A imagen y semejanza

Las malas palabras ofenden y lastiman. No se puede permitir que las instituciones de un país adopten las expresiones y formas de un individuo que usa la palabra para agredir.

29 de marzo, 2022 imagen y semejanza

Dondequiera que haya un ser humano, existe la oportunidad de ser amable. 

-Séneca

Una y otra vez vemos desfilar una serie de descalificaciones desde las conferencias matutinas de López Obrador. Rotundamente declara viscerales afirmaciones sobre quienes osen cuestionar su gobierno. En esta ocasión el blanco de sus vituperios fueron los participantes de la campaña ambiental “Sélvame del Tren”1. Como parte de sus acciones, la campaña produjo un video breve, publicado el 22 de marzo, donde distintas figuras públicas –desde artistas hasta activistas ambientales– rechazan el Tren Maya por las afectaciones ambientales en la selva de la Península de Yucatán.

Como era de esperarse, AMLO no dudó en calumniarlos públicamente. En sus conferencias del 232 y 243 de marzo los tildó de “pseudoambientalistas”. Cuestionó en primer lugar si tenían estatura moral para criticar a su gobierno: “¿Cuándo estos artistas, pseudoambientalistas, se pronunciaron por la destrucción que se iba a llevar a cabo del lago de Texcoco? (…) ¿Cuándo dijeron algo? Nunca, nada”. Luego  acusó a los artistas y activistas de venderse (¿a Claudio X. González?): “…convencen o contratan a artistas, a pseudoambientalistas, supuestamente preocupados por la defensa del medio ambiente y empiezan una campaña en contra del Tren Maya”. Huelga decir que no mostró prueba o indicio alguno para sustentar sus dichos. 

Aquellas palabras de AMLO tuvieron un efecto inmediato. El 25 de marzo la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) emitió un comunicado oficial con el singular título: “¿Dónde estaban los pseudoambientalistas cuando hace años empezó la verdadera devastación del sureste de México?”.  Con una gran semejanza a las palabras del presidente, la Semarnat acusó a quienes participaron en el video de estar desinformados y además cuestionó su estatus moral por  no “levantar la voz” en sexenios pasados.  Es de llamar la atención el tono del comunicado de la Semarnat. Prácticamente no hay diferencia con los términos y formas de AMLO para referirse a los activistas y artistas.

Apenas dos semanas atrás, el 10 de marzo, otro comunicado oficial, también emitido desde la Presidencia de la República, impactó por el tono que manejaba: “Comunicado del gobierno de la República al Parlamento Europeo”4. En este singular comunicado institucional se califica a los diputados del Parlamento Europeo de ser “borregos”, “hipócritas”, “mentirosos”, “injerencistas” y de estar desinformados. Al igual que los actores y activistas, en el Comunicado se acusa a los eurodiputados de ser parte de una campaña maquinada en contra el gobierno mexicano. El 11 de marzo AMLO aceptaría con orgullo nacionalista que él mismo redactó el Comunicado. 

El común denominador que hay entre ambos comunicados –el de Semarnat y el de Presidencia– es el tono que manejan. Sin lugar a dudas, ambos textos distan mucho de ser adecuados para un Comunicado institucional. El lenguaje espontáneo que vemos día a día en “las mañaneras” se ha vuelto ya parte de la vida institucional del país. No se trata de un lenguaje cordial ni mucho menos. Se trata de un lenguaje donde priman las descalificaciones y acusaciones a diestra y siniestra. 

¿Cuál es la necesidad de dirigirse con tanta beligerancia a quienes lo cuestionan? AMLO pudo haberles dicho a los activistas que tomarían en cuenta sus observaciones, que instalarían una mesa de diálogo con la Semarnat para aclarar y responder a sus inquietudes; sin embargo, de todas las maneras posibles de contestar, se optó por la ofensa pública. La Semarnat, por su parte, replicó la conducta presidencial solo que por escrito en un Comunicado. En contraste, el video “Sélvame del Tren” maneja un tono respetuoso. Rubén Albarrán, quien participa en la Campaña, se dirige al presidente: “No somos sus adversarios, somos mexicanos (…) lo invitamos a que venga a recorrer la zona y que escuchemos a los expertos”. Con ello el vocalista de Café Tacvba solo se ganó ser estigmatizado de conservador y fifí desde la tribuna presidencial. 

Con el pasar de los meses, hemos atestiguado el deterioro de las formalidades. Cabe recordar el tono respetuoso –aunque no exento de imprudencia– que el presidente manejaba al inicio de su sexenio. En una carta dirigida al Rey de España, fechada el 1 de marzo de 2019, el tono de AMLO era mucho más cauteloso, incluso hasta incrustaba fórmulas retóricas: “Su Majestad” (ambas con mayúsculas iniciales siempre), “sin el afán de”, “Señor” (con mayúscula inicial siempre), “como es de su conocimiento”, “mi más distinguida consideración”, “me alienta el propósito de…”5. Lo mismo se podría decir de la Carta dirigida al presidente de Austria donde le solicitaba el “préstamo” del Penacho de Moctezuma6

El presidente ha dicho que el antídoto contra la decadencia política radica en su fuerza moral. Gracias a su gran ejemplo de integridad, sus colaboradores imitarían su ejemplo automáticamente: “Predicar con el ejemplo será la enseñanza mayor. Por lo mismo, si el presidente es honesto, ese recto proceder tendrá que ser secundado por los demás servidores públicos”7. Cuando AMLO dilucidó tal principio, se le escapó un pequeño detalle: también aplica para el caso contrario, es decir, el mal ejemplo también se contagia, incluso con más efectividad que el bueno.  

Las malas palabras, aquellas que ofenden, estigmatizan y calumnian, inundan el vocabulario de López Obrador. Justo son estas palabras las que mejor han permeado entre nuestras instituciones políticas y gubernamentales. No por casualidad Mario Delgado, presidente de Morena, se dirigió a la prensa el 5 de marzo en Oaxaca acusándolos de “mercenarios”8 (palabra que también es de uso común en la boca de López Obrador); y Cuitláhuac García, gobernador de Veracruz, sostuvo un encontronazo con una reportera el pasado 10 de febrero, dándole cátedra de moralidad como AMLO hace todos los días9.   

Lo inquietante es que conforme avanza el sexenio de López Obrador vemos cómo las formas institucionales se van sustituyendo por las formas personales de López Obrador. Unas pocas palabras de desprecio le bastan para desacreditar y anular a los demás, sin pruebas ni argumentos. Ahora las instituciones adoptan esas mismas prácticas del presidente. Las instituciones no pueden reducirse a ser el reflejo de un solo individuo. Las malas palabras nos alejan de cualquier intento sano de comunicación y conciliación. Lejos de tender puentes de comunicación entre las instituciones y los ciudadanos, con este lenguaje cargado de veneno se anula cualquier intento de diálogo. Resulta paradójico que aquel hombre que supuestamente predicaba “la república amorosa”, resulte tan capaz para escupir palabras de odio.

 1Video “Sálvame del tren” 

 2Conferencia matutina (23-3-22).

 3Conferencia matutina (24-3.22) 

 4Comunicado del gobierno de la República al Parlamento Europeo 

 5Carta del presidente López Obrador a Felipe VI 

6https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/La-carta-con-la-que-Lopez-Obrador-pidio-el-penacho-de-Moctezuma-a-Austria-20220224-0055.html

7 López Obrador, Andrés Manuel, 2018: La salida, México, Planeta 2016  (Capítulo 7).

8Matías, Pedro, “Periodistas de Oaxaca abuchean al dirigente de Morena, Mario Delgado” 5 de marzo de 2022  

 9Cuitláhuac García regaña a reportera de Veracruz: “ve qué papel estás jugando como medio” 

Comentarios


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Está por demás decir que el trabajo económico es una violación flagrante a los derechos de los niños que en la mayoría de las situaciones se ven obligados a abandonar sus estudios y expuestos a situaciones verdaderamente peligrosas e insalubres. Son muchos y muy diversos los trabajos que ejercen los menores fuera de casa. Esto varía conforme a la zona geográfica. La Organización Internacional de Trabajo (OTI) labora en el proyecto Meta 8.7. Éste planea erradicar el trabajo infantil al menos en el campo para el año 2025. Guy Ryder, director general de la OIT, aclara que el trabajo infantil, lejos de ayudar a la economía familiar, favorece que la pobreza se vuelva intergeneracional. Esto es muy fácil de entender, pues se expone a la niñez a condiciones de riesgo que ponen en juego su propicio desarrollo físico y mental, además el trabajo los aleja de la oportunidad de ir a la escuela. 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DIME A QUIÉN ODIAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

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