¡Celebración a la vida!

No son los años, corazón, es el kilometraje. Indiana Jones (Los Cazadores del Arca Perdida, 1981)

18 de noviembre, 2015

No son los años, corazón, es el kilometraje.
Indiana Jones (Los Cazadores del Arca Perdida, 1981)

Se dice que si supiéramos la fecha en que moriremos, viviríamos infelices y agobiados esperando el fatal momento, quizá por eso resulta difícil para un médico dar una fecha determinada ante una enfermedad terminal pues en ocasiones la simple idea de la muerte daña más a los enfermos que la enfermedad misma, yo creo que depende de la actitud que tenemos ante la vida y de la forma en que asumimos la muerte.

En ese sentido, hay para quienes celebrar su cumpleaños lejos de ser motivo de alegría es un sufrimiento latente porque cada año transcurrido es para ellos signo de vejez, de que el tiempo se les acaba o de que se acercan a la muerte y por eso se niegan a la celebración. Me gusta la palabra celebrar (que no es lo mismo que festejar) porque su significado va más allá en un sentido de alegría pero también de solemnidad y hasta de ritual si lo queremos ver así, dependiendo el motivo por el cual se realiza el acto célebre.

Noviembre es un mes que para mí va de las ofrendas a los difuntos hasta la revolución pasando por diversos cumpleaños y justo en esta semana, una persona a la que llamo de espíritu libre y que es parte de la lista personal de afectos profundos que habita el mundo de mis emociones, cumple un año más de vida. Soy fan de las celebraciones con motivo de los cumpleaños porque no es la suma de años vividos lo que debe celebrarse sino el cúmulo de experiencias que nos hacen crecer hasta convertirnos en adultos maduros y alcanzar nuestros sueños y metas. Los logros y satisfacciones que año tras año hacen que nuestra vida no se limite a la monótona sucesión de hechos que nos sumerge en la terrible cotidianeidad y nos hace vivir en piloto automático día tras día, consumiéndose de a poco los segundos, los minutos y las horas de una vida que se vuelve vacía y sin sentido.

En el filme The Bucket List (Estados Unidos, 2007) vemos la forma en que los dos personajes principales se aventuran en una serie de sucesos con el fin de realizar todas esas cosas que alguna vez soñaron y que el paso del tiempo les hizo olvidar; sin embargo, ante el diagnóstico del cáncer terminal que padecen eligen pasar sus últimos días viviendo en plenitud y no dejarse morir en el hospital.

Convencida estoy que de eso se trata la vida: de una constante celebración tanto de los momentos de gozo pleno y de tristeza infinita, como de los días luminosos y los grises también, de la cercanía con los que amamos y la lejanía forzosa o necesaria. Celebrar con una tarde compartida o una comida excepcional, bailando o cantando, en la playa o en el campo, en soledad o en compañía pero celebrar en un afán de regalarnos un momento de paz, alegría y encuentro con nosotros y para nosotros, alzar las copas de la felicidad y brindar de júbilo por haber despertado con vida y a la vida durante los últimos 365 días y con ello, valorar lo que somos en esencia, elevar nuestra autoestima, trazar nuevas rutas para alcanzar metas difrerentes y así sucesivamente año tras año.

El espíritu libre que cumple años me dijo: “quiero hacer muchas cosas en este mes, es un aniversario especial y quiero vivir experiencias que aún no he vivido, planeo tomarme una fotografía cada día, tirarme del bungee y me iré a la playa a festejar, entre otras locuras que ya se me ocurrirán”. Sus palabras me hicieron recordar esa lista de deseos de la película y a su vez, me hizo pensar en que si todos tuviéramos una lista de sueños por cumplir y la revisáramos frecuentemente; sin duda, viviríamos con mayor intensidad esta vida que a veces desperdiciamos en la frustración, el enojo, el miedo, la depresión, la enfermedad o los excesos por mencionar tan solo algunas de las muchas situaciones que nos empeñamos en tener en nuestras vida inútilmente porque sólo nos restan energía y ganas de seguir adelante. 

Agradecer la vida, celebrarla y morir en paz cuando llegue el momento; de tal forma que, cumplir años sea tan sólo un formalismo marcado por una fecha en el calendario y el pretexto para felicitar, abrazar, besar y agasajar a los otros, a los que tanto amamos y ¿por qué no? Principalmente a nosotros mismos. 

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