Las recesiones en EEUU han golpeado, siempre, a la economía mexicana. En 2001, el colapso de las empresas tecnológicas sobrevaloradas (la crisis de las punto-com) provocó una caída del 0.4% del PIB de México. En 2009, el colapso financiero de EEUU hundió al país con una contracción del 5.3%, la peor desde 1932. Hoy, la amenaza es similar: una recesión en EEUU, combinada con los aranceles de Donald Trump, podría arrastrar al país a un nuevo desplome.
Las proyecciones lo confirman. La OCDE estima que el PIB podría contraerse hasta 1.3%, Banamex proyecta un estancamiento total y Banco Base calcula una caída de hasta 4% si Trump aplica los aranceles por un año o más. Para EEUU, la Fed de Atlanta prevé una contracción del 1.8% en el PIB, Moody’s Analytics de hasta el 1% y Goldman Sachs de 1.5% a 2.5%.
Los efectos de estas crisis siempre han sido devastadores. En 2001, la recesión en EEUU afectó la demanda de exportaciones mexicanas y generó la pérdida de miles de empleos. La respuesta del gobierno fue tibia: austeridad en el gasto público y estabilidad macroeconómica, sin estímulos fiscales. Resultado: un crecimiento anual promedio de 2.3% durante el sexenio de Vicente Fox, insuficiente para una recuperación sólida.
En 2009, la crisis global impactó con más fuerza. Entonces hubo una reacción más agresiva: programas de estímulo fiscal, inversión en infraestructura y reducción de impuestos en la frontera. La recuperación llegó en 2010, pero el empleo formal tardó años en reponerse, la deuda pública aumentó significativamente y durante el sexenio de Felipe Calderón el PIB apenas creció en promedio 1.9% anual.
Con este panorama, hay tres escenarios posibles para 2025.
Escenario 1: Recesión moderada en EEUU, aranceles parciales o temporales (3-6 meses): México sufriría una contracción de 0.5% a 1.3%. Hasta 400,000 empleos formales desaparecerían y el peso oscilaría entre 21.50 y 22.50 por dólar.
Escenario 2: Recesión severa con guerra comercial prolongada: Si Trump mantiene los aranceles del 25% todo el año el PIB mexicano se hundiría de 2.4% a 4%, se perderían de 600,000 a 800,000 empleos y el peso se desplomaría hasta 23-25 por dólar.
Escenario 3: Estancamiento con recuperación parcial: Si EEUU crece apenas entre 0.5% y 1%, la presión empresarial obliga a Trump a retirar aranceles en 1-3 meses, México evitaría la crisis y crecería entre 0% y 0.8%, con pérdidas menores: 100,000 a 200,000 empleos formales y un dólar en 20.50-21.50.
Si se quiere evitar el peor de los escenarios, hay que aprender de la historia. No repetir la pasividad de 2001 ni confiar en que Trump cederá por presión de empresarios.
La lección es clara: cuando EEUU entra en recesión, México debe actuar rápido y la diferencia entre una crisis prolongada y una recuperación dependerá del gobierno. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum no acepta los riesgos públicamente, su equipo económico junto con los dirigentes del sector privado ya está diseñando estrategias para enfrentar cada escenario. Entre las que se contemplan están: la diversificación de mercados para productos mexicanos, la ampliación de créditos a Pymes, el fortalecimiento del consumo interno con incentivos selectivos y la protección del empleo formal para evitar una explosión de la informalidad.
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