¿En qué momento? Recuento de una multitud

Como echarse un clavado al mar revuelto. Aspirar el aire suficiente y entrar firme para que la corriente no me arrastrara a su gusto. Buscar...

10 de diciembre, 2019

Como echarse un clavado al mar revuelto. Aspirar el aire suficiente y entrar firme para que la corriente no me arrastrara a su gusto. Buscar un rincón para armarme de paciencia y recorrer otro tramo. Si me quedaba en medio, era imposible ver y visitar cualquier módulo de libros y mucho menos, elegir uno.

La multitud en la Feria del Libro de Guadalajara 2019, fue impresionante. Nunca había nadado entre tanta gente, olido tanto humor, visto tantos pies, sentido tantos codazos y pisotones. Nunca había caminado desorientada siguiendo un camino inexistente y salido tantas veces por la misma puerta porque la corriente de entes me sacaba sin darme cuenta.

Revisé con atención el programa, marqué mis favoritos a asistir, me ubiqué en los mapas de localización de cada módulo, sala y foro, hasta me digitalicé. Bajé la aplicación en mi teléfono celular para que me mandara alarmas y el tiempo que tenía para llegar a cierto punto. Imposible. Con todo en mano, no alcancé a llegar por eso, entré a las presentaciones que no tenían mucha asistencia y a las que desde un principio me interesaron.

Me detuve en los foros pequeños a escuchar cosas muy interesantes y me estacioné delante del contraste: Igual que se pueden ver personas saliendo de un centro comercial con las manos llenas de cosas y junto a ellos un pepenador que busca latas, así se vio en la FIL, un escritor presentando ante cientos de personas y vendiendo la misma cantidad de libros y un escritor solitario esperando que uno, solo uno, comprara su libro y se llevara su firma.

Caminé lo que pude y caminé hacia donde el mar de gente me llevaba. Me detuve en el segundo piso a observar cómo se movían todos. SI eso hubiera sido una toma aérea, se parecía mucho a un ir y venir de hormigas que chocan y no se tropiezan. Que van en busca de alimento, en este caso de libros o de autores y sus firmas, regresan con las bolsas y mochilas llenas de comida y vuelven por el mismo camino.

Pude comprar nueve libros, hubiera querido unos más solo que para buscar un título o dejarme elegir por uno, era necesario ver por encima de los hombros y las cabezas que rodeaban los estantes, además, sentir el vaho y oler el aliento de la multitud preguntando por precios, autores y obras. Y luego, otra enorme fila para pagar. Mientras pagaba uno de los míos, vi la facilidad con que algunos metían libros en sus mochilas, sí, ¡se robaron libros! Imagino que lo que vi, fue una mínima parte de lo que sucedió durante diez días.




Los participantes, autores, editoriales, encargados de módulos e invitados especiales, no vivieron lo que los visitantes vimos porque ellos entraban y salían por pasillos especiales, llegaban a sus salas por otra puerta y salían tranquilamente escoltados hacia la editorial para la firma de libros. Ellos no pueden decir lo que es nadar entre la gente porque tampoco los rodeaban en sus mesas de firma, un custodio organizaba a uno por uno para acercarse a la mesa con el autor.

Afuera del recinto la cantidad de gente y la enorme paciencia con la que todos paseaban, me hizo detenerme a verlos por las calles y me dio por contarlos: 35 personas formadas para pagar en una caja de Oxxo, 74 personas formadas para comprar una pizza, 25 para comprar un café y cientos y cientos para entrar a la feria. 45 camiones repletos de universitarios y así, números exagerados de gente. Caminé buscando algo de tranquilidad y menos ruido, llegué a Zapopan y me dirigí a una plaza comercial, hice fila para comprar un café y vuelta de regreso a la calma del hotel.  ¿En qué momento nos hicimos tantos?

Lo demás, los libros que me acompañaron de regreso los estoy leyendo y les voy a contar qué cosas tan interesantes se pueden leer sin necesidad de perseguir a un autor para tener su firma y guardar una fotografía para cuando el susodicho se muera y poder publicarla.

Vivida la experiencia de la FIL 2019 para que no me cuenten. Para mí, los libros existirán siempre sin necesidad de ferias. Mis letras y los libros que pudiera llegar a publicar, que vuelen solos, allá ellos y su aventura.

Razón tenía mi padre cuando me dijo: “Cuando tú seas grande, ya no habrá pueblos y serás parte de una multitud”.

Comentarios

Como echarse un clavado al mar revuelto. Aspirar el aire suficiente y entrar firme para que la corriente no me arrastrara a...

enero 1, 1970

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