Si Ochoa ¿Reza? tendrá que orar por un milagro

La sorpresiva e inexplicable designación de Enrique Ochoa Reza, como nuevo presidente del PRI, será sin lugar a dudas por sus características y lo que...

13 de julio, 2016

La sorpresiva e inexplicable designación de Enrique Ochoa Reza, como nuevo presidente del PRI, será sin lugar a dudas por sus características y lo que éstas implican, el tema de análisis político de mayor interés en mucho tiempo.

Este nombramiento es por mucho uno de los más importantes de todo el sexenio del presidente Peña Nieto, pero da la impresión que eso no importó ni en la forma ni el fondo.

En la forma, porque se concibió y fraguó materialmente a escondidas, sin que mediara un método anestésico que hiciera parecer la imposición como parte de un proceso maquillado de consulta, auscultación, medición, o de pluralidad.

En el fondo, por muy diversas razones y factores, entre ellos el hecho de que se esperaba que quien fuera el ungido se tratara de un político de renombre con larga militancia y liderazgo y por ello con conocimiento pleno del partido y sus grupos de poder y participación.

Esto no sólo fue así, el presidente Peña Nieto se decantó por un tecnócrata que no ha tenido cargos en el partido, que no ha dirigido o competido en una elección, que no conoce sus estructuras.

Ochoa Reza no es ni operador electoral ni ideólogo, es un administrador público, sin demeritar sus cualidades en ese sentido, lo que infiere que la conducción del instituto político del régimen se hará más desde la Secretaría de Hacienda que incluso desde Los Pinos.




Ochoa Reza es integrante y miembro del círculo rojo del equipo de Luis Videgaray. Eso hace sospechar negativamente que el partido será dirigido de la misma forma que la política hacendaria, fiscal y económica, elementos que son los principales lastres de la administración actual.

Ochoa Reza es un perfecto desconocido para los priistas, carece del más absoluto arraigo entre sus bases, pero ni eso ni el hecho de que hasta ahora dirigía la paraestatal más impopular del gobierno, son los factores que más apuntan en su contra.

Los que sí lo son, están enmarcados en la imposición de su llegada al cargo, su inexperiencia y falta de conocimiento, lo que pone en entredicho su capacidad de operación independientemente de su perfil, que apunta más hacia a la arrogancia que caracteriza al grupo al que pertenece y se debe, muy lejos de la sensibilidad que se requiere para esta tarea.

Es un hecho que el presidente Peña Nieto quería para el relevo en el PRI a un elemento fresco, sin escándalos de corrupción en su pasado, con una imagen que apuesta por el relevo generacional, sin embargo Ochoa Reza no era precisamente la mejor opción para llevar al cabo ese propósito.

Se entiende que para el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, era mejor permanecer en el cargo hasta la postulación presidencial, dirigir el partido lo podría eliminar de la competencia.

Ese puede ser el mismo caso de José Antonio Meade, quien desde la Sedesol tiene un margen de maniobra tan importante o mayor que desde el propio PRI, como se observa con el aumento de su popularidad en fechas recientes.

Desde ese punto de vista, lo natural era colocar a José Calzada, secretario de Agricultura, quien como gobernador de Querétaro tanto como en su actual encargo ha dado muy buenos resultados, además de ser un priista connotado y con experiencia.

La imposición de Ochoa Reza insinúa el peor error de cálculo político del presidente Peña Nieto, en momentos en que la militancia partidista está muy dolida y enojada.

Exhibe el poder de Luis Videgaray, aun y cuando esta intromisión en áreas que no le competen y no domina, puede resultar en la peor y más grande de sus equivocaciones.

Es una cachetada del sistema a sus simpatizantes, porque colocar a un personaje de estas características va a dividir a los grupos, va a propiciar un desencanto superlativo y por ello provocará sin duda deslealtades.

En términos coloquiales y por ello con cierto dejo de humor, se podría decir que el presidente Peña Nieto lo prefirió porque Ochoa, Reza, y por lo visto tendrá que orar mucho, porque lo que el PRI necesita es un milagro para reposicionarse en el ánimo popular.

En una suerte de analogía es como si se estuviera responsabilizando anticipadamente a Enrique Ochoa del naufragio del barco en media travesía, como si se le encargara capitanear el Titanic.

A pesar del entusiasmo de grandes amigos en común, muy allegados a Ochoa Reza como David Martínez Staines, quien sinceramente espero siga siendo un influyente y muy cercano consejero del nuevo presidente del PRI, no puedo en principio coincidir con ellos.

Se trata de una cuestión de análisis de las condiciones que rodean el espectro de manera integral. En ese sentido se establece que Enrique Ochoa, no era la persona indicada para esa posición y en este momento.

Se trata de ponderar lo que se ve, observa y siente como un desatino político mayúsculo, que todo indica sólo ahondara todavía más la más severa crisis histórica del priismo.

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La sorpresiva e inexplicable designación de Enrique Ochoa Reza, como nuevo presidente del PRI, será sin lugar a dudas por sus características...

enero 1, 1970

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