Otra vez un 19 de Septiembre

Dos horas y catorce minutos después del simulacro que conmemoró el 32 aniversario del terremoto...

26 de septiembre, 2017

Dos horas y catorce minutos después del simulacro que conmemoró el 32 aniversario del terremoto más devastador en la Ciudad de México, un nuevo sismo de 7.2 grados volvió a sacudir de forma violenta la metrópoli, apenas 12 días después del temblor de 8.2 grados ocurrido el pasado 7 de septiembre. No se acababa de hablar del tradicional simulacro y de hacer llamado a donar recursos económicos y materiales para los damnificados de las comunidades de Chiapas y Oaxaca, cuando a las 13:14 horas, en Puebla, Morelos y la Ciudad de México se revivía el terror de un sismo superior a los 7 grados, en una fecha tan trágica como lo será siempre el 19 de septiembre.

Como en aquel fatídico día de 1985, miles de voluntarios salieron a apoyar a las victimas atrapadas en los escombros de no más de 38 edificios colapsados, el terremoto del 2017 no fue tan severo como el de hace 32 años, pero hizo que murieran más de 150 connacionales solamente en la Ciudad de Mexico. Los jóvenes millennials se apoderaron de las calles y de los primeros momentos de apoyo, el estigma de ser una generación egoísta y poco solidaria fue destrozado, en los primeros minutos de la increíble tragedia (por coincidir con la fecha emblemática) los jóvenes protagonizaron la verdadera hermandad en tiempos de crisis que tanto caracteriza y llena de orgullo a los mexicanos.

Las instituciones de gobierno estaban presentes, encabezadas por el presidente de la República que regresó de la zona afectada por el sismo en Oaxaca, del pasado 7 de septiembre, para converger esfuerzos con las autoridades capitalinas encabezadas por el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera. La catástrofe unió a los nuevos héroes anónimos que olvidaron diferencias sociales y políticas para salir a auxiliar a las víctimas del nuevo sismo que golpeó a México, pero que no podrá derribarlo.

A pesar de las multitudes dispuestas a apoyar, existió descoordinación y la propagación de noticas falsas, sin embargo, conforme avanzó el día y la difícil noche, la logística se impuso gracias a las heroicas fuerzas militares, la marina, policías, servicios de protección civil y los ángeles en tierra que son el binomio canino salvador de vidas, conjuntamente con el original escuadrón de Topos que regresó a apoyar la razón de su creación, el rescate de víctimas en un sismo ocurrido en el mes patrio. Además del apoyo de rescatistas internacionales.

Una mejor cultura de la protección civil y la prevención hizo posible que no se repitiera una tragedia como la de 1985, existieron comunicaciones suficientes, un gobierno en funciones e infraestructura como el moderno C5 de la ciudad de México. No obstante, en los estados de Puebla y Morelos (donde se dio el epicentro del sismo en sus límites geográficos) los daños fueron más severos y el apoyo no fue tan rápido como se requería. Sin olvidar que las zonas devastadas en Chiapas y Oaxaca continúan requiriendo apoyo de todos los mexicanos, para quienes ya viven la tragedia de no poder sobrevivir un día más sin la solidaridad de otros connacionales.

La tragedia de dos fuertes sismos en un mismo mes, sumada a la caprichosa casualidad del día ya de por sí trágico, más el embate de varias tormentas y huracanes en otros estados de la República, podría quebrantar el ánimo social que ya se mostraba apesadumbrado. El momento histórico requirió de acciones extraordinarias, que desde hace décadas no se mostraban, la emoción de la solidaridad nacional se puede sentir aun días después de la catástrofe, el reto no es menor y salir de la emergencia requerirá de muchos meses de trabajos y esfuerzos.




Si bien como en cada catástrofe existen oportunistas que lucran con víveres, cometen asaltos y abusan de la situación, son hechos aislados que no opacan en nada la explosión heroica de los ciudadanos frente a la tragedia. De igual forma pasará a la historia como una anécdota más, la fallida historia televisiva del rescate de la inexistente alumna “Frida Sofía” en el colegio Rébsaben, donde murieron 26 niños y 5 adultos.

En contraste con esas fallidas acciones, están las imágenes esperanzadoras de los rescates de 50 personas vivas de edificios colapsados, así como el canto espontáneo del himno nacional en las calles de Ámsterdam y Laredo, luego de rescatar a la última víctima de los escombros. La ovación a las fuerzas de rescate japonesas y su homenaje a las víctimas, los apapachos a las perras rescatistas durante su descanso. Destacan las fotos de voluntarios regresando en metro a casa, los trabajos ininterrumpidos bajo la lluvia que azotó la ciudad en las noches, la interminables cadenas humanas que igual pasaban escombros, alimentos, herramientas, formaban vallas de vida o se agrupaban en brigadas de auxilio. Cientos de ciudadanos alimentando a fuerzas de rescate y voluntarios, brigadas cantando el “Cielito Lindo” desde sus transportes, dando pujanza emocional al difícil momento.

El envión anímico inicial ha sido insuperable, digno de heroísmo, pero se debe seguir luchando hasta que se supere la emergencia, no hay esfuerzo pequeño, la suma de todas las fuerzas logrará que se reconstruya un mejor país, donde todos tenemos la obligación de cooperar. Ante la tragedia, existe la oportunidad de que ahora que los mexicanos logramos unirnos y tomarnos de las manos, no nos volvamos a soltar jamás, en esta nueva ocasión de ser mejores en todos los aspectos. 

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enero 1, 1970

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