A la mayoría de las personas les encanta la idea de que el próximo gobierno someta a una consulta popular el destino del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), obra que ya está en proceso en Texcoco, Estado de México, y que desde que fue anunciada por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto fue satanizada por el entonces aspirante presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien la calificó de faraónica y demasiado costosa para un país que, según él, está en la bancarrota. Para quienes apoyan la idea, el hecho de que AMLO decida el futuro del aeropuerto con base en la opinión popular es el mejor ejemplo de una democracia participativa, en donde las decisiones de los funcionarios se basan en lo que la mayoría ordena.
Durante su exitosa campaña electoral AMLO prometió cancelar el proyecto del NAICM, sin importar los recursos económicos y materiales que hasta el momento se le hayan invertido. En vez del nuevo aeropuerto propuso modernizar el actual y adecuar para uso comercial la Base Aérea No. 1, en Santa Lucía, Tecámac, Estado de México. Este proyecto lo promueve el Grupo Riobóo, exitosa empresa constructora que construyó Segundo Piso del Periférico cuando López Obrador fue jefe de gobierno del DF.
Ya como presidente electo y ante el hecho de que al país le costaría mucho dinero suprimir el proyecto, anunció que la decisión de seguir adelante o no con la construcción en Texcoco se tomará después de que por medio de una encuesta los mexicanos digan si están a favor en contra del proyecto.
La anunciada encuesta se realizará a pesar de que expertos en la materia aeroportuaria, tanto nacionales como extranjeros, han asegurado que la mejor de las opciones es la de Texcoco. Entre ellas Mitre Corporation, empresa sin fines de lucro que, entre otros asuntos, asesora a la Administración Federal de Aviación del inglés Federal Aviation Administration o FAA) estadounidense en todos los temas que tienen que ver con la aviación civil y que es reconocida como la principal autoridad del mundo en la materia; el Colegio de Ingenieros Civiles de México, que reúne a los profesionales en la materia; y la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (del inglés International Air Transport Association o IATA), que reúne a 265 aerolíneas del mundo que transportan al 94% de los pasajeros internacionales y cuyos objetivos son, entre otros promover la seguridad, fiabilidad y confianza en el transporte aéreo.
Es obvio que una encuesta y lo que el público crea o sienta en torno al NAICM no debería ser el método para decidir el futuro de la obra. La complejidad del tema hace que sea virtualmente imposible que los que somos ignorantes en la materia podamos emitir una opinión bien informada. Para eso están los expertos y Andrés Manuel y todos los mexicanos deberíamos confiar en ellos.
Hay temas que sí pueden someterse a una consulta popular, hay otros que no.
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