Ni los burros están seguros

La percepción ciudadana sobre los altos índices de inseguridad está justificada...

11 de octubre, 2016

La percepción ciudadana sobre los altos índices de inseguridad está justificada ante el deficiente, insuficiente y muchas veces clasista sistema de justicia en México. Las policías, los ministerios públicos, las cadenas de custodia, los procesos de investigación, los protocolos de acción policiacos y casi la totalidad del sistema judicial se encuentran en una crisis sistémica que ya afecta casi todos los aspectos de desarrollo en el país.

Cuando el sentido de oportunidad para la perpetración de un delito provoca que un ciudadano opte por delinquir en lugar de respetar la ley, es porque los valores morales y éticos de una sociedad han fracasado. Esto fue lo que dio lugar a la colorida nota del secuestro y recuperación del burro “Filemón” en Motul, Yucatán. El joven captor del borrico vió la oportunidad de sobornar al dueño, para obtener un beneficio económico a cambio de devolverlo, en lugar de simplemente regresar al jumento sin lucro alguno.   

En esa lógica preocupante, donde para muchos jóvenes, la única posibilidad de obtener recursos económicos es insertarse en la delincuencia, amparados en la impunidad que reina en el país, muchas generaciones se pierden al escoger entrar en el mundo delictivo. Un entorno sin muchas oportunidades de desarrollo para los jóvenes, por lo general con bajos niveles educativos, un ambiente social violento y discriminatorio, y una difícil realidad donde los delincuentes ostentan y encarnan la impunidad, es lógico que las nuevas generaciones terminen siendo carne de cañón de las bandas delictivas o peor aún de las múltiples células de los carteles de la droga.

La última semana de septiembre la psicosis en materia de seguridad en la Ciudad de México se incrementó, gracias a la viralización en redes sociales de las fotos de un asalto a automovilistas en el periférico y Reforma. Días más tarde se logró capturar a los dos asaltantes, donde uno resultó ser un joven de 20 años y el otro un menor de edad. Con el mismo “modus operandi” en la lateral del mismo periférico, otros dos asaltos se realizaron por un delincuente reincidente, el primer robo a mano armada fue grabado y difundido en redes sociales, por lo que en un segundo asalto el delincuente fue capturado en flagrancia. Pablo N es el asaltante, quien ya había sido detenido en seis ocasiones y por esas incomprensibles resoluciones, había sido liberado por los jueces.

Las redes sociales en estos tiempos de asaltos y múltiples delitos son los elementos de denuncia verdadera que la ciudadanía usa para su seguridad. A pesar de los excesos, falsas alarmas, amarillismo y de la difícil comprobación de un suceso por la inmediatez de la información. Bien utilizadas, las redes sociales son una magnifica herramienta para la denuncia y prevención del delito en estos difíciles tiempos de inseguridad trepidante.

También hace dos semanas se dio a conocer la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública, ENVIPE realizada por el INEGI, donde diversos indicadores muestran engañosamente que la delincuencia disminuyó, sin embargo numerosos delitos que deberían ser denunciados no están siendo reportados ante los Ministerios Públicos, un 93.7% de los delitos no se reporta. Esto debido a la percepción ciudadana que dichas denuncias no fructificarán de forma exitosa en el castigo y remisión de los presuntos delincuentes, salvo en aquellos delitos donde es necesario acreditar una denuncia como el robo de un auto para obtener el pago del seguro, o el caso extremo de un asesinato.




Posturas encontradas se dieron por la presentación de la iniciativa de ley para la portación de armas en negocios y automóviles, de autoría del senador Jorge Luis Preciado, para que los ciudadanos puedan tener permisos para usar armas en caso de asalto en vehículos privados. Además de ampliar a negocios el permiso existente para el uso de estas en autoprotección en los domicilios.

Para nadie es ajena la impotencia de sufrir un asalto o el miedo justificado de ser secuestrado, extorsionado y buscar cualquier medio que nos asegure una cierta seguridad, como lo sería un permiso para portar armas de fuego. Sin embargo, en un país lleno de prepotencia e intolerancia, también es un peligro que una disputa entre vecinos, o rencillas entre ciudadanos terminen dirimiéndose a balazos provocando muertes innecesarias.

Ante la terrible crisis de seguridad que vivimos todos los mexicanos, retratadas en todas las mediciones de encuestas y estudios especializados sobre el tema, surgen propuestas radicales ante la emergencia de nuestra cruda realidad. No en vano fenómenos como el linchamiento de los presuntos asaltantes y delincuentes en transporte público se ha incrementado de forma preocupante. Un debate real, informado, de calidad y con verdaderos especialistas sobre el tema es necesario para que esta propuesta sea analizada perfectamente y se apruebe, o rechace según sea lo mejor para los ciudadanos mexicanos.

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La percepción ciudadana sobre los altos índices de inseguridad está justificada...

enero 1, 1970

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