El gasolinazo fracturó definitivamente el gabinete presidencial

Aunque hasta ahora había sido costumbre que algunas decisiones presidenciales no tuvieran la aceptación unánime del...

21 de febrero, 2017

Aunque hasta ahora había sido costumbre que algunas decisiones presidenciales no tuvieran la aceptación unánime del gabinete, factores como la lealtad personal y la institucionalidad sirvieron como argumentos para afrontarlas en unidad.

A los subordinados al Presidente sólo les corresponde acatar instrucciones. La regla es que el privilegio de opinar, cuando no se está de acuerdo, no puede ir más allá de la simple valoración.

En este gabinete presidencial priista, algunos asuntos relevantes se analizan de manera conjunta y se discuten, lo que no signifique que las determinaciones se tomen por votación.

No se trata de un esquema democrático, eso sería ir en contra de la ortodoxia del pensamiento priista más esencial; sin embargo, el ejercicio pretendía servir como un elemento más que de expresión, de aportación de visiones plurales, basadas en consideraciones de orden técnico, según la óptica de cada área.

El debate, al menos se entiende que esa era la intención, pondera ventajas y desventajas, pero sobre todo rangos de afectación de índole política, social y económica.

Queda claro que, independientemente de quien sea el secretario que proponga, los grupos con mayor influencia que conforman el gabinete federal terminan por imponer sus criterios.




Para poner el mejor ejemplo posible como antecedente, basta recordar la discusión respecto de la visita del entonces candidato presidencial estadounidense Donald Trump.

Este evento dejo ver con toda claridad, no sólo porque el hecho se hiciera público, sino por sus efectos posteriores: la división que priva al interior del círculo rojo gubernamental.

Primero, porque la iniciativa le costó a su autor Luis Videgaray tener que dejar Hacienda y meses después, en un efecto inverso, le pasó lo mismo a quien en su momento se opuso a la invitación, Claudia Ruiz Massieu, quien también fue removida de Relaciones Exteriores.

En esa ocasión, el cisma cimbró la convivencia de los integrantes del gabinete, pero la fractura no alcanzó el nivel de un rompimiento generalizado y definitivo.

De cualquier forma, la semilla de la discordia ya había iniciado su proceso de germinación, sin considerar los muy diversos intereses en pos de la candidatura presidencial.

La discusión y decisión del anuncio del gasolinazo fue indudablemente la gota que derramó el vaso, no sólo por sus efectos, que al final de cuentas afectaron la imagen de todo el gobierno.

Fueron las formas, las imposiciones, los errores de interpretación, los que resquebrajaron, ahora sí en forma definitiva, a los dos grupos que detentan el mayor peso e influencia en torno del Presidente.

Por un lado, el del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que señaló inconsistencias de orden como las fechas, más aún porque coincidían con el período vacacional, incluso de los mismos funcionarios públicos y ello limitaría considerablemente su capacidad de reacción como finalmente sucedió.

Por otro lado, la visión de los técnicos encabezada por los secretarios de Hacienda y Relaciones Exteriores, José Antonio Meade y Luis Videgaray respectivamente, que una vez más sólo vieron un lado de la perspectiva.

El caso es que en la imposición de la medida y la forma en que se operó no todas las áreas que debieran estar involucradas contaban con la información suficiente para actuar en correspondencia de sus responsabilidades.

Aunque no se puede decir que fue un madruguete, el hecho tuvo algunos tintes por los que se le podría calificar en alguna medida de esa forma, eso y los acontecimientos posteriores de rechazo social, desbordaron en un enfrentamiento que se antoja imposible de resolver.

La animadversión ya no se puede ocultar sólo con el discurso, porque mientras para unos la determinación no causa daño político electoral, para otros sí. Al menos, en el caso de Osorio Chong y Videgaray, la antipatía personal mutua, no había rebasado los márgenes de la cordura y la institucionalidad elemental.

Sin embargo, eso ahora se terminó y el conflicto va más allá, involucra cualquier aspecto del ejercicio gubernamental, en el que por la naturaleza de sus funciones coinciden por obligación.

El gasolinazo se le atribuye a Hacienda, pero dejo muy mal parado a Gobernación, en materia de anticipación, de operación y control, hasta en cuestión de operación política.

La decisión no se tomó para perjudicar las aspiraciones presidenciales de Osorio, en todo caso sepultó las de Meade, el reclamo se orienta a las precipitaciones, la carencia de información, a no escuchar las advertencias relacionadas con los conflictos sociales, elementos que han derivado en lo que ya es una guerra intestina, que podemos anticipar va a cobrar otras víctimas, mucho antes de la postulación del eventual candidato priista a la Presidencia de la República.

Comentarios

Aunque hasta ahora había sido costumbre que algunas decisiones presidenciales no tuvieran la aceptación unánime del...

enero 1, 1970

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