Muchas veces he dicho que no trabajé nunca en el sector público, que nunca fui un burócrata. Pero la triste verdad es que sí trabajé para el gobierno hace muchos años, durante una vacaciones cuando estudiaba la preparatoria.
Mi padre, buscando que mi periodo vacacional fuera productivo, me mando a trabajar con un primo suyo quién era el subjefe de la oficina de Obras Suburbanas del entonces Gobierno del Distrito Federal.
El lugar de trabajo era un campamento ubicado en la avenida Francisco del Paso y Troncoso, a unas cuadras del viaducto Miguel Alemán. Durante un par de meses llegué todos los días a las siete de la mañana y ahí me quedaba todos los días hasta las dos de la tarde.
¿En qué consistió mi trabajo? En no hacer nada. Igual que los demás ahí sentados, porque nadie trabajaba en esa oficina. Todos veían pasar siete horas de su vida, día tras día.
Después de esa lamentable experiencia decidí que servir al Estado no era lo mío y dejé la chamba una vez que regresé a clases.
Años después mi tío me dijo que él le había comentado a mi papá que en ese campamento iba a perder mi tiempo, que quienes trabajaban eran los ingenieros, capataces y peones que de ahí se iban a pavimentar calles, reparar banquetas y otras obras. Pero mi padre insistió con su primo y por su culpa tal vez México perdió a quien hubiera sido un buen funcionario.
Ya en la Universidad decidí que yo quería ganar dinero para vivir sin problemas y que el mejor lugar para hacerlo, de manera honesta, era como empleado en una empresa privada. Y así lo hice. Después de concluir mis estudios profesionales y de postgrado trabajé como mercadólogo, publicista, investigador de opinión pública y vendedor en diversas empresas , unas propias otras no.
Hasta que en 1982, al ingresar al oficio periodístico, encontré lo que desde entonces es mi pasión y me olvidé de llegar a un ejecutivo de alto nivel.
Todo lo anterior viene al caso porque el martes pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que aquellos burócratas que no quieran ganar menos de lo que él pueden irse a trabajar al sector privado.
Y tiene razón Andrés Manuel. Quien quiera ganar un mejor salario que el que le ofrece un puesto burocrático que se vaya al sector privado, si es que lo contratan, porque la realidad es que muchas empresas prefieren no contratar a exfuncionarios que aparentemente aprendieron a realizar negocios chuecos aprovechando el poder que les daban sus cargos.
Los burócratas de nuestro país deben entender que son servidores públicos, que están para servir a quienes pagan los impuestos de donde provienen sus sueldos. Deben aceptar que es muy difícil que puedan ganar más que alguien que realice un trabajo similar en el sector privado. Deben ser burócratas siempre y cuando su vocación les diga que quien servir a la sociedad. Si eso no es el caso, que busquen trabajo en una empresa.
En este asunto apoyo totalmente al presidente de México. Ya habrá oportunidad de escribir sobre las cosas que no me parecen adecuadas, sensatas y viables.
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