Hace algunos años Aristóteles Sandoval fue calificado, junto con otros políticos de su generación, como uno de los nuevos valores del PRI.
Los otros que con él fueron así clasificados son los hoy desprestigiados exgobernadores de Chihuahua, Coahuila, Nayarit, Nuevo León, Quintana Roo y Quintana Roo – César Duarte, Humberto Moreira, Roberto Sandoval, Rodrigo Medina, Roberto Borge y Javier Duarte, respectivamente.
Estos siete pertenecen a una nueva generación de políticos priistas que, supuestamente, gobernarían con eficiencia, eficacia y probidad. Y todos bajo el liderazgo del más distinguido de todos ellos: el presidente Enrique Peña Nieto.
Desafortunadamente, ninguno de los antes mencionados resultaron ser mejores que los priistas que los antecedieron en sus cargos y sí, en la mayoría de los casos, bastante peores.
Hoy, a sus 44 años, Aristóteles Sandoval está a unas cuantas semanas de convertirse en exgobernador de Jalisco. Su sucesor, Enrique Alfaro, un expriista que ganó la elección del 1 de julio pasado como candidato de MC, partido del cual se desligó tan pronto obtuvo la victoria, recibirá un gobierno cuyas principales características son el desorden y la corrupción.
La corrupción que impera en el estado es de tal magnitud que el 91.7% de los jaliscienses mayores de 18 años afirma que los actos de corrupción son frecuentes o muy frecuentes. Lo anterior de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que busca conocer la experiencia de las personas en lo que toca a sus trámites, pagos, servicios públicos y contacto con las autoridades.
El desorden de la administración de Sandoval se observa en todas las áreas de su administración. El ejemplo más reciente es el de los 400 cadáveres humanos que el gobierno ha amontonado y abandonado dentro de tráileres refrigerados que no se han mantenido operando continuamente, lo que ha permitido la descomposición de la mayoría de ellos.
Un gobierno que no es capaz de asegurar la conservación de cientos de cadáveres de personas cuya identidad se desconoce y no han sido reclamadas por alguien definitivamente está integrado por funcionarios que no sienten el menor respeto a la dignidad humana, la cual debe demostrarse no solo hacia los vivos sino hacia los muertos.
Ninguna razón que den Sandoval y sus subordinados es suficiente para explicar este acto de barbarismo y violación crasa de los derechos humanos de cada uno de los muertos. Lo que ha ocurrido solo tiene una explicación: a los funcionarios de Jalisco no les importa servir a la sociedad sino servirse a sí mismos. Si así descuidaron este asunto no es difícil imaginar como descuidaron otros, aún más importantes.
No hay que ser un genio para explicar porqué perdió Jalisco el PRI. Entre otras cosas, por omisiones y estupideces que podrían haberse prevenido si hubiera existido el menor interés en gobernar bien.
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