CARTAS A TORA CLXIX

Querida Tora: ¿Te acuerdas de un muchacho que trabaja en televisión? Pues el otro día llegó muy excitado, diciendo que iba a entrar a una...

28 de febrero, 2020

Querida Tora:

    ¿Te acuerdas de un muchacho que trabaja en televisión? Pues el otro día llegó muy excitado, diciendo que iba a entrar a una serie muy buena y que querían filmarla en la vecindad “para ambientarla perfectamente y retratar la realidad en que vivimos”. El portero aceptó enseguida, pero con la condición de que le pagaran un alquiler por los días que pasaran filmando. Total, al día siguiente vino el productor, se ajustó con el portero, y les dieron el permiso.

    Los vecinos se alborotaron enseguida y, quien más quien menos, se pusieron a pintar las fachadas de sus viviendas. Pero el productor se los prohibió, pues “quería retratar la realidad”. Y los vecinos tuvieron que sentarse a esperar que llegaran los trabajadores. Lo  menos que pensaron es que las estrellas iban a alternar con ellos, y a lo mejor hasta les aceptaban un taco algún día.

    Cuando por fin llegaron los escenógrafos, utileros, etc., lo primero que hicieron fue pintar algunas fachadas, cambiar de lugar todas las macetas que tenían en los corredores, dañar algunas paredes y quitar un trozo de barandal “para que se viera más realista”. Esto molestó a los vecinos, pero no dijeron nada.

    Estuvieron varios días “adecentando” el patio y, por fin, anunciaron que al día siguiente empezaría la filmación. No sabes cómo se pusieron los vecinos. Los del 37 no durmieron en toda la noche, arreglando su ropa para presentarse ante las estrellas. La señora del perrito que parece una flor lo llevó a la peluquería y le tiñó el pelo, porque “a lo mejor necesitan un perro en alguna escena”. Y los del 56 no bebieron nada el día anterior, pues querían estar sobrios para ver “cómo se hacen esas cosas llamadas series”. 

    Por fin llegaron las estrellas, Pero antes de que entraran a la vecindad, el productor fue a pedir a los vecinos que se metieran en sus casas y no salieran, porque “mucho ayuda el que no estorba”. Todos protestaron: ya se habían vestido, se habían peinado y algunos, como el portero, hasta se habían bañado. Pero no hubo manera de que les permitieran estar presentes en la filmación. Tan solo  algunos pudieron atisbar por alguna rendija algo de lo que pasaba, Al portero sí le permitieron salir un momento a saludar a la actriz protagonista, porque los amenazó con llamar a la policía para que los echara de allí; y fue muy orondo a saludar a una vieja (vieja de verdad) que hacía de colegiala insípida y triste; luego se encerró en la portería y le permitieron abrir una ventana para presenciar la filmación.




    Nuestro vecino, el actor, tuvo una escenita en que le chiflaba a la protagonista; ella se enojaba y le daba una bofetada. Pero al director no le gustaba cómo daba la actriz las bofetadas, y se las hacía repetir una y otra vez. El pobre muchacho acabó con la cara enrojecida; y la actriz se lastimó la mano, por lo que tuvieron que elegir una de las muchas tomas para salir del paso.

    Eso fue todo lo que filmaron en la vecindad. Los inquilinos se sintieron defraudados, y fueron  a protestar con el portero. Este se excusó, diciendo que no sabía lo que iban a hacer. Los vecinos lo increparon diciendo que, además de todo el tiempo que les hizo perder, ni siquiera habían  gozado del dinero que pagaron por el alquiler de la vecindad, y amenazaban con lanzarse en masa contra él. Aquí sí, el portero se mostró listo, y les dijo que apenas eran unos cuantos pesos; los sacó de la bolsa y les dijo que iba a encargar “unas botellitas” para pasar en rato de solaz y esparcimiento”.

    Esa noche fueron pocos los que durmieron en la vecindad, pues las botellitas arrastraron unas botanas, y las botanas otras botellitas, y era el cuento de nunca acabar. Pero la popularidad del portero subió bastante (aunque solo estuvo en el festejo un rato, pues “tenía muchas cosas que hacer” con la Flor y su prima para gastarse el dinero que había recibido).

    Total, la filmación quedó como un bonito recuerdo en la mente de los vecinos. Y en la del portero, como un  buen negocio. Lástima que no hubiera más filmaciones.

Te quiere

Cocatú

 

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