Es poco frecuente observar en el discurso político el uso de la esvástica para etiquetar a oponentes con la infame sombra del nazismo y sus doctrinas extremistas, como el fascismo y la supremacía racial. Esta táctica busca pintar al rival político con pinceladas de autoritarismo, discriminación e inhumanidad.
Tal estrategia debe ser condenada por quienes defendemos o dicen defender el proceso democrático. Primero, porque equiparar a políticos actuales con el nazismo simplifica de manera irresponsable la realidad política, distorsionando intenciones y consecuencias. Segundo, porque el uso de símbolos nazis ofende profundamente a la mayoría de las personas. Recordemos que la Segunda Guerra Mundial, iniciada por Adolf Hitler, dejó entre 70 y 85 millones de muertos, incluidos los seis millones de judíos víctimas del Holocausto y millones más, entre ellos romaníes, polacos no judíos, prisioneros de guerra soviéticos, disidentes políticos, personas con discapacidades, homosexuales, testigos de Jehová y otros humanos satanizados por el nazismo. Tercero, porque estas comparaciones agudizan divisiones, obstaculizan el diálogo y demonizan al contrario. Por último, porque la repetición de estas analogías debilita la percepción de los horrores nazis, un peligroso olvido de la historia.
Por todo lo anterior, debe ser repudiada la decisión de Beatriz Pagés Rebollar, directora general de la revista ‘Siempre!’, de autorizar que en la portada del número más reciente de esa publicación apareciera la silueta de la virtual candidata presidencial morenista, Claudia Sheinbaum, con una banda roja con cinco esvásticas nazis rodeándole su cabeza.
Esa imagen utiliza la esvástica para advertir que sería muy peligroso un gobierno presidido por Claudia Sheinbaum, hija y nieta de judíos, pero tan mexicana como yo, que soy hijo de un chiapaneco y una estadounidense, o como los otros 128 millones de personas que, a pesar de tener diversos orígenes étnicos y raciales, son tan mexicanos como los demás.
Pagés Rebollar tiene todo el derecho de oponerse a AMLO y a Morena, pero abusó de este derecho al autorizar esa portada, que debe ofendernos a todos los que conocemos los crímenes del nazismo.
Para intentar rectificar su error, la directora de la revista publicó el domingo pasado una nueva portada con un mensaje en el que asegura que no fue su intención herir a la comunidad judía, sino oponerse al ‘régimen autoritario que gobierna el país’. En ningún momento se disculpa por la ofensiva portada.
Pagés Rebollar no solo hirió los sentimientos de los mexicanos judíos, sean practicantes o no, sino, como señalé líneas arriba, a millones de personas que todavía hoy condenamos al nazismo que gobernó Alemania de 1933 a 1945. A todos nos debe una disculpa.
Curiosamente, hasta el momento de escribir esto, la candidata presidencial opositora, Xóchitl Gálvez, a quien Pagés Rebollar apoya, no había condenado la infame portada de ‘Siempre!’. Su actitud contrasta con la que mostró cuando repudió, con asombrosa rapidez, los tuits racistas y antifeministas de Vicente Fox. Que no olvide que quien calla, otorga.
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