Ahora resulta que el presidente estadounidense Donald Trump admira al presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Por lo menos eso es lo que algunos deducen después de escuchar y leer los aduladores comentarios verbales y vía Twitter que el primero ha hecho sobre el segundo. También, por algunas frases que contiene la carta que el estadounidense le envió hace unos días al mexicano, en la que le dice estar de acuerdo “con las cuatro prioridades que ha identificado: comercio, migración, desarrollo y seguridad” y le informa que su “equipo ha trabajado duro durante los últimos 18 meses para aumentar la cooperación con México en estas áreas. Les he ordenado que redoblen sus esfuerzos con su equipo”.
Sin embargo, después de expresar que está totalmente de acuerdo con Andrés Manuel y decirle que apoya una renegociación exitosa del TLCAN, le advierte que si dicha renegociación no se concluye rápidamente “tendré que elegir un camino muy distinto al presente. Lo anterior no es de mi preferencia, pero sería mucho más redituable para los Estados Unidos y sus contribuyentes”. O sea, como yo lo interpreto, el presidente gringo está amenazando: “o se concluye la renegociación como yo la quiero o la doy por concluida, como realmente deseo hacerlo, para luego negociar un nuevo acuerdo bilateral”.
No nos engañemos: Trump solo trabaja para él mismo y sus socios y todas sus decisiones tienen un solo objetivo: satisfacer y hacer crecer su base electoral con vistas a la elección presidencial de 2020. Y también sabe que el mexicano ni lo quiere ni lo admira y menos lo respeta.
Recordemos que AMLO, al referirse a estadounidense en un discurso que pronunció en Los Ángeles, California, el 12 de febrero de 2017, dijo: “A Donald Trump y al grupo que lo asesora les ha dado resultado azuzar a integrantes de ciertos estratos de la sociedad estadounidense en contra de los inmigrantes y, en particular, los de nacionalidad mexicana. El discurso de odio y la cizaña en contra de los extranjeros, les permitió ganar la presidencia y suponen que van a mantenerse y reelegirse en el gobierno alimentando el odio de unos sectores contra otros”. Trump también ha de estar enterado que el tabasqueño lo calificó como una persona “errática y arrogante”.
Y muchos menos ha de ignorar que el hombre que López Obrador ha decidido que sea su próximo secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, presumió en su momento que era asesor en el equipo de campaña de la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton, de quien Trump se refiere como Crooked Hillary (Hillary La Chueca), aludiendo a supuestos actos corruptos de ésta.
De entrada aceptemos que, pese a las lindas palabras, no habrá nunca una buena relación entre el actual presidente de Estados Unidos y el próximo presidente de México, lo cual dificultará aún más la de por sí complicada relación bilateral.
Preparémonos para enfrentar tiempos más difíciles.
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