La frecuencia de las manifestaciones callejeras en Estados Unidos aumentó desde que Donald Trump asumió la presidencia de ese país. Conforme pasaron los meses también se incrementó el número de manifestaciones violentas.
La primera manifestación contra Trump ocurrió el 21 de enero de 2017, un día después de que empezó a vivir en la Casa Blanca, cuando unas 500 000 personas, la mayoría de ellas mujeres, marcharon por las calles de la capital estadounidense para defender los derechos de las mujeres y de las personas LGBT, el derecho a la salud y a una educación pública de calidad, para apoyar las políticas contra el cambio climático y a favor del pacifismo y la solidaridad con los refugiados, y para protestar contra la persecución y discriminación de los inmigrantes, la discriminación racial y la violencia ejercida por las corporaciones policiacas.
Desde entonces, los opositores de Trump se han manifestado en diversas ciudades, la mayoría de las veces de forma pacífica. Desafortunadamente, en ocasiones algunos manifestantes dañaron o destruyeron propiedades privadas y públicas.
Pero las palabras y tuits del presidente saliente no solo movilizaron a sus detractores; también estimularon a que sus seguidores salieran a las calles para defenderlo. La mayoría de estas marchas fueron pacíficas, pero en algunos casos se volvieron violentas cuando se adueñaron de ellas supremacistas blancos o neonazis a quienes Trump elogió públicamente y calificó como buenas personas.
El verano pasado Trump dijo que los afroamericanos, latinos y demás personas que salieron a las calles para protestar contra la brutalidad policiaca eran delincuentes y terroristas, pero nunca criticó a los supremacistas y neonazis que agredieron y hasta mataron a algunos manifestantes.
Después de cuatro años en que el casi expresidente actuó para dividir y violentar a la sociedad de su país, explotando hábilmente los resentimientos que tienen millones de personas que, con o sin razón, sienten que el sistema los abandonó a su suerte y los privó de oportunidades para progresar económicamente, ¿debe extrañarnos la violencia que vimos ayer en Washington, cuando miles de trumpistas invadieron con lujo de violencia al Capitolio, sede del poder legislativo y símbolo de la soberanía del pueblo?
Lo que ocurrió ayer fue promovido por el mismo Trump en un discurso que pronunció ante sus seguidores poco antes de que el Congreso se reuniera para certificar el triunfo electoral de Joe Biden. Dijo que era la víctima de un inmenso fraude electoral, similar al que según él se cometió el martes para evitar que los dos senadores republicanos de Georgia fueran reelectos. Después de azuzar con sus palabras a su público lo invito a que se dirigiera al Capitolio para exigir a los senadores y representantes ahí reunidos que desconocieran el triunfo de Biden. Luego, la masa se transformó en turba, ocurrió lo impensable y al final del día una mujer había muerto al recibir un balazo.
Ayer Biden dijo que lo que se vio ayer fue una insurrección contra las instituciones y la democracia estadounidenses. No mencionó el nombre del movimiento, pero todos sabemos que fue Trump, quien en los 13 días que le quedan como presidente puede causar más daño a su país y al mundo.
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