Arraigo domiciliario

Es la leyenda de un encabezado visto y leído constantemente en los medios noticiosos y junto a éste, la fotografía del presunto culpable. El mundo...

17 de marzo, 2020

Es la leyenda de un encabezado visto y leído constantemente en los medios noticiosos y junto a éste, la fotografía del presunto culpable. El mundo corriente no es responsable de lo que provocan o planean las altas esferas políticas y económicas, ni es responsable de lo que sucede y nuestra fotografía en forma de mapa relleno de círculos y números rojos, nos muestran como presuntos culpables y debemos arraigarnos en casa.

El lobo nos está arriando como ovejas hasta el corral y para el 20 de marzo próximo, al menos los escolares, ya estarán dentro. Los descarriados merodearán alrededor de su casa hasta que caiga la noche para no presenciar los desajustes familiares y no enfrentar la realidad de la familia que no conocen suficiente. Los necios, retarán cualquier forma de autoridad.

El acercamiento 24/7 entre los miembros de la familia, provocará lo indecible o lo increíble. Todo dependerá de la realidad que encuentren en eso que llaman hogar. Sabrán que lo construído no tiene cimientos profundos o afirmarán que su trabajo como adultos responsables ha logrado firmeza.

Algunos disfrutarán enormemente porque por fin, tendrán tiempo para arreglar la casa y deshacerse de  los cacharros y chatarras que han acumulado y, si con cada cosa que saquen se aplican y “juegan” a comparar esas cosas con recuerdos obsoletos, emociones añejas y sentimientos pasados, la limpieza física y emocional estará completa.

A otros no les importará el arraigo porque tienen todos los dispositivos necesarios para evadir realidades y entrar de lleno a la fanatasía virtual, esa que desbarata neuronas y descompone criterios. Habrá adultos que se preparen a hacer pagos por internet, celulares y hasta hacerse de una dotación extra de baterías y poner todo esto en manos de sus hijos para que “no se aburran” y los chicos se someterán al rigor de las redes sociales, echando a perder un tiempo que pudo haber sido de calidad humana, no virtual.

Se han dado infinidad de recomendaciones de qué hacer cuando no hay nada que hacer y la lectura está en primer lugar de la lista, le siguen las películas y documentales, música y conciertos grabados. Aparte de los libros, todo tiene que ver con lo digital, lo virtual. ¿Y lo de compartir el tiempo con los extraños que serán familia? Ver television o pantallas digitales no ayuda suficiente en la idea de ser familia si después de leer, ver y aprender no se comparte o se comenta lo visto o leído.




Ya hay quienes piensan que será una tortura y se preguntan qué harán con los hijos; una pregunta que no se hicieron cuando los engendraron porque el mundo y la sociedad ya les tenía planeado el curso que seguirían de acuerdo a sus edades,  nunca se les dijo que un día estarían 30 días a su cargo, cuidado y responsabilidad. Ahora es cuando.

Hay jóvenes que planean verse con los amigos, salir, salir. Hacer pijamadas, salir. Conectarse a redes sociales, escuchar música con audífonos, ver videos y todo lo que ellos hacen en ratos o por horas al día. Estos son 30 días, no dos semanas de vacaciones y si los jovenes se “entretienen” en redes y escuchando música a todo volúmen por 30 días, será muy difícil quitarles esa rutina. Sabemos que lo hecho por 21 días seguidos, para bien o para mal, provoca disciplina en el major de los casos,  costumbre, vicio y adicción en los peores; además de la sordera que desarrollarán y el daño que le harán a su vista.

Hay dinámicas que pueden ser de gran acompañamiento. Tomemos en cuenta que es un mes completo y no se parece en nada a planear una fiesta de cuatro horas con juegos entretenidos, piñata y pastel. Estos son 30 días en los que por obligación, aprenderán a verse a la cara, a entenderse, a conocerse y a saber cómo piensan y cómo evolucionan los seres con los que se comparte un espacio llamado casa; o a encerrarse cada uno en un cuarto y no darse cuenta con quién viven.

La economía, por supuesto, es un factor importante y delicado para todos; sin embargo, quise concentrarme en esto del arraigo que es inevitable para todos.

Suerte para todos, denle una bienvenida a la reunión familiar obligatoria. Que les sea leve y productiva.

Ya en diciembre, veremos quiénes accedieron gustosamente a su arraigo y vendrá esa nueva generación a quienes llamarán “Niños de la Corona V”.

Apunte aparte: Como maestra, pensé en los chicos y su tiempo y les diseñé un programa de dinámicas muy entretenidas, educativas y benéficas para toda la familia, si a alguno le interesa, con gusto se lo envío por correo electrónico.

 

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