El 11 de diciembre de 2006, mediante el Operativo Conjunto Michoacán, el flamante presidente Felipe Calderón envió a 6,500 soldados a su estado natal para tratar de detener la violencia generada por el enfrentamiento entre el Cártel de Sinaloa y la Familia Michoacana.
Se inició así la denominada Guerra contra las Drogas que ayer cumplió 11 años y dos meses de duración sin que hasta ahora haya indicio alguno de que se está ganando o de que vaya a culminar pronto.
Después de 4080 días de balazos entre las fuerzas gubernamentales y las de la delincuencia organizada la sociedad está convencida de que está perdida la guerra que Calderón inició sin consultar a nadie y menos con la autorización de los mexicanos.
Al presidente Enrique Peña Nieto le ha tocado encabezar la guerra durante 1899 días de esos 4080 y seguirá dirigiéndola durante los 293 que faltan para que concluya su administración.
Y así como Calderón fracasó en su guerra, Peña también fue incapaz de encontrar una solución al problema a que le heredó su antecesor. La realidad demuestra que nunca se diseñó y puso en acción una nueva estrategia para derrotar a la delincuencia organizada y que durante el actual gobierno solo se siguió la que con el panista fracasó rotundamente.
El saldo de la guerra es terrible. 102,940 asesinatos dolosos durante el gobierno de Calderón más 98,120 en lo que va del de Peña. En total 201,060 hombres, mujeres y niños muertos, la mayoría de ellos por la violencia que desató una acción armada que el gobierno no estaba preparado para enfrentar exitosamente. A estos hay que añadir los que morirán en 2018 y los años subsecuentes.
Hasta ahora, ninguno de los tres candidatos a la presidencia de la república que tienen posibilidades de ganar la elección del 1 de julio ha sido capaz de explicar cómo piensa derrotar a la delincuencia organizada y ya no solo a los cárteles del narco. Porque además de los poderosos narcotraficantes nuestro país también es víctima de organizaciones criminales dedicadas al secuestro, la extorsión, la trata de personas, la pornografía y prostitución infantil y muchas otras especialidades que realizan con la mayor de las impunidades.
Andrés Manuel López Obrador, de Morena-PT-PES, propuso amnistiar a los delincuentes, menos a los secuestradores y violadores.
Ricardo Anaya, del PAN-PRD-MC, dice que la solución es usar más inteligencia y menos balas.
José Antonio Meade, del PRI-PVEM-PANAL, afirma que hay que pegarle a la delincuencia organizada en donde más le duele, que es en el dinero y en las armas.
La propuesta de AMLO es una locura y las de sus adversarios solo demuestran que no tienen la menor idea de lo que debe hacerse.
En resumen: todo indica que la guerra contra las drogas seguirá indefinidamente pese a los muertos y daños que genere.
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