Porquería de calles

No es obligación de los gobiernos limpiar el cochinero que hace la gente en las calles...

28 de agosto, 2018

No es obligación de los gobiernos limpiar el cochinero que hace la gente en las calles, tampoco la limpieza profunda para quitar la grasa de los puestos de comida o el aceite que tiran os automóviles, menos, andar destapando alcantarillas para sacar pedazos de colchones o llantas que le pertenecieron a alguien.

Toda la suciedad que hay en las calles, la basura que bloquea los desarenadores y las cascadas de muebles viejos en las barrancas, no son puestas por los gobiernos ni la limpieza debe ser promesa de campaña de los candidatos, aunque les resulta un buen pretexto.

Al terminar una administración pública, especialmente las municipales, el movimiento de maquinaria para lavar banquetas y las campañas de limpieza entre los ciudadanos, hacen mucho ruido. Hace poco, se contagiaron algunos con el #basurachallenge y presumieron fotos mientras recogían basura de un rincón en un pedacito de una colonia, no vale nada una foto de una sola vez, hace falta que la gente no tire nada a la calle.

Casi ningún centro en las ciudades del mundo se libra de la porquería en la que se convierten calles, se vuelve una triste costumbre la de vivir caminando entre puestos ambulantes instalados en las banquetas, olores, grasa derramada en el suelo, cáscaras de todas las frutas, humo, agua sucia y alcantarillas que expulsan tufos podridos. Pasar, como parte de la rutina diaria por estas calles, se vuelve un martirio fulminante.

Se pueden exagerar todos los escenarios posibles en las calles, especialmente, las céntricas de cada ciudad y nunca, ninguna exageración será siquiera un poquito de lo que se ve y se siente cuando todo esto es parte de un entorno, uno sucio y deprimente.

El centro de Tijuana, desde la calle Primera hasta el infinito y hacia ambos lados, es una inmundicia. Si parece exagerada la acotación, quienes lo viven diariamente, asegurarán que lo que aquí se escribe es una lindura. La calle Tercera, es la concentración de todo y todos, el punto donde convergen casi todas las rutas de transporte público, en donde los indigentes duermen a cualquier hora recargados en las paredes sucias de los comercios; calles en donde la basura tiene reunión permanente, donde se instaló un mercado ambulante que vende todo lo que usted pueda imaginar y todo, al lado de las alcantarillas que explotan diablos fermentados.




Por la orilla de las avenidas del centro, corre un líquido espeso, viscoso, apestoso. Los chorros de agua que tiran los marchantes, arrastran la mugre de todos los demás puestos y vaya usted a saber qué más lleva ese hilo de agua rumbo a la coladera ya tapada.

Esperar a que el monito del semáforo cambie a blanco es una tortura, el olor que emana por todos lados es verdaderamente terrible. En las aceras, las camas de los indigentes y adictos, cientos de puestos que ya no son ambulantes hace que el orden en el centro de la ciudad no exista. El presidente municipal y el delegado de la Zona Centro, que no caminan por ahí, dieron permisos a diestra y siniestra; en 2017, entregaron unos carritos que ahora son parte de la basura urbana, los vendedores no cumplen con su reglamento y normas para permanecer estorbando la vida diaria de los peatones.

La basura es una cosa y la responsabilidad de cada ente, es recoger lo que se le “cae” de la mano. Confundieron eso de que: “ponga cada uno, su granito de arena” equivocado el grano, va creciendo la montaña de basura en la que vivimos hoy; ni imaginar lo que se pisa y se lleva en las suelas de los zapatos a casa. Lo que uno se come en cada respiración y que habita en el cuerpo es igual, o peor que los plásticos en el ambiente.

Ya no se puede transitar, se dejó de exigir higiene y orden entre los puestos que venden tifoidea y los comensales que tragan bacteria, salivas volátiles y bichos diminutos en cada bocado. Caminar tratando de encontrar lugar para pasar, tener cuidado para no pisarle los pies al adicto que pide dinero, las manos del indigente que cayó rendido de hambre, de no chocar con los codos del que come tacos, de no quemarse con los comales de gorditas, cuidar el bolso, el celular y hasta el cabello (a una jovencita le cortaron su cola de caballo en una espera de semáforo)

No, el gobierno no tiene obligación de limpiar lo que ensucia la gente, sin embargo, sí tiene la obligación de obligar a la gente a mantener la limpieza y el orden. Esto del centro de Tijuana es un problema de salud pública y a nadie le importa porque, además, han hecho caso omiso del reglamento de comercio en la zona Centro de Tijuana como muestra este reportaje detallado. Las leyes no sirven y quienes las desbaratan, provocan una competencia desleal entre comerciantes establecidos legalmente y esto, también es un problema de salud económica en la ciudad.

Comentarios

No es obligación de los gobiernos limpiar el cochinero que hace la gente en las calles...

enero 1, 1970

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