Las balaceras que cada vez con mayor frecuencia se dan en Quintana Roo podrían poner en riesgo a la principal fuente de divisas que por concepto de turistas extranjeros tiene el país. Quienes lo duden que volteen sus ojos hacia el puerto de Acapulco, que durante décadas fue el principal destino turístico del mundo hasta que la irresponsabilidad de los gobiernos federal y guerrerense permitieron que decayera hasta llegar a ser lo que es hoy: una ciudad violenta e insegura en donde distintas bandas delincuenciales se disputan a balazos el control de las ciudad y sus sucios negocios, como son el secuestro, la extorsión, el narcotráfico, la prostitución y la trata de adultos y menores, entre tantos otros.
La inseguridad aún no es un problema grave en el estado que gobierna el ex priista Carlos Joaquín González, pero si él y el gobierno federal optan por ignorar lo que sucede y no toman las medidas necesarias para frenar a la delincuencia organizada que cada vez está más activa en territorio quintanarroense, la situación podría agravarse y llegar a niveles peligrosos.
De acuerdo al Centro Nacional de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación, las tasas delincuenciales o delitos cometidos por cada 100,000 habitantes en Quintana Roo son de las más bajas que se registran en el país.
En 2016 la tasa de homicidio doloso fue de 8.21, la mitad del promedio nacional de 17.0, pero superior a las tasas registradas en otros siete estados; la de Secuestro fue de 0.49, casi la mitad del promedio nacional de 0.92, pero superior a las que se registraron en otras 13 entidades; la de extorsión fue de 1.98, baja si se compara con el promedio nacional de 4.29, pero superior a las registradas en otros 10 estados.
¿De qué y porqué debe preocuparse Joaquín González? Pues de que la tasa de secuestro sea superior en Quintana Roo que la que de estados percibidos como peligrosos, entre ellos Chihuahua, Jalisco, Nayarit y Sinaloa. O que la tasa de extorsión sea superior a la que se registra para Chihuahua, Michoacán o Nayarit, también percibidos como inseguros. Y se debe preocupar porque de no enfrentar el problema dichas tasas podrían dispararse y poner en peligro al principal negocio de su estado, que es el turismo.
Hasta el 20 de marzo se habían cometido 30 homicidios en el estado, la mayoría de ellos en la Rivera Maya y Cancún.
¡Cuidado, Carlos Joaquín! Si no se le pone un alto al tráfico incontrolado de drogas y a la prostitución infantil, Quintana Roo quedará pronto en control de la delincuencia organizada.
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