Medidas económicas emergentes que debieron ser preventivas

Desde el punto de vista del análisis económico más tradicional, las medidas emergentes conjuntas anunciadas por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray y el gobernador...

24 de febrero, 2016

Desde el punto de vista del análisis económico más tradicional, las medidas emergentes conjuntas anunciadas por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray y el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, son correctas, pero tomadas a destiempo.

Primero, el ajuste para reducir 132 mil millones de pesos del presupuesto del gobierno federal y segundo, el aumento de medio punto para la tasa de interés de referencia, que quedará en 3.75 por ciento anual, y tercero, no llevar a cabo más subastas de dólares de las reservas, sin dejar de considerar la posibilidad de algunas más de carácter extraordinario.

Las políticas públicas se definen por la interacción de los intereses, en este caso con una clara influencia del mercado internacional. Por ello los resultados, aunque responden a lógicas condicionadas, bien pueden predeterminarse, al menos una gran parte de sus efectos.

El asunto es que estas políticas a veces responden a demandas y otras tantas, y son ellas mismas las causantes que dan origen a los problemas; no siempre cuando hay una política pública hay un problema que enfrentar, y no siempre que hay un problema hay una política pública para resolverlo.

En este caso, según la definición del politólogo estadunidense Theodore Lowi, estamos hablando de dos tipos de acciones, una regulatoria y la otra redistributiva.

La primera norma conductas que usualmente benefician a determinados grupos o sectores, para afectar a otros; en la segunda se transfieren recursos para quitarlos de un lado y ponerlos en otro.




El recorte presupuestal era inminente, de obvia resolución, la disminución del ingreso publico obliga al ajuste, ya que de otra forma la única vía de sostener el gasto es a través del endeudamiento público, que a estas alturas y en las condiciones de la economía nacional sería insostenible.

Se supone que una disminución del gasto público afecta las expectativas de crecimiento; sin embargo, si esa deducción se aplica en el gasto corriente y no en el de inversión, el efecto no es tan perjudicial.

Por otro lado el aumento en la tasa de intereses, no es precisamente una medida que a ningún gobierno le gusta tomar, pero es importante reconocer que ambas determinaciones están relacionadas, que su efecto tiene mayor impacto precisamente por su complementariedad, más aún cuando el recorte al gasto público ha llegado a su tope.

Independientemente de que el mayor porcentaje de reducción se aplicará a Petróleos Mexicanos, se denota claramente la presión ejercida por el Banco de México al gobierno, para aumentar las tasas de intereses, a cambio de la tentación de optar por más endeudamiento.

El problema de Pemex no sólo se circunscribe a la dramática baja en los precios internacionales del barril, sino a su situación productiva. Actualmente estamos vendiendo el barril apenas arriba de su costo.

La paraestatal enfrenta una severa crisis de pasivos con proveedores, producto de una mala administración, influida por los costos laborales y un esquema de pensiones inadmisible.

El recorte en Pemex obedece también al anuncio que el mismo Videgaray realizara semanas atrás, relativo a la urgente necesidad de reestructurar la empresa, lo que dio pie a la salida de Emilio Lozoya de la misma.

El detener las subastas de dólares fue quizá la decisión que debió tomarse primero y con mayor anticipación. La estrategia no fue la más adecuada, ya que nunca pudo contener la volatilidad monetaria.

Las subastas, por el contrario, sólo contribuyeron a sostener un escenario imaginario, un esquema de contención ficticio, incapaz de hacer frente al debilitamiento de nuestra moneda, que en cambio favorecía a los especuladores.

Lo que se observa es que el gobierno mexicano está más preocupado y ocupado en este momento en mantener el mayor margen de estabilidad.

Mucho más por supuesto que orientarse a promover el crecimiento porque, no se pueden hacer las dos cosas a la vez, la prioridad es sujetar la inflación.

De lo que se trata es de evitar un aumento de la inflación. Como diría Milton Friedman: “la inflación es un impuesto que se impone sin necesidad de ninguna ley”.

Las medidas oficiales tendrán un efecto a la baja en las expectativas de crecimiento, pero en contrario, si se asegura la estabilidad financiera, no necesariamente se reducirá el consumo.

Hasta ahora el costo de la depreciación de nuestra moneda frente al dólar ha sido absorbido por los productores, lo cual no ha encarecido mayormente los insumos en relación real con la inflación.

Pero esa contención no puede durar mucho más tiempo, precisamente por ello estas acciones oficiales eran necesarias, sin duda en la dirección correcta; sin embargo, ahora son de carácter emergente cuando debieron serlo en términos preventivos, con toda anticipación.

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enero 1, 1970

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