La Cuarta Transformación y la Ciudad de México

En la pasada visita del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la alcaldía Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México (el martes 11...

18 de junio, 2019

En la pasada visita del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la alcaldía Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México (el martes 11 de junio) improvisó una porra para la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, luego de que la morenista enfrentara una semana difícil por los casos de inseguridad, en especial por el secuestro y muerte del estudiante Norberto Ronquillo. En las benditas y polarizantes redes sociales se llegó a pedir la renuncia de la titular del ejecutivo capitalino, por lo que el presidente sintió necesario respaldar a su protegida política con ánimos y arengas durante la entrega de apoyos de bienestar en dicha alcaldía.

La Ciudad de México es un bastión de eso que denominan la izquierda que desde los tiempos de la elección del primer jefe de gobierno, emanado de la reforma política que permitió a la capital del país elegir sus gobiernos locales. El entonces poderoso Partido de la Revolución Democrática (PRD), logró obtener mayorías en la entonces Asamblea Legislativa, delegaciones y 4 jefaturas de gobierno.

Considerada la entidad federativa con mayores niveles de politización, los ciudadanos se caracterizan por ser más participativos en procesos locales, además de haber sido muy críticos de los anteriores gobiernos federales encabezados por el PRI y el PAN. Luego de la escisión del PRD que dio lugar al ahora partido gobernante Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) encabezado por el ahora presidente AMLO, se dio un vuelco histórico para lo que sería el ascenso impresionante de un partido que había logrado apenas un puñado de diputados locales y federales, jefes delegacionales y escasas presidencias municipales, durante su primera elección en el año 2015.

Luego de minar la maquinaria electoral y clientelar del PRD para arrebatarles la jefatura de gobierno capitalina, Morena logró imponer su mayoría en el primer congreso de la Ciudad de México, así como hacerse de la generalidad de las alcaldías. Junto con el tsunami electoral que llevó al histórico triunfo de AMLO en la presidencia, el partido dirigido y planeado por el político tabasqueño logró ser la primera fuerza nacional y dejar en niveles de partidos satélite al otrora partido izquierdista dominante en la ciudad.

Desde la elección de 1997 donde el PRI quedó disminuido a su mínima expresión en la Ciudad de México, ningún partido opositor pudo hacerle mella al PRD. Incluso ni el mismo PAN durante sus dos sexenios al frente de la presidencia. Fueron los años dorados del perredismo al amparo de las generosas finanzas del gobierno capitalino, hasta que con la formación de Morena y su triunfo abrumador, se terminó con la hegemonía de gobierno del principal partido de izquierda en las últimas décadas.

Sin embargo, la herencia trágica de los gobiernos emanados de la izquierda es la inseguridad que ha aumentado en cada cambio de gobierno. Las terroríficas cifras de violencia y delincuencia organizada que durante el periodo del exjefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, se pretendieron “maquillar”, han estallado durante la presente administración, con una crisis insuperable que han hecho del nuevo gobierno capitalino su talón de Aquiles.




Cifras que se han duplicado en materia de inseguridad pública han provocado una psicosis local, con casos emblemáticos de estudiantes secuestrados y asesinados después del cobro de rescates. Es imposible negar que con la llegada de un nuevo gobierno a la jefatura de gobierno, las cifras delictivas se han disparado a la alza.

A pesar de los esfuerzos de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, y la procuradora capitalina, Ernestina Godoy, la inseguridad es un tema que sigue golpeando a los ciudadanos que son víctimas de robos, secuestros, cobros de piso en el caso de empresarios, y hasta despojos de inmuebles con triquiñuelas legales que parecen dejar en el desamparo a cualquier propietario citadino.

El famoso elefante reumático al que hace alusión el presidente AMLO, parece ser un elemento que no se tenía en cuenta cuando se realizaban diagnósticos sobre las enormes problemáticas que enfrentaba la siempre caótica Ciudad de México. La funcionalidad y operatividad del gobierno se ve diezmada cuando no cumple con la función de proteger a los ciudadanos y otorgar justicia a los quejosos de los múltiples delitos emanados por la crisis de inseguridad.

Si a estas difíciles condiciones se le agrega los recortes económicos y la dificultad de hacer trabajar a la burocracia sindicalizada (enquistada en la mayoría de la administración pública capitalina) se entiende porque el nuevo gobierno morenista no acaba de arrancar como se esperaba. Es preocupante que la percepción de inseguridad se haya incrementado y que el nuevo sistema de justicia penal acusatoria haya caído en el “círculo vicioso” de la puerta giratoria para delincuentes, que a pesar de ser capturados en flagrancia, al ser presentados ante jueces, son absueltos y regresan a delinquir de forma casi impune.

Para colmo la Ciudad de México ha padecido hasta contingencias ambientales enormes, causadas por las dañinas partículas tóxicas, que históricamente no se habían vuelto a presentar en varios años. La capital del país y sede de los tres poderes de la unión, es una atracción turística que atrae ingresos económicos generosos para diversos sectores económicos formales e informales que se pueden ver afectados por tantos males.

En medio de una desaceleración económica nacional, la Ciudad de México no puede permitirse brindar una imagen de descontrol en materia de seguridad pública, ya que al tener la mayor infraestructura en materia de policías, centros informáticos de vigilancia y mayor número de elementos policiacos, debería ser una obligación ineludible el poder, brindar mejor seguridad pública y prevención del delito. Es la última oportunidad de retomar las riendas de la gobernanza en la ciudad o los grupos delincuenciales pueden convertir importantes zonas de la metrópoli, en auténticos estados de excepción.

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enero 1, 1970

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