Tres anuncios hechos esta semana revelan que México enfrenta crecientes problemas económicos, a pesar de ciertos indicadores positivos. Uno vino desde Washington, otro desde Santiago de Chile y el tercero desde Palacio Nacional. En conjunto, no ofrecen un panorama alentador: muestran que el entorno global se vuelve más adverso para nuestro país.
El miércoles, Donald Trump anunció un nuevo acuerdo comercial con Japón que reduce del 25% al 15% los aranceles a los vehículos japoneses importados por su país. En contraste, los autos hechos en México seguirán pagando el 25%, salvo que cumplan con las reglas de origen del T-MEC. Es una señal de que ya no goza de trato preferencial automático en su principal mercado.
El anuncio no llegó en el vacío. El 18 de julio General Motors informó una inversión de 4,000 millones de dólares en EEUU para trasladar la producción de modelos que hoy se ensamblan en Coahuila. La decisión no refleja una pérdida de competitividad de México en costos o capacidades, sino una reacción preventiva ante los aranceles de Trump. GM busca evitar penalizaciones y asegurar acceso al mercado de EEUU. Nissan, por su parte, anunció en abril el cierre parcial de líneas de producción del modelo Rogue en México, que serán trasladadas a su planta en Tennessee para protegerse de los aranceles. Así, la política comercial de Washington está reconfigurando cadenas de suministro sin necesidad de renegociar tratados.
El segundo anuncio provino de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que desde Santiago reportó que en 2024 México recibió 45,337 millones de dólares en inversión extranjera directa (IED), 47.9% más que en 2023. Pero el desglose revela un problema: el 71.3% fue reinversión de utilidades, es decir, dinero que ya estaba en el país. Solo el 15.8% correspondió a nueva inversión y el 12.9% a transferencias internas, esto es, movimientos contables entre filiales de las mismas empresas. El dato no confirma un auge del nearshoring, sino más bien la falta de llegada de nuevas empresas, que observan con cautela el entorno jurídico, energético y de seguridad mexicano.
Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó un dato positivo: la inflación bajó a 3.55% anual durante la primera quincena de julio, frente al 4.13% del mes anterior. Es un alivio para el consumidor, pero podría ser pasajero: cuando entren en vigor los aranceles de Trump a insumos extranjeros —como acero, aluminio, cobre o componentes asiáticos y europeos— que encarecerán productos fabricados en EEUU y exportados a México, los precios subirán, presionando de nuevo la inflación.
En conclusión, México no está perdiendo inversión por falta de mano de obra o altos costos, sino por decisiones políticas externas que reordenan el comercio y por debilidades internas que limitan su capacidad de respuesta. Mientras EEUU premia a Japón, castiga a México. Aquí, el gobierno celebra indicadores alentadores que, aunque importantes, podrían verse comprometidos si no se respaldan con una estrategia firme para atraer inversión nueva y defender el acceso al mercado estadounidense. El país debe enviar señales claras de certidumbre o quedará al margen del nuevo mapa global de producción.
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