldía de Iguala logró canalizar la culpa a Peña, quien en este caso fue inocente; cualquier precio es pagable con tal de que le reditúe en votos, ofertas que dejan la dignidad nacional por los suelos como la amnistía a narcos y la justificación a huachicoleros. Así todo delincuente es perdonable y la impunidad campeará por sus respetos.

La hipocresía de su actuación, en su propuesta amorosa donde todos caben, vengan de donde vengan y piensen lo que piensen sólo deja fuera a dos clases de personas que reciben todo su odio: los racistas y a los malditos pirrurris blancos.

Su honestidad valiente le impide acudir a programas de radio y televisión que no pueda manipular, esa es valentía, las cuentas del segundo piso del periférico no aparecen y lo que revela no cuadra, así que esto, el origen de su ranchito de 25 millones y 14000 metros cuadrados junto a sus fuentes de ingresos personales muestran su honestidad.

Hasta el momento lo único que sabe hacer es censurar, criticar, dividir, alborotar al pueblo presentándose como su salvador, en su discurso no existen soluciones, valores aplicados, planes, objetivos, propósitos que puedan llenarnos de orgullo, su autodevaluación le impide aceptar que nuestro país tenga un gobierno de primer mundo, un aeropuerto que compita con los mejores, que haya justicia, honestidad, que se premie el esfuerzo y que se motive a todos a esforzarnos por salir adelante.

Quiere revertir las reformas, en especial la educativa que es la que puede en un futuro sacarnos del agujero en que estamos metidos, lo que le interesa es el ocupar la primera magistratura, los que vengan después sabrán qué hacer.

Sus engañados y enamorados seguidores carecen de capacidad de reflexionar y están embelesados con sus promesas, ejercicio inútil es tratar de hacerlos entrar en razón, es en los indecisos donde reside la posibilidad de frenar las ambiciones pejunas, indecisos y jóvenes.

Andrés Manuel es dinero falso, ¿quiere decir esto que estamos condenados a soportar impunidad y corrupción. No, tenemos que evaluar correctamente el problema.

Se dice que la corrupción está incorporada al ADN del mexicano, de su inconsciente colectivo. Tal aseveración siendo correcta es incompleta, está en el de toda la humanidad, las diferentes culturas lo han manejado con diferentes grados de éxito.

El árbol genealógico de nuestra corrupción proviene desde los tiempos de la Colonia, “se acata pero no se cumple”, criollos explotadores indios sometidos, en el México independiente vicepresidentes derrocando presidentes, gobiernos legislando a su conveniencia, invasiones que muestran la potencia de otros países y poco ayudan a elevar la autoestima, se impone la ley el mejor armado, de poco sirven la lealtad y el honor. “si hubiera parque no estaría usted aquí”

Son las compañías deslindadoras de terrenos la cacerola donde se fragua el caldo de cultivo que se desparrama en la Revolución. En el triunfo de ésta nadie soporta un cañonazo de 50 mil pesos.

La imposición de una Constitución sectarista provoca la guerra Cristera que nos deja bastante letra muerta que en la práctica quita a la Ley Fundamental la autoridad que debería tener.

Tenemos remedio, si el dinero que se dedica a los partidos políticos y al sistema electoral se  dedicase a la promoción y difusión de los valores, no tendríamos que esperar a que la primera generación de la Reforma Educativa se gradúe, pero para mí es indudable que con el señor López esto no se puede dar y no se verá si llega.

Comentarios
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                                                                  –Francisco Ayala (1906-2009), escritor español. Entramos en la época del año cuando se celebra a México en infinidad de formas: Comenzamos con la conmemoración de los Niños Héroes en la toma del Castillo de Chapultepec.  Dicen los expertos que no fueron niños, como nos lo enseñaron en primaria, y que ninguno de ellos se envolvió en la bandera y se tiró desde las alturas para preservarla de los invasores norteamericanos. Como adulta entiendo que se trata de una leyenda romantizada, pero a la vez reconozco que esa imagen que se formó en mi mente en tercero de primaria sigue tan viva como entonces. Contribuyó a  forjar mi identidad, a sentir que una nación por la cual se llevan a cabo esos grandes sacrificios representa una gran nación. Llega unos días después la celebración de nuestra Independencia, ocasión cuando se manifiesta en todo su esplendor la mexicanidad: desde las caracterizaciones de nuestros héroes de la Independencia, las representaciones teatrales, la poesía. Los desfiles en cada una de las poblaciones grandes y pequeñas, frente a los cuales se exalta dentro de nosotros ese particular orgullo de ser mexicanos. No pueden faltar en esa ocasión los deleites gastronómicos, desde los sofisticados chiles en nogada con su gama de leyendas urbanas y modos de preparación, hasta los populares elotes con chile y la fruta picada, que se venden en cualquier esquina durante el desfile. La mexicanidad nos pone a vibrar a todos los oriundos la noche del 15, en el territorio nacional y allende las fronteras.  Ese “Viva México” que respondemos a coro los presentes en tres ocasiones, seguido por los nombres de los héroes de la Independencia, así como la réplica de la campana de Dolores en cada inmueble que representa a nuestro país a lo largo y ancho del mismo, y de igual manera en las sedes oficiales en el extranjero. Se sigue la –ahora controversial– fecha del 12 de octubre que, así queramos borrar de nuestra historia, constituye la mitad de nuestra identidad.  Un festejo que ha perdido mucho lucimiento por cuestiones ajenas al reconocimiento de nuestra identidad mestiza, cuyo epítome este año es la sustitución de un bello monumento de Colón en el Centro Histórico de la Ciudad de México, por una figura estilizada de una  mujer que busca  representar los pueblos originales, pero que a ratos parece sacada de una cinta galáctica. Ella no me significa ninguna identidad en absoluto. Ni por los rasgos que le imprimieron, ni por la frialdad del material con que está hecha, ni por la forma tan arbitraria con que se ha decidido imponerla. Durante primaria y secundaria estudié fundamentalmente, en colegios de monjas. 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Quien encabeza cada contingente porta un estandarte, generalmente bordado, que identifica al templo y a la parroquia que representan. Podríamos seguir hablando mucho más de los elementos que nos dotan de nuestra  identidad como mexicanos. Esta vez quisiera utilizarlo como parangón frente a las acciones ciudadanas que, de manera contraria, señalan nuestro desapego a la patria, término –este último– que nació del mismo vocablo de “padre” y que significa casa, tierra propia, familia, grupo original. ¿Por qué, tantas veces, en lugar de cuidar nuestro suelo, actuamos con descuido, y hasta nos empeñamos en  dañarlo? ¿Por qué sacamos tajada “a la brava”? ¿Por qué tratamos mal a nuestros hermanos? Pareciera que nos aferramos a la idea de sentir que alguien es más que otros por su color de piel, por el nivel académico o por su  solvencia económica. En la denostación que emprendemos queda expuesta nuestra pequeñez. 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Por ejemplo, una vez que aceptamos como humanidad que sea la ciencia la que explique lo relacionado con los fenómenos naturales, ya no habrá lugar para continuar negando el cambio climático, las políticas sanitarias referentes a la Covid-19 –o cualquier otra contingencia de salud– se decidirán desde el criterio médico y no político o económico, los datos estadísticos serán centrales para definir cómo y dónde aplicar determinadas políticas públicas y dónde y cuándo no hacerlo, y un largo etcétera. Por eso las convicciones no son asunto menor. Se trata de fundamentos que rigen las narrativas que decidamos articular, y según sean unas u otras, el mundo en que habitemos será objetivamente distinto.  Y el mismo ejercicio podríamos hacer con las otras dos preguntas del ejemplo, y con muchas más que nos permitirían redefinir nuestras convicciones por encima de las creencias que nos lastran. 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En los libros de historia de primaria, sistemáticamente, nos brincábamos el capítulo de las Leyes de Reforma.  Sabíamos que existió Benito Juárez; conocíamos la historia del niño de un pequeño pueblo oaxaqueño que pasó de cuidar ganado menor a convertirse en presidente de la República. Esto es, no se acentuaba el hecho de que Juárez haya decretado la separación del Estado y de la Iglesia, pero tampoco se arrancaban las hojas de los libros para vetarlo. Ya en secundaria sí aprendí lo necesario sobre las Leyes de Reforma y la figura de Juárez para el México actual. Sería como en los enamoramientos, tiene más efecto la indiferencia que las acciones directas de resistencia. Seguimos en noviembre con los festejos de la Revolución. A mí me remiten a diversos momentos, en particular con mis hijos pequeños en atuendos de ocasión.  Los desfiles asociados con el deporte y las danzas folclóricas entre las que no puede faltar: “La marcha de Zacatecas” y “La Adelita”. Otra vez la gastronomía en pleno para sentirnos aún más mexicanos. Arribamos finalmente a diciembre, a la celebración de la Virgen de Guadalupe. Sucede ese pensamiento paradójico único en México: proveniente de la tradición católica, la figura de la Guadalupana atraviesa cualesquiera creencias religiosas para instalarse en el corazón de todos los mexicanos. Ahora  las calles se ven pobladas por  peregrinaciones de distintos templos de cada parroquia, y en buena parte del territorio nacional se hacen acompañar de danzantes de todas las edades, vestidos de gran colorido, conocidos como “matachines”, cuyo traje incluye una nahuilla adornada con carrizos cortos, o bien pulseras de guijarros en las piernas, que al danzar generan un sonido muy característico. Sobre la cabeza  portan un penacho multicolor a base de plumas, y a lo largo de toda la peregrinación los danzantes van ejecutando cuadros que  han preparado a lo largo del año, al compás de un tambor. Quien encabeza cada contingente porta un estandarte, generalmente bordado, que identifica al templo y a la parroquia que representan. Podríamos seguir hablando mucho más de los elementos que nos dotan de nuestra  identidad como mexicanos. Esta vez quisiera utilizarlo como parangón frente a las acciones ciudadanas que, de manera contraria, señalan nuestro desapego a la patria, término –este último– que nació del mismo vocablo de “padre” y que significa casa, tierra propia, familia, grupo original. ¿Por qué, tantas veces, en lugar de cuidar nuestro suelo, actuamos con descuido, y hasta nos empeñamos en  dañarlo? ¿Por qué sacamos tajada “a la brava”? ¿Por qué tratamos mal a nuestros hermanos? Pareciera que nos aferramos a la idea de sentir que alguien es más que otros por su color de piel, por el nivel académico o por su  solvencia económica. En la denostación que emprendemos queda expuesta nuestra pequeñez. Habría que tomar lo bueno de cada episodio de nuestra historia, como una amalgama, y con base en ella construir lo mejor de nuestra generación. Proponernos dejar una huella que marque a futuro nuestro paso, como signo de una diferencia dignificadora.  " ["post_title"]=> string(20) "Historia e identidad" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(22) "historia-e-identidad-2" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-14 14:09:04" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-14 19:09:04" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70390" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "dc4ae6630de5c89834ac283da6e0f2cc" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Historia e identidad

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