Hoy hace nueve años murió de alcoholismo mi hijo Eduardo Ruiz-Healy Álvarez, un hombre brillante que, pese a su enfermedad, obtuvo en 2006 la maestría en Finanzas y Desarrollo Económico por la Universidad de Glasgow.
A principios de 1995, cuando tenía 22 años, Eduardo escribió, después de escuchar un discurso del entonces secretario de Hacienda Guillermo Ortiz Martínez, lo siguiente:
“Hoy por vez primera vi que mi país está enfermo. Ante ninguna otra crisis económica me había yo parado a reflexionar en que me afectaba, al cabo ese era un problema de adultos, de mi padre, donde yo pedía y él proporcionaba.
“Tristemente, hoy reflexioné sobre el problema cuando Guillermo Ortiz, Secretario de Hacienda, expuso por televisión la situación en la que se encuentra México. Al finalizar, lo primero que pasó por mi mente superficial y ligera fue: “La disco va a salir carísima, ¿de dónde voy a sacar dinero para seguir saliendo, y cuántas veces podré salir a la semana?”. ¡Qué asco!, no puedo creer que llegué a pensar esto por más de un segundo. Desafortunadamente, me doy cuenta de que no soy el único que piensa de esta manera; que nos falta conciencia de los que sucede y como ha de trascender esto en nuestras vidas. Caray, en menos de lo que dure este sexenio seremos los que tendremos familias, empleos, negocios y gente que dependa de nosotros para vivir.
“Somos privilegiados, tenemos juventud y educación en nuestras manos. Esto implica que podemos hacer un cambio, exigir y no perdonar a aquellos que causen algún daño injustificado a nuestro país. Es necesario que leamos, platiquemos, observemos, y finalmente analicemos, para poder estructurar una crítica tangible. Debemos rechazar las tentaciones e impurezas que las generaciones anteriores han dejado como una triste “costumbre” en esta cultura que tan solo hace 500 años se basaba en el honor de cada individuo para regir su vida. Si nuestra lucha es constante por hacer lo correcto y crear lo positivo, no cabe duda en mi mente que habrá grandes recompensas.
“¿Qué es de los de abajo? Si nosotros pensamos que la subida será difícil desde donde estamos parados, ¿cómo será para aquellos que no gozan ni con el sueño de estar en nuestra posición de privilegio? Ellos ni siquiera se encuentran parados; están de rodillas esperando poder comer mañana.
“Hoy me he puesto a pensar sólo para darme cuenta de lo ciego que he sido y como mi cáscara está a punto de podrirse, si no me lavo. El cambio es posible. Está en nuestras manos llevarlo a cabo y terminar con la mentalidad arcaica que tanto tiempo a podrido y dañado la bandera que con otro fin levantamos hace ya casi 200 años.”
Así pensaba Eduardo. Qué triste que no vivió lo suficiente para servir al país que tanto quería. Lo extrañaré siempre.
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