A cada quien su agosto

Por si no lo habían notado, estamos arrancando el inicio del octavo mes del año: agosto...

1 de agosto, 2017

Por si no lo habían notado, estamos arrancando el inicio del octavo mes del año: agosto, el cual debe su nombre al emperador romano Octavio Augusto quien además alteró la duración de varios meses, quitando y poniendo días, hasta lograr que ‘su’ mes tuviera 31 días y por eso es que dos mil años después, julio y agosto tienen 31 días cada uno. Y la verdad es que aunque dicen que cada quien habla según le va en la feria, los mexicanos no tenemos cosas muy gratas qué contar y para muestra un botón (o varios botones): desde el incremento al precio de la gasolina, mejor conocido como “gasolinazo” de lo cual se derivó el asunto de los huachicoleros (ladrones de combustible en tomas clandestinas) pasamos a la vergüenza con la fuga y la ridícula aprehensión de Javier Duarte, ex Gobernador (saqueador y corrupto) de Veracruz; sin olvidar los lamentables homicidios de Lesby (https://elpais.com/internacional/2017/05/05/mexico/1493949825_841060.html) y Valeria (http://cnnespanol.cnn.com/2017/06/13/el-crimen-de-valeria-la-nina-de-11-anos-victima-de-asesinato-y-violacion-en-mexico/). Lo anterior, además de las terribles inundaciones en la Ciudad de México, las inauditas fallas en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, las risibles elecciones en Veracruz, Nayarit, Coahuila y el Estado de México hasta llegar a la movilización de las fuerzas armadas en la Delegación Tláhuac para abatir a uno de los tantos líderes del crimen organizado que operan por todo el territorio mexicano con total impunidad y por si no fuera poco, ahora debemos salir de casa con sombrilla, impermeable, bloqueador solar, rompevientos y abrigo porque no sabemos de qué humor estará el clima. Divertido, ¿no?

Noticia tras noticia se nos van las horas, los días, las semanas y los meses, por no decir los años y la vida surfeando las olas de la violencia, la inseguridad, el hartazgo, el miedo y la impotencia ante un escenario que no pinta nada bien porque uno no termina de entender si los buenos ahora se convirtieron en malos o si es que siempre jugaron en el otro bando con disfraz de bondad. Es inevitable no temer y salir cada día con nada más que la encomienda de Dios, Buda, el Universo o lo que sea que cada uno crea sintiéndose afortunado por despertar, salir, regresar y dormir a salvo y así día tras día en una espiral que parece no tener fin porque a veces las buenas intenciones ya no bastan ni siquiera el optimismo o la buena vibra y no bastan por falta de fe o esperanza sino porque apenas se da vuelta en la esquina y aparecen capos, corruptos, ladronzuelos, cafres que rebasan por la derecha o a los que nadie les ha explicado que las intermitentes tienen una función y una utilidad, tragafuegos que ponen en riesgo su vida en cada semáforo, niños en situación de calle que piden limosna o hacen maromas, policías que dicen “estar rebasados” y que no ofrecen auxilio cuando se les avisa de un asalto en el semáforo. Así estamos dando inicio a otro mes que no augura nada bueno y que parece agrandar la gran bola de nieve que hemos permitido que se forme por apatía o por decepción ante un sistema fallido que ya no da respuestas ni ofrece alternativas para una mejor calidad de vida. Lejos muy lejos estamos de aquél tiempo en que obtener un título universitario aseguraba un empleo bien remunerado con lo que se podía adquirir una residencia en un “buen lugar para vivir” seguro y lejos de la vorágine citadina. Lejos estamos de poder viajar seguros y confiados por las carreteras federales y a propósito ¿sabía usted que hubo un incremento del 3.9% en promedio de las tarifas en las casetas? Eso sí, no espere vías de primer mundo (basta con recordar el socavón de Morelos que provocó la muerte de dos personas) y mucho menos, que haya patrullaje o sistemas de auxilio.

Dicen por ahí que cuando al fin se tienen las respuestas, la vida cambia las preguntas y este caos en el que estamos inmersos, esta falta de identidad porque somos mitad mexicanos y mitad gringos (le pese a quien le pese) nos está obligando a hacer cambios de raíz, a romper paradigmas y particularmente, a poner manos a la obra porque no podemos esperar sentados a que las respuestas lleguen por obra del Espíritu Santo. La llegada del mes de agosto nos obliga a poner manos a la obra y a sacar provecho de las fortalezas que tenemos, transformar la crisis en oportunidad y aceptar que lo que aprendimos alguna vez como verdad absoluta hoy no tiene vigencia pues somos un mundo en constante transformación, que exige establecer un nuevo orden en un marco de tolerancia, paz, equidad, derechos humanos y justicia por decir lo menos. Nos quedan cinco meses para ser actores y no espectadores del acontecer diario, ya veremos qué tanto avanzamos cuando lleguemos al recuento de fin de año.

¡Se los dejo de tarea!

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Fuentes

https://es.wikipedia.org/wiki/Agosto

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