CARTAS A TORA CLXVIII

Querida Tora: Hace unos días llegó una inquilina nueva, una mujer de no malos bigotes. (Imagínate: una mujer con bigotes es bastante fea. Aquí se...

21 de febrero, 2020

Querida Tora:

    Hace unos días llegó una inquilina nueva, una mujer de no malos bigotes. (Imagínate: una mujer con bigotes es bastante fea. Aquí se dice que tenía un bigote hermoso; pero, aún así, tenía que ser rematadamente fea. Pero es una expresión empleada para decir que era más o menos hermosa. Pero así habla esta gente). Y en cuanto llegó, le empezó a echar los perros al del 43 (Otra aclaración: la señora no tenía ni siquiera un perro. Pero “echar los perros” significa decir “quiero contigo” o cosa por el estilo. ¿Por qué? Misterios de la naturaleza humana).

    Al señor se le alborotó enseguida el macho que lleva dentro (lo cual no es difícil, por lo que se sabe), y se lanzó a la con quista. O a dejarse conquistar, como quieras. El caso es que una noche llegó a su vivienda y le dijo a su mujer: “Vete, porque voy a necesitar la cama”. Y tras él venía la señora esa. La esposa hizo un entripado que se quedó morada, pero no tuvo más remedio que obedecer. El señor cerró la puerta del cuarto de los niños para que no los molestaran, y se metió a la cama.

    Al día siguiente, muy temprano, despertó a la mujer y le dijo que les preparara el desayuno a los niños, porque era día de escuela. La vieja le contestó “Prepáraselos tú”. ¿Y qué crees? El fulano le dio una cachetada y le dijo “Eso es cosa de viejas”. La mujer tuvo que levantarse y encender la cocina. Lo único que hizo fue calentar un poco de leche y dársela a esos niños, que la miraban desconcertados, sin saber siquiera cómo tomarse la leche. Por fin, se fueron a la escuela, y el señor se volvió a meter a la cama y jaló a la vieja con él. Allí estuvieron toda la mañana, patatín  patatán, a risa y risa. Pero a mediodía le dijo a la mujer “Vete a preparar la comida”. Ahí sí se enchiló la vieja, y le dijo que no era su criada, que le daría todo el amor que quisiera, pero que no intentara mangonearla, porque se le aparecía el diablo.

    Pues fue a ella a quien se le apareció, porque el fulano le dio una paliza de pronóstico reservado,  y la vieja tuvo que hacer lo que pudo (que no era mucho, no vayas a creer), y se metió en la cama a descansar. Pero él se acostó con  ella y le dijo que luego, que “orita vamos a seguir jugando”. Ella cogió un palo que estaba junto al buró, y quién sabe qué hubiera pasado, si no es porque en ese momento llega la esposa con un abogado de la Delegación a levantar un  acta de adulterio “fragante” (así dijo el abogado, no estoy inventando) y lo acusa de abandono, de malos tratos y de desprecio de sexo. El señor se carcajeó, pero el abogado obligó a los dos a levantarse, les tomó fotografías así desnudos y ordenó a su ayudante que las pusiera en el Facebook con sus nombres y todo. La mujer se echó a llorar, dijo que la iban a perjudicar, y pidió misericordia. El viejo nomás se rio. Pero el abogado le ordenó coger sus “tiliches” (bonita palabra, ¿verdad?) e irse de la casa.

    Ahí sí se alteró el señor. Dijo que la vivienda era suya, que su trabajo le había costado, y que su vieja no había hecho nada. Pero el funcionario se mostró inflexible, y le dijo que si no se iba lo detendría y lo sometería a juicio por violencia excesiva contra la mujer. Él preguntó hasta dónde no era excesiva la violencia, y el abogado le dijo que hasta chiflarle a una mujer sin pedirle permiso era violencia, que tenía todas las de perder, que no fuera maricón y se fuera como los machos.




    Esto sí le pudo, así que agarró sus tiliches, dijo al abogado que se acordaría de él, y se largó. ¿Cómo consiguió la esposa el apoyo de un abogado? No lo sé, pero me dio gusto que las autoridades por fin  estén haciendo algo para defender a las mujeres de los abusos de los hombres. Lo malo fue que los niños presenciaron toda la escena, que se echaron a llorar y ese día no comieron ni durmieron. Pero la madre les dijo que no se asustaran, que el mundo está cambiando, y que todo era por el bien de ellos.

    El señor no ha vuelto a aparecer por la vecindad, y la vieja se fue al día siguiente, para beneplácito de todas las vecinas, que tenían miedo de que les hiciera lo mismo que a los del 43. Solo el portero lo lamentó, porque ya le estaba echando los perros también.

    Bueno, mi amor, hasta la próxima. Salúdame a tu mamá. Por cierto, ¿cómo está? ¿Ya se le compuso el genio?

Te quiere

Cocatú

 

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enero 1, 1970

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