Mujeres vulnerables frente a las fuerzas policíacas

Los tiempos actuales son una auténtica lucha cuesta arriba para las mujeres mexicanas...

12 de julio, 2016

Los tiempos actuales son una auténtica lucha cuesta arriba para las mujeres mexicanas, quienes no conforme con luchar día a día por sus familias, alimentar a sus hijos, sobrevivir en muchos casos, ahora suman el miedo de ser detenidas por fuerzas policíacas o el ejército quiénes les pudieran fabricar delitos, torturar y recibir agresiones sexuales durante los procesos judiciales.

En semanas pasadas la Organización No Gubernamental (ONG) “Amnistía Internacional” presentó un estudio sobre 100 mujeres que fueron detenidas por fuerzas federales y sentenciadas en cárceles, de las cuáles 72 sufrieron abusos sexuales durante su arresto y 33 habían sido violadas. Aunque se presentaron 66 denuncias, sólo en 22 casos se dio cabida al proceso en contra de los agresores.

Esta numeralia, sumada a la alerta de feminicidios en varios estados, deja en las mujeres un miedo justificado ante la indefensión de ser detenidas y ultrajadas por las fuerzas policiacas de los tres niveles de gobierno, que confirman a las mujeres mexicanas como un grupo vulnerable frente a las fuerzas del orden.

Sin entrar en debate sobre la metodología de la ONG, o el desprestigio que padecen las encuestas, los distintos posicionamientos gubernamentales siempre tendientes a minimizar los análisis presentados, estos datos permiten analizar una verdad incontrovertible. Las mujeres mexicanas tienen un terror justificado de ser víctimas de un ultraje sexual, acusaciones fabricadas y pruebas sembradas en caso de ser detenidas por cualquier autoridad. El menor grado de escolaridad aumenta la posibilidad de ser blanco de vejaciones y fabricación de sentencias condenatorias. Complementado esta escalofriante situación, a que dichas agresiones, torturas y violaciones muy seguramente quedarán en la total impunidad.

La percepción sobre la profunda fragilidad de las mujeres frente a las policías está avalada por casos tan escandalosos como el de la filtración del video donde miembros del ejército y una policía federal, torturaron a una presunta delincuente provocándole la semi asfixia mediante una bolsa de plástico. Tal fue el revuelo del contundente video, que el general Salvador Cienfuegos, Secretario de la Defensa Nacional, tuvo que ofrecer una disculpa pública a nombre del ejército ante el país y la opinión pública.

En semanas pasadas también se denunció la violación de una mujer en una línea de autobuses ETN por parte de asaltantes, a quienes la víctima acusa de estar coludidos con el chofer. El informe de la ONG destaca el caso de Mónica una madre de cuatro hijos que fue violada por agentes policiacos enfrente de su hermano y esposo luego de ser detenidos arbitrariamente. Mónica padeció la muerte de su cónyuge en sus brazos a consecuencia de la tortura infringida, en la SIEDO fue obligada para confesar que ella pertenecía al crimen organizado del cartel de  los Zetas. La CNDH certificó que fue violada y su esposo ejecutado por la tortura. Ella continúa presa y en espera de sentencia por los delitos que le confeccionaron.




Durante la pasada marcha internacional en contra de la violencia el devastador “hashtag" de #miprimeracoso denunció cómo desde la infancia muchos hombres infringieron daño psicológico y físico a un número impresionante de mujeres. Relatos tan desgarradores y preocupantes permanecen en la total impunidad, y marcaron de forma profunda a muchas de esas víctimas.

La semana pasada se implementó en la ciudad de México el controvertido silbato en contra del acoso en el transporte público. Medida con la que la administración de Miguel Ángel Mancera busca la adhesión social ante lo común que son las agresiones sexuales en contra de las usuarias del metro, metrobús, microbuses y camiones. Esta medida insuficiente a todas luces, no tendrá mayor repercusión si no va acompañada del aval cívico de todos los usuarios del transporte público.

Como se deduce perfectamente, la solución a la violencia de género es la educación de las nuevas generaciones, y sobre todo que el sistema judicial en verdad apoye a las mujeres cuando realizan una denuncia, y deje de ver a las víctimas como provocadoras de las agresiones recibidas o chivos expiatorios. Es urgente el llamado a la solidaridad con las diferentes luchas que las mujeres mexicanas realizan cada día. El dejar en la cotidianidad estas agresiones y peligros reales que enfrentan, condenará a la sociedad mexicana a su propia autodestrucción.

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enero 1, 1970

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