Los dos cargos de elección más importantes que se elegirán el 1 de julio del año entrante, son, sin lugar a duda, el de presidente de la república y el de jefe de gobierno de la Ciudad de México.
Para competir en tan importantes elecciones el PRI (léase el presidente Enrique Peña Nieto) optó por lanzar como sus candidatos a dos individuos que nunca han ocupado un cargo de elección, que no son militantes de ese partido y que, de acuerdo con las poco confiables encuestas, son virtualmente desconocidos por los votantes.
José Antonio Meade, pese a haber sido cinco veces secretario de Estado durante las dos últimas administraciones federales, nunca ocupó el primer lugar en las preferencias de los votantes que fueron encuestados en múltiples ocasiones por las diferentes empresas que miden lo que opinamos los mexicanos.
De Mikel Arriola los habitantes de la Ciudad de México saben muy poco. Antes de su breve gestión al frente del Instituto Mexicano del Seguro Social (2016 a 2017) encabezó durante cinco años la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) y trabajó en Banrural, Financiera Rural y la Secretaría de Hacienda.
Lo que sí distingue a ambos candidatos son sus impecables credenciales académicas. Meade es licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en Economía por la Universidad de Yale, mientras que Arriola es licenciado en Derecho por la Universidad Anáhuac, maestro en Políticas Públicas por la London School of Economics and Political Science y maestro en derecho por la Universidad de Chicago.
En resumen, Peña Nieto eligió a dos individuos que tienen una excelente preparación académica, lo cual puede ayudar a que un gobernante se desempeñe con mayor eficiencia, pero, como la historia reciente de nuestro país lo demuestra, no garantiza que lo haga.
El presidente también los eligió por ser funcionarios con fama de honestos y eficientes, sin que aparentemente tengan cola que les pisen, algo que difícilmente pueden presumir muchos militantes distinguidos del PRI o de otros partidos.
El que sean virtualmente desconocidos puede ser una ventaja para ambos. Si son capaces, a través de una estrategia de mercadotecnia realmente creativa similar a la que utilizó Emmanuel Macron para ganar la presidencia de Francia, podrían posicionarse como opciones viables frente a sus adversarios que hoy son más conocidos. Peña Nieto ha dicho varias veces que una buena mercadotecnia puede generar una candidatura viable.
Por su excelente preparación académica, amplia experiencia administrativa y falta de militancia priista que pudiera desprestigiarlos automáticamente, Meade y Arriola son candidatos. Solo falta ahora que sean capaces de emular la extraordinaria y exitosa campaña electoral que en Francia realizó Macron.
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